Estado del bienestar
Libros cerrados: historias de novela que sus protagonistas no podrían disfrutar porque (todavía) no saben leer
Las cifras En España hay 108.650 personas mayores de 15 años que no saben leer. De ellas, 60.074 son mujeres mayores de 64 años: casi 4,5 veces más que los hombres en esa franja de edad que están en la misma situación.
Resumen IA supervisado
En España, 108.650 personas mayores de 15 años no saben leer, siendo las mujeres mayores de 64 años las más afectadas. Muchas de ellas dejaron la escuela para trabajar o cuidar de sus familias. Historias como la de Antonia, quien a los 59 años obtuvo su carné de conducir gracias a un sistema de audio, reflejan el deseo de independencia y libertad. En Badajoz, mujeres como María Jesús, que dejó la escuela a los diez años, ahora aprenden a leer. En las cárceles, programas de alfabetización ofrecen segundas oportunidades, como la de Ana Barrul, quien descubrió su amor por la lectura tras ingresar en prisión.
* Resumen supervisado por periodistas.
En España hay 108.650 personas mayores de 15 años que no saben leer. De ellas, 60.074 son mujeres mayores de 64 años: casi 4,5 veces más que los hombres en esa franja de edad que están en la misma situación. Cuando preguntamos, los motivos se parecen. Algunas tuvieron que dejar el colegio para empezar a trabajar en el campo; otras se quedaron huérfanas de madre y tuvieron que cuidar de cinco hermanos.
En definitiva, historias de otra España con las que podrían escribirse libros que sus protagonistas no sabrían leer. Historias de otra España que algunas mujeres siguen viviendo hoy, como Antonia quien se sacó el carné de conducir hace diez años, a los 59. Lo hizo gracias a un sistema en el que las preguntas del test no se leen, se escuchan.
Leer para ser más libre
Ganar independencia física fue uno de los primeros pasos que dio para cuidarse, pero ahora está aprendiendo a leer por el mismo motivo: ser más libre. "Me he sentido siempre como inferior porque he tenido que depender de que una vecina me lea una carta que me haya llegado. Por ejemplo, el móvil tengo limitadas ciertas cosas. Lo hago todo con audios", relata a los micrófonos de laSexta.
Nos cuenta que, cuando su madre murió un 20 de abril con 29 años, ella tenía solo nueve, quedándose a cargo de cinco hermanos, el más pequeño lactante. Su padre no quiso volver a casarse y desde entonces en su vida solo hubo un verbo: cuidar. Primero, a su padre y sus hermanos. Después, a sus hijos y su marido. Ahora, el verbo es el mismo, pero se ha vuelto reflexivo. Porque Antonia ha empezado a cuidarse.
Una azada a cambio de un lápiz
A no muchos kilómetros, en Badajoz, siete mujeres reciben clases de alfabetización en la Asociación Grupo Joven. Una de ellas, María Jesús, nos dice que, cuando lea bien, empezará por "una historia de amor". Avanza poco a poco. Antes, era su exmarido quien le leía las cartas, las facturas... Ahora lo hace ella, aunque no siempre lo entienda todo.
Y es que dejó el colegio pronto, cuando solo tenía diez años. No quería, pero su madre decidió que era el momento de que ella y sus hermanas trabajaran en el campo. Ahora tiene 71 y ha vuelto a empezar: las letras, las sílabas, los acentos y las tildes. Incluso, se pone nerviosa al leer en alto: "Yo he llorado por ahí, para mí ha sido eso... una vergüenza", confiesa titubeando.
Un libro de segundas oportunidades
En las cárceles españolas también se enseña a leer. Dentro de ellas hay colegios públicos de adultos con sus propios programas de alfabetización. Este año hay 2077 inscritos en ellos: 1.810 hombres y 267 mujeres, que suponen el 10,4% del total de alumnos y alumnas matriculados en prisión.
Ana Barrul es una de esas alumnas de alfabetización y una de las brillantes. Empezó de cero hace cuatro años y hace cuatro meses se enfrentó a su primer libro: 'Los juegos del hambre'. Le gustó tanto que siguió leyendo y una veintena de libros lleva ya. Ahora le apetece mucho sumergirse en 'La novia gitana', de Carmen Mola, pero en la biblioteca solo hay un ejemplar y tiene seis personas por delante en la fila.
La de Ana es la historia de una mujer gitana que solo había ido al colegio para llevar a otros. Porque la vida, a veces, tiene estas cosas. Y, cosas de la vida, acabó enganchada a la droga, malviviendo en un fumadero y haciéndole compañía a su camello. Pero en toda buena narración, siempre hay un giro de guion. Al poco tiempo de llegar a la cárcel de Alcalá-Meco, Ana descubrió que era mucho más de lo que le había permitido ser. Empezó a estudiar y vio que le encantaban los libros de fantasía. Y todo mejoró un poco. "Estoy deseando llegar al chabolo y seguir leyendo", dice sonriendo.
En su clase, Soledad, otra mujer gitana, está atenta a los ejercicios que su profesora Gema le ha puesto. Para ella todo es un poco más complicado, ya que es sorda y está aprendiendo a leer libros leyendo los labios. "Los acentos, las sílabas, algunas letras... cuestan un poquito más", confiesa. Dejó el cole a los 13 por imposición de su familia, puesto que "es la ley gitana", según ella misma explica. Ahora ha vuelto. Los días en la cárcel se hacen así un poquito más cortos.
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