El valor de la ciencia en España

La precariedad tras las vacunas españolas del COVID: científicos eventuales o jubilados para salvarnos de más epidemias

El tejido investigador en nuestro país está en las mínimas. Nuestros fármacos avanzan y se desarrollan a la velocidad dictada por los exiguos recursos y la fragilidad de los contratos temporales. Sus tres líderes se jubilan y, con ellos, lo hará gran parte de los investigadores españoles en los próximos años.

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Entre las paredes del CSIC se está cociendo el futuro. Ya no se trata sólo de nuestro día a día, con la mirada puesta en los tres proyectos de vacunas contra el COVID con sello español llamados a combatir la pandemia, sino también del devenir de la ciencia en nuestro país. Y el panorama es precario.

La ciencia está en los huesos en España. Y los tres grupos de investigación de los sueros para combatir el coronavirus así lo reflejan: son equipos liderados por figuras eméritas (ya jubiladas) con un equipo de investigadores con contratos temporales en su mayoría, inestables, que no tienen rango suficiente para poder sucederles.

No es algo anecdótico: el tejido investigador en nuestro país está en las mínimas. Y las tres posibles vacunas españolas, estudiadas y apoyadas por el CSIC (el Consejo Superior de Investigaciones Científicas) avanzan y se desarrollan a la velocidad dictada por los exiguos recursos y la fragilidad de los contratos temporales.

Jubilados y eventuales, sin término medio

Son tres las eminencias científicas que dirigen los grupos de investigación para dar con diversas vacunas contra el virus SARS-CoV-2. Mariano Esteban, Vicente Larraga y Luis Enjuanes. Tres investigadores de reconocido prestigio… y ya jubilados. Porque Esteban tiene 76 años; Larraga, 72, y Enjuanes, 76.

Mariano Esteban tiene 76 años; Vicente Larraga, 72, y Luis Enjuanes, 76.

Ellos son lo que se conoce como personal emérito, ‘ad honorem’. Esto es: personal ya jubilado que, siendo Doctores, pueden seguir vinculados a la institución. Fue una figura creada en los años 90 en nuestro país para poder sobrevivir y competir en el escenario científico mundial. La falta de recursos, de plazas nuevas y la poca apuesta estatal hicieron que, ya desde la década de los 80, hubiera que recurrir a investigadores senior para mantener el nivel gracias a sus cualidades, investigaciones y experiencia.

Pero junto a ellos están sus segundos de abordo: investigadores que, en pleno apogeo de su vida laboral y científica están sacando adelante los proyectos de vacuna, codirigiendo los sueros españoles para luchar contra el COVID… y sin plaza fija. Es el caso, por ejemplo, de Sonia Zúñiga (en el proyecto de Enjuanes). Ella es la número dos, la figura senior del equipo, con una dilatada experiencia. Dirigiendo tesis doctorales, sí, aunque con un contrato temporal, puntualizan fuentes del sector en charla con laSexta.

Las tres vacunas españolas

La precaria fórmula se repite en los tres proyectos de vacunas españolas. Gestadas en el CSIC, el fármaco que está más adelantado es el de la investigación de los virólogos Mariano Esteban-Juan García Arriaza, denominada CSIC-Biofabri, desde el Centro Nacional de Biotecnología (CNB). Los otros prototipos son los dirigidos por los virólogos Luis Enjuanes, Isabel Sola y Sonia Zúñiga, también en el CNB, y el que dirige el parasitólogo Vicente Larraga, del Centro de Investigaciones Biológicas Margarita Salas (CIB-CSIC).

El proyecto de vacuna de Enjuanes y Sola desarrolla un virión [un virus completo, pero sin la célula huésped que lo aloja] sintético al que se le han eliminado su virulencia (su capacidad de transmitirse) mediante ingeniería genética. Se trata de una copia sintética casi completa del SARS-CoV-2. Tiene características del virus, pero no es transmisible de célula a célula, de modo que entra en las células, pero no sale de ellas. Este virión sintético tiene las mismas proteínas que el virus real, por lo que genera una respuesta inmunitaria potente. Este proyecto podría entrar en fases clínicas a finales de año y la vacuna se aplicaría mediante un spray.

La vacuna más adelantada es la de los virólogos Mariano Esteban-Juan García Arriaza, denominada CSIC-Biofabri

El proyecto de Mariano Esteban y Juan García Arriaza, denominado CSIC-Biofabri, consiste en utilizar como vehículo un virus inactivado de la familia de la viruela para introducir la proteína spike del SARS-CoV-2, que es la que permite que el virus entre en las células. Así, se logra inmunizar a las personas para que generen anticuerpos contra esa proteína. Este prototipo ha mostrado una eficacia del 100% en ratones y podría entrar en fases clínicas hacia la primavera. La compañía biotecnológica española Biofabri, del grupo Zendal, está desarrollando el prototipo para sus futuras pruebas en voluntarios sanos.

