Ya tiene su Open de Australia

Alcaraz se convierte en leyenda al ser el más joven de la historia en ganar los cuatro Grand Slam

Los detalles El de El Palmar no se ha cansado de ganar desde su debut en el circuito ATP en 2020. Desde que se hiciera con el US Open en 2022, el número 1 del mundo ha conquistado otros seis Grand Slam y va rumbo de batir todos los récords.

Carlos Alcaraz es leyenda. Es histórico. Está camino de ser uno de los más grandes o, incluso, el más grande. Porque apenas tiene 22 años. Porque apenas es mayor de edad. Porque, a pesar de su aún corta trayectoria y de todo lo que tiene todavía por delante, suma siete Grand Slam. Suma siete grandes. Todo, después de conquistar el Open de Australia.

Después de sumar el que le faltaba. Después de conseguir un galardón, un entorchado, que le mete de lleno en la historia del tenis. Que le mete aún más en la historia del tenis. Porque, hasta él, nadie había sido tan precoz. Nadie había sido tan rápido. Nadie había conseguido ganar en Australia, en Roland Garros, en Wimbledon y en el US Open con 22 años, ocho meses y 27 días. Para comparar, Rafa Nadal logró tal hecho con 24 años en 2010.

Nadie había hecho lo que él sí ha hecho. Lo que él comenzó a hacer desde 2022. Desde que se convirtió en una realidad. Desde que, en el US Open, lograse su primer grande al imponerse a Casper Ruud y llegase así a ser número 1 de la ATP. Número 1 del tenis. Todo, dos años después de debutar en el circuito.

Después de ir sumando torneos. Después de avisar ya en Miami ese mismo año. En el para muchos considerado quinto Grand Slam. Desde entonces, incluso desde antes, se sabía que algo podía pasar con Alcaraz. Con el en aquel momento pupilo de Juan Carlos Ferrero. Por su sonrisa. Por su forma de jugar. Por ese tenis capaz de mezclar en una misma raqueta el estilo de los más grandes. Desde ese momento, en Nueva York, Carlos solo ha tenido un verbo a conjugar.

El de 'ganar'. El de, como dijo Luis Aragonés en su momento, 'ganar, ganar, ganar y volver a ganar'. Porque lo de 2022, lo del US Open, no fue algo de un día. De un buen torneo. De disfrutar en una superficie concreta y hacer suya la pista dura. No, para nada. Nada más lejos de la realidad. En 2023, apenas meses después de su triunfo en Estados Unidos, llegó el segundo.

Primer Wimbledon en 2023

Y de blanco, en Wimbledon. En la mítica hierba británica. Ahí, donde quiere ganar todo tenista. Donde muchos llegan pero no todos conquistan. Porque es el 'torneo'. Es especial. Es único. Ahí se plantó él, después de una lesión y con 20 años recién cumplidos. Frente a él, Novak Djokovic. Uno de los más grandes de todos los tiempos. Experto. Curtido en mil batallas. Vencedor de muchas contiendas. Esa, sin embargo, la perdió.

Así llegó el segundo. El tercero, en un sitio de gran recuerdo para España. De felicidad total y absoluta para el aficionado al tenis español. Porque fue en Roland Garros. Porque fue en la tierra de Rafa Nadal. Sí, también en París, pero Roland Garros es Rafa Nadal y Rafa Nadal es Roland Garros. Ahí, en la arena gala, otro más.

Fue en 2024, cuando derrotó a Alexander Zverev para ser el más joven de la historia en ganar tres Grand Slam. También fue el más joven en ganar el cuarto, porque meses después repitió título en Wimbledon. De nuevo, ante Djokovic.

Segundo Wimbledon. Y segundo Roland Garros en 2025. En esta ocasión, victoria ante Jannik Sinner en la que muchos consideran una de las mejores finales de la historia de la tierra batida de París. Iba dos sets abajo; acabó ganando por 4-6, 6-7, 6-4, 7-6 y 7-6.

Y sí, hubo otro ese mismo año. No fue Wimbledon. Fue, de nuevo, el US Open. Alcaraz, donde cosechó su primer Grand Slam, repitