'Lux Tour'

Madrid se entrega al éxtasis de Rosalía con una liturgia musical entre la rave y el ballet

Los detalles La cantante se ha vuelto a subir al escenario tras su baja en Milán por una intoxicación alimentaria y ha subido a su confesionario a la youtuber Soyunapringada.

Rosalía ha divinizado al público en el primero de sus conciertos en el Movistar Arena de Madrid entre tecno, ballet y un éxtasis compartido.

Aunque para las más de 15.600 personas que han asistido al Movistar Arena de Madrid el espectáculo de la catalana no era inédito -desde que comenzó la gira en Lyon (Francia) las redes se han llenado con vídeos que adelantaban la noche de hoy-, Rosalía ha ofrecido una experiencia personal a cada uno de ellos, hablándoles y acercándose en varias ocasiones a los asistentes y mostrándose natural y cercana.

El espacio en el que la artista ha desplegado su ballet, misticismo e incluso 'rave', se ha dividido en dos y mientras en un foso en el centro del recinto se ha situado la londinense Heritage Orchestra -compuesta por una veintena de músicos-, ella se ha colocado arriba del cambiante escenario.

Las tablas que han acogido a la artista durante las casi dos horas de espectáculo se han ido transformando acorde a los cuatro actos en los que Rosalía ha dividido la noche, desde la inicial caja de muñecas hasta una recreación del Museo del Louvre y la sala de la Gioconda de Da Vinci.

De hecho, hasta unos segundos antes de que comenzase el concierto, la artista ha ocultado completamente la escenografía. Después, unas pantallas blancas, que simulaban el reverso de un cuadro con la firma de la artista y la palabra 'Lux', han dado paso al ejército de bailarines que han liberado a la artista de una caja y la han colocado en el centro como una bailarina de juguete.

Enfundada en un tutú y con unas zapatillas de punta rosas, Rosalía ha comenzado la cita con 'Sexo, violencia y llantas' y 'Reliquia' -exactamente como comienza su disco 'Lux'- después de que sus bailarines le diesen cuerda y que el recinto rugiese.

Así, la artista ha flotado por el escenario entre pliés, relevés, sauter, glisser y tourner al inicio del concierto, cuyo hilo conductor ha sido la teatralidad con canciones delicadas como 'Divinize'.

El público, sobrecogido, no hablaba ni cantaba y el silencio se ha posado en él durante muchos momentos en los que Rosalía tenía que recordar que la acompañasen con sus voces. Entonces, los asistentes respondían obedientes, aunque con 'La perla' no han necesitado que ella les animase.

Entre los asistentes, se encontraba el director de cine Pedro Almodóvar; el director del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, Manuel Segade o la actriz Jedet.

Un confesionario en el escenario

La artista ha roto la distancia con su público en varios momentos, pero en ninguno se ha acercado tanto como cuando se ha rodeado de sus admiradores -que interpretaban el papel de visitantes del Louvre- para cantar 'Can't take my eyes off you' caracterizada como la Mona Lisa.

El escenario también ha sido lugar para que la youtuber Soyunapringada subiese a admitir sus pecados en el confesionario que ha creado la artista. Entonces, Rosalía la ha escuchado atentamente mientras narraba su experiencia con un hombre que, a pesar de demostrarle todo, acababa diciéndole que solo la veía como una amiga.

"Y ojalá no te cruces con una perla nunca más", ha respondido ella antes de dar paso a la canción homónima.

Esta temática religiosa ha estado presente durante toda la puesta en escena, desde el velo de 'Mio Cristo piange diamanti' hasta el foso de la orquesta en forma de cruz latina y el botafumeiro de luz y humo que ha reinado sobre el corazón de la orquesta mientras Rosalía cantaba algunas canciones.

La artista ha combinado estos símbolos con otra línea estética, la más sensual, presente en el baile de 'Saoko' porque para cuando la artista rozaba el ecuador de la noche, su vestuario ha dejado atrás el ballet clásico y ha mutado, pasando de vestir una peluca que imitaba el famoso peinado de María Antonieta mientras hacía 'twerk' con un culotte rosa fucsia.

Liberándose del ballet, la energía del principio ha cambiado con la versión tecno de 'Berghain', que ha entonado y bailado toda de negro con unas botas de cordones y un corsé abierto. Con 'La fama' se ha dirigido a "los chulapos y chulapas" y con 'La combi Versace' se ha ganado una larga ovación, como si terminase un aria.

Recuperada tras cancelar en Milán

La cantante llegaba a Madrid este lunes después de tener que suspender el concierto del pasado 26 de marzo en Milán debido a una intoxicación alimentaria. Tras una hora de recital confesó que había estado vomitando en el camerino y que aunque quería dar "el mejor espectáculo posible", se le hacía imposible. Hoy ha confesado que se sentía mucho mejor mientras daba las gracias a los presentes por haber acudido.

Ha confirmado que todo el malestar de Milán quedaba lejos en la primera de sus fechas en España porque la energía, buen humor y emoción han reinado en el concierto en el que la artista se ha mostrado tremendamente cercana. De hecho, antes de comenzar a cantar 'Mio Cristo Piange Diamanti', se le han llenado los ojos de lágrimas tras recordar su amor por Madrid y ha tenido que secarse con un pañuelo que había en el escenario.

Tras la 'rave' y electrónica ha llegado el tercer acto con 'El redentor', cuando se ha acompañado de las palmas y los cajones de Macarines, que la llevan acompañando desde 'Los Angeles'. Con un vestido blanco semitransparente y guantes negros se ha presentado como una pseudoestrella del rock. Tras este pequeño viaje en el tiempo ha regresado a 'Lux'.

En 'Sauvignon blanc', Rosalía se ha tomado en serio la letra y ha brindado con una copa de vino blanco sentada encima de un piano, reconociendo que no tenía muchos vicios. Pero antes de comenzar a entonar la canción se ha dirigido a una fan que le ha gritado que si no tenía muchos vicios era porque ella misma es uno.

Sus seguidores han asistido a la celebración vestidos en su mayoría de blanco, con vestidos y faldas de telas vaporosas y de encaje. Algunos han optado por pañuelos en la cabeza en una clara referencia a la portada del último y cuarto disco de la artista o halos teñidos en la coronilla.

Todos han rodeado a la artista, que ha descendido de los cielos para cantar 'Dios es un stalker' mientras caminaba entre ellos con unas enaguas y un tocado. Desde el corazón de la orquesta y bailando divertida ha hecho 'La rumba del perdón'. Pero el Movistar Arena se ha derrumbado con la locura electrónica de 'CUUUUuuuuuute'.

El fin se acercaba con 'Bizcochito' y 'Despechá' mientras sus bailarines la rodeaban como ángeles con alas. "Me lo estoy gozando mucho", ha confirmado para después pasar a 'Novia robot', cuando el

Mientras se descalzaba, la artista alcanzaba el éxtasis en el escenario con 'Focu 'ranni', canción con la que se ha evaporado tras unas escaleras. Pero el punto final ha llegado con 'Magnolias'. Mientras terminaba de pedir al público que protejan su nombre en su ausencia, Rosalía ha abandonado el escenario con la promesa de que, como la estrella que es, se convierte en polvo para volver a ascender.

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