Finalmente, el proyecto de vacuna de Vicente Larraga consiste en colocar un gen de un antígeno del SARS-CoV-2 en un vehículo sintético de ADN (un plásmido) que pueda ser introducido en el organismo del paciente e inducir la protección frente a la infección. Este proyecto se encuentra en fases preclínicas en modelos animales y podría entrar en fases clínicas pronto.

"Estamos en cuadro"

Con las investigaciones delante, el CSIC era consciente de la precariedad e inestabilidad dentro de la institución. "Las vacunas españolas han sufrido porque la investigación no se improvisa, hace falta dinero", afirma en conversación con laSexta Margarita del Val, viróloga del CSIC experta en vacunas, coordinadora y portavoz de la plataforma Salud Global.

En el Laboratorio de Coronavirus, sólo hay una investigadora fija, de las 14 personas que lo integran, y dos técnicos

Las personas que están detrás de las vacunas ven cómo su horizonte vital no puede ser más inestable. Porque, a excepción de Isabel Sola, ningún otro tenía plaza fija en el CSIC. En el Laboratorio de Coronavirus del Centro Nacional de Biotecnología, ella es la única que cuenta con puesto fijo de investigadora, de las 14 personas que trabajan en esta división especializada, junto con dos técnicos. El resto, temporales.

Parches para la carrera científica

Con las jubilaciones de Larraga, Enjuanes y Esteban existía el peligro de que dos de las investigaciones de las vacunas cayeran en saco roto. La mano derecha de Enjuanes, Isabel Sola, era la única que contaba con una plaza estable, porque sí se había presentado competitivamente, y podía hacerse cargo. Los otros dos proyectos, no. "Obtiene la plaza la persona con más calidad, como una oposición. La ciencia es muy elitista porque se intenta que el mejor o la mejor sea el que tire para adelante", explican fuentes del CSIC.

El primer paso para ser investigador es hacer la tesis doctoral y formarse en varios laboratorios. Después, realizar la postesis

La carrera científica en nuestro país es, desde el principio, una lucha de los mejores contra los mejores. El primer paso para ser investigador es hacer la tesis doctoral y formarse en varios laboratorios. Después, realizar la postesis. "La ciencia es internacional y las interacciones son muy intensas y buenas para luego hacer colaboraciones. En nuestro oficio la movilidad es alta durante los primeros 10 años. Y después, también", insisten fuentes científicas, consultadas por esta cadena. "En algún momento uno va clarificando cuál es su potencial: uno decide establecerse en un grupo de investigación muy grande y otros, como independiente".

Pero, cuando los eméritos ya no están, el liderazgo de las investigaciones, regidas por las categorías adquiridas según los concursos de plazas que se han ido ofertando, queda en el aire. El grupo de investigación cae si no hay líder acreditado con el rango oficial. Y, en la última década en nuestro país, han sido pocas las convocatorias para ascender. Muy pocas. "La ciencia es muy elitista porque se intenta que el mejor o la mejor sea el que tire para adelante. Y entonces surge una emergencia como ésta [la del COVID] y estamos en cuadro. Ahora, por ejemplo, se marcha Vicente Larraga y no queda nadie que pueda liderar", añade Margarita del Val.

"Ha sido muy difícil que hicieran posdoctorales: algunas personas no han visto posibilidad de estabilizarse por no poder irse fuera y no optar a las pocas plazas que salen"

Margarita del Val

En el grupo de Larraga hay personas que no tienen la categoría adecuada (sí son estables, pero son técnicos o titulados superiores) que no pueden liderar, al no haber salido suficientes plazas para categoría superior. En el caso de Mariano Esteban, que también decide colgar la bata en el CSIC, al haber estado siempre contratado su segundo de abordo, Juan García Arriaza, éste no se ha ido fuera a otros laboratorios y no ha adquirido la categoría. En ese caso, por ejemplo, se ha solucionado con un contrato indefinido, aunque no ha conseguido la plaza.

"Ambas cosas son parches. No hay que hacerlo a dedo, hay que sacar convocatorias competitivas", resume del Val. El cuello de botella se produce, a sus ojos, porque "ha sido muy difícil que hicieran posdoctorales: algunas personas no han visto posibilidad de estabilizarse por no poder irse fuera y no optar a las pocas plazas que salen".

El CSIC, séptimo en el mundo, pero precario

"La ciencia en España es precaria por financiación, y en cuanto se pone más financiación, florece inmediatamente la calidad de la ciencia. Y la ciencia no puede ser una subvención, que es lo que es ahora. Debe ser una inversión", sintetiza Margarita del Val. "Debe estar de una manera estable en los Presupuestos Generales del Estado, al igual que las pensiones, como un Pacto de Estado. Esto no lo hay. Desde el año 2009 la ciencia ha ido decayendo, y hemos estado viviendo de lo que teníamos ahorrado".

De ahí, la situación generada en el CSIC (aunque no únicamente). El Consejo Superior de Investigaciones Científicas es la agencia científica más reputada de nuestro país, y una de las más punteras a nivel europeo y global. De hecho, es la séptima institución pública de investigación mundial.

Hay que tener estabilidad para poder hacer la tesis, posdoctorales, dentro y fuera de España, y tener la posibilidad de regresar si así lo quieres

"Hace falta estabilidad", remarca del Val. "¿Eso implica que me den un puesto fijo? No. Es necesaria la estabilidad de horizontes, de convocatorias: que se sepa que, si vas siendo un buen científico, tienes una perspectiva de hacer la tesis, posdoctorales, dentro y fuera de España, posibilidad de volver a España si así lo quieres, de continuar tu carrera promocionándote. Es una estabilidad de horizonte, pero que en la ciencia, que es un trabajo de maratón, hace más falta".

Esa estabilidad, por ejemplo, es necesaria para mantener un grupo de investigación, como cualquiera de los tres que está desarrollando las vacunas españolas. "Para que haya un grupo estable para que no se interrumpa la posibilidad de financiar un proyecto de calidad, y que las personas que has formados a día X se quedan colgadas", suspira la portavoz de Salud Global. "Es un rompepiernas para los proyectos de investigación. Nos impacta en continuar con los animales de experimentación, con el personal, y con los proyectos".

La reforma de Duque

Paliar esta precariedad es algo que se encuentra dentro de la agenda del actual Ministerio de Ciencia, encabezado por Pedro Duque. De hecho, en el recién presentado anteproyecto de la nueva Ley de Ciencia, que reformará la legislación vigente desde hace una década en nuestro país (desde lo peor de la anterior crisis económica), se han introducido nuevas figuras, nuevos mecanismos, para tratar de asentar la posición de los científicos de nuestro país. Es lo que se conoce como tenure-track.

A día de hoy, existen tres rangos dentro de la figura del funcionario investigador. De menos a más, el empleado público puede ser científico titular, investigador científico y profesor de investigación. El tenure-track vendría a sustituir a la escala más baja, la de científico titular.

Duque acaba de presentar el anteproyecto de la nueva Ley de Ciencia, que reformará la legislación vigente desde hace una década en nuestro país

A ojos del ministerio, estos nuevos contratos vienen a ayudar a "primar la excelencia" y contribuir a establecer un horizonte de estabilidad laboral. Un tenure-track es un sistema para que el investigador que obtenga este contrato, siendo ya Doctor, consiga una plaza fija en cuatro años, siempre y cuando apruebe dos exámenes, uno dentro de su institución y otro gestionado por una entidad independiente. Y no sería con efecto retroactivo: quien ya sea científico titular, lo seguirá siendo.

Jubilación masiva en los próximos años

Esto no ha gustado a los sindicatos. Aseguran que se perpetúa la precariedad, a sus ojos, y, tal y como está planteada por el Ministerio, no garantiza que el puesto sea fijo tras la reválida independiente porque la plaza estaría supeditada a la oferta de empleo público, algo sobre lo que no ha habido ningún compromiso del Gobierno. Desde Ciencia afirman, en conversación con laSexta, que con esta figura "pretendemos atraer y retener ese talento". "Es una figura internacional y entendemos que es lo mejor ahora para el relevo generacional que va a venir", admiten desde el gabinete de Duque.

El problema no es ya sólo de las investigaciones de las vacunas, sino que, si nos retrotraemos al año 86, cuando se aprobó la primera ley de ciencia y fue cuando entraron los primeros científicos en el sistema público, la jubilación va a ser masiva en los próximos años.

"Lógicamente, lo que no se ha podido es arreglar lo que viene de diez años de disminuciones presupuestarias y de problemas en la ciencia"

Fuentes del Ministerio de Ciencia

El Ministerio sostiene que, desde que Duque llegó a la titularidad de la cartera, se ha apoyado la institución desde el primer momento, no sólo con fondos y simplificación de procesos administrativos, sino por la estabilización de medio centenar de plazas en el CSIC. "Lógicamente, lo que no se ha podido es arreglar lo que viene de diez años de disminuciones presupuestarias y de problemas en la ciencia", sonríen desde el entorno del ministro.

Pero, por ejemplo, el Ministerio sí que va a meter mano en la formación posdoctoral. Actualmente, hay tres tipos de programas para los científicos españoles. Y dos de ellos, los Juan de la Cierva y los Ramón y Cajal "se van a mejorar", confirman desde Ciencia a laSexta.

"Parches" para luchar contra las epidemias del futuro

Fuentes del sector consultadas por esta cadena piensan que por ahí debe ir la solución, pero que de momento se soluciona con "parches". Algo con lo que concuerda Margarita del Val: "Debemos ser competitivos porque, además, las enfermedades infecciosas nos van a volver a golpear, en Oriente están surgiendo epidemias muy potentes cada par de años".

"Han tenido una epidemia de gripe que viene de las aves, con una mortalidad del 40%, cuando la de este virus, el SARS-CoV-2 es del 1%", alerta la viróloga. "Esto nos parte por la mitad a la población del planeta. Afortunadamente se transmite poco", tranquiliza. "Pero esto nos lleva a estar preparados: las infecciosas las habíamos olvidado, pero aquí están". Está por ver si la precariedad en nuestra ciencia también sale del olvido.

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