Misión Artemis II
Christina Koch, la primera mujer en viajar a la Luna: "A mi yo de 20 años le diría que todo es más divertido con un equipo"
¿Por qué es importante? Koch integra el grupo de cuatro astronautas de la NASA que salen, en la Misión Artemis II, a la Luna por primera vez en más de medio siglo. Es la primera mujer en hacerlo.
Christina Koch nació en Grand Rapids (Michigan), creció en Jacksonville (Carolina del Norte) y vivía en Livingston (Montana) cuando la NASA llamó a su puerta. Crecer pasando los veranos en la granja de su familia la ayudó a desarrollar su pasión por el trabajo duro y los desafíos. Le gusta el surf, la escalada, correr, el yoga, el senderismo, la fotografía, los viajes y ayudar a los demás. Y, además, será la primera mujer en viajar a la Luna, como parte del equipo de la misión Artemis II, que este jueves comenzará su viaje hacia la cara oculta del satélite natural de la Tierra.
No pisará la Luna, pero sí la orbitará. "De niña, me encantaba todo aquello que me hacía sentir pequeña", aseguraba en una entrevista con la revista 'World Woman News'. A Koch le gustaba todo lo que la hiciera reflexionar sobre "la inmensidad del universo", su papel en él "y todo lo que hay por explorar". Abría revistas de viaje, arrancaba las páginas de lugares lejanos y las pegaba en las paredes de su habitación.
La estadounidense cursó la secundaria en una escuela científica de Durham (Carolina del Norte) y después en White Oak (Jacksonville), se licenció en Ingeniería eléctrica y física e hizo un máster en ingeniería eléctrica en la Universidad Estatal de Carolina del Norte en Raleigh. También estudió en una universidad de Ghana y acabó recibiendo un doctorado honoris causa en la misma universidad donde se licenció.
Se introdujo en el desarrollo de instrumentos para ciencias espaciales y en la ingeniería de campo en entornos remotos, hasta que llegó a la NASA como ingeniera eléctrica en el Centro de Vuelo Espacial Goddard. Nadie le dijo que de recortar fotografías de la Antártida pasaría a convertirse en investigadora asociada del Programa Antártico de Estados Unido, llegando a pasar un tiempo en la estación Admunsen-Scott, el lugar más meridional del planeta, y en la base Palmer, en la isla Anvers, la única permanente de Estados Unidos al norte del círculo polar antártico y llegó también a trabajar para la NOAA (Administración Nacional Oceánica y Atmosférica), en bases remotas como la de Utqiagvik (Alaska).
En 2001, participó como ingeniera eléctrica en el programa de la Academia de la NASA y en 2013, llegó el gran momento: fue seleccionada como una de los ocho miembros de la 21.ª promoción de astronautas, completando su entrenamiento como astronauta dos años después. "La NASA lanzó una convocatoria para astronautas. Repasé todo lo que había hecho y pensé: 'Sí, voy a presentar mi candidatura y ver si puedo aportar algo a ese equipo'. Y tuve muchísima suerte de ser seleccionada y lograr algo que jamás pensé que conseguiría", asegura.
Su primer vuelo espacial tuvo lugar en 2018, una misión de larga duración en la Estación Espacial Internacional (EEI). "Sigo aprendiendo, día a día, cómo vivir en el espacio casi un año puede afectar a la vida", sostiene, más de dos años después de su regreso a la Tierra. "Al volver, se producen muchos cambios físicos, ya que el cuerpo humano se adapta a la microgravedad de maneras fascinantes. Pero también hay cambios personales en el espacio, y algunos de ellos han sido duraderos para mí", añade. Junto a Jessica Meir, completó el primer paseo espacial íntegramente femenino, un viaje para reemplazar un control de carga de baterías solares en la EEI. Después, se convirtió en jefa de la División de Tripulación Asignada en la oficina de Astronautas.
Ahora, asegura, se toma "la vida más en serio". "Creo que es resultado de haber vivido tanto tiempo con la vida de mis compañeros en mis manos, y de haber tenido que permanecer alerta durante tanto tiempo", reflexiona. Es un privilegio llevar "los sueños de todos al espacio", pero también, asegura, una "responsabilidad". Koch anima a otras mujeres a perseguir sus sueños, porque sentir que son inalcanzables es algo que tienen en común "todos los que han logrado algo grande". Y aunque se mantiene positiva, también intenta recordarle a la gente que "a veces, el fracaso es una opción".
¿Qué consejo le daría a la Christina Koch de joven? Lo tiene claro: "Cuando pienso en mi yo más joven, veo a alguien tan ambiciosa y con tanta motivación individual, casi hasta el punto de no buscar los beneficios de formar equipos o unirse a grupos para ser parte de algo más grande. Estaba muy centrada en hacer las cosas por mi cuenta; en la satisfacción que me producía la perseverancia y demostrar que podía trabajar duro para lograr algo", explica.
"Creo que le diría a mi yo de 20 años que es más divertido tener un equipo a tu alrededor, y que el trabajo en equipo es una habilidad tan importante como el esfuerzo individual. Se puede llegar mucho más lejos cuando se forma un equipo de personas que hacen lo que les apasiona". Ahora, de la mano de Victor Glover, Jeremy Hansen y Reid Wiseman, el siguiente paso es viajar a la Luna.
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