Según el astrónomo José Ángel Docobo

Por qué es importante registrar un eclipse solar como el de agosto aunque "ya no tiene aquel interés científico"

Este verano tiene lugar un acontecimiento histórico: la península ibérica vivirá su primer eclipse solar parcial visible en más de un siglo. Miles de personas han organizado sus vacaciones en torno a este evento.

El coordinador científico del Observatorio Ramón María Aller, José Ángel Docobo, de la Universidad de Santiago de Compostela (USC)EFE/ Xurxo Martínez

Miles de personas han organizado sus vacaciones de verano en torno al eclipse solar de agosto, disparando los precios de los alquileres turísticos y llevando a los hoteles a alcanzar el 100% de ocupación en muchos puntos del país. Son muchos los que eligen con cuidado el mejor lugar desde el que observar este fenómeno, para poder instalarse allí la segunda semana del mes por antonomasia de vacaciones de los españoles y disfrutar de un acontecimiento histórico.

El turismo de eclipses es un fenómeno relativamente actual, pero lo cierto es que el registro de este tipo de eventos ha servido, a lo largo de los siglos, como motor de conocimiento: los eclipses han servido a la comunidad científica para profundizar en el entendimiento del Sol, probar la teoría de la relatividad o descubrir un nuevo elemento. Pero a día de hoy, los interesados en el eclipse son más las personas sin interés científico.

Tiene sentido, porque aunque siempre es interesante "registrar un eclipse", "ya no tiene aquel interés científico que tenía décadas atrás, donde había que esperar a que hubiera un eclipse total para estudiar la cromosfera solar", según ha explicado a la agencia EFE el coordinador científico del Observatorio Ramón María Aller, José Ángel Docobo, de la Universidad de Santiago de Compostela (USC).

La cromosfera, como se denomina a la parte externa del Sol, es difícil de ver en condiciones normales pero se hace más visible cuando la luna se coloca delante durante un eclipse y bloquea la luz, por lo que hace décadas se aprovechaban estos fenómenos para su observación. El avance de la instrumentación astronómica ha permitido tener un alto conocimiento de la cromosfera en la actualidad e incluso se pueden simular eclipses para facilitar su estudio. Y en 1995, se lanzó la sonda espacial SOHO, que está observando continuamente el Sol, recuerda Docobo.

"Saber en cada momento cómo está el Sol, cómo late y su actividad" es vital porque "nuestra vida depende de él", señala el también catedrático emérito de Astronomía. Por ejemplo, en función del viento solar y de si hay alguna eyección de masa, se puede predecir con dos o tres días de antelación si va a haber una tormenta solar que pueda afectar a los sistemas de comunicaciones, asegura.

Los eclipses, fuente de descubrimientos

Los astrónomos griegos ya utilizaron los eclipses para estudiar el universo, como hizo Aristarco de Samos (que vivió en torno a los años 310 y 230 a. C.). Observando estos fenómenos, analizó las distancias y tamaños del Sol y la Luna y fue el primero que sugirió que la Tierra giraba alrededor del Sol y no al revés.

Hay aportaciones científicas muy relevantes más recientes. Docobo destaca la ocurrida en 1919, cuando Albert Einstein, que había propuesto años antes su teoría de la relatividad, logró probarla durante un eclipse de Sol. "Se vio efectivamente que la gravitación producida por la masa solar era capaz de desviar la luz cuando pasaba cerca de él, y una estrella que estaba detrás del Sol se pudo ver porque el camino óptico fue desviado", detalla el astrónomo.

En 1986, el francés Pierre Jules Janssen observó durante un eclipse una línea espectral en la luz solar que le permitió registrar un nuevo elemento químico, al que bautizó como 'helio', en honor al dios griego del Sol.

Divulgación científica

En la actualidad, los eclipses sirven asimismo para impulsar la divulgación científica sobre los fenómenos astronómicos y el de este 12 de agosto será una "oportunidad única". "Habrá muchísimos lugares donde se hagan sesiones públicas de observación", declara el coordinador del observatorio compostelano.

Este centro va a organizar una observación conjunta en los municipios de Ribadeo (Lugo), el lugar de Galicia donde el eclipse durará más, en torno a 1:45 minutos, y Lalín (Pontevedra), donde se sitúa un monumento megalítico llamado el Altar del Sol. Allí se colocarán pantallas gigantes para que la población pueda ver simultáneamente cómo avanza el eclipse en ambas localizaciones, con el comentario científico de Docobo.

El trío de eclipses previsto en España en 2026, 2027 y 2028 y otros fenómenos como el eclipse de luna el próximo 28 de agosto, que será "casi total", podrán contribuir a generar conocimiento científico en el futuro de una manera simple: despertando vocaciones entre los más jóvenes. "Son tantos eclipses de repente, que si ahora no se despiertan vocaciones astronómicas... Aunque asociamos la astronomía con la observación nocturna, a veces ocurren fenómenos como este, a pleno día, que inducen a que la gente se interese", concluye Docobo.

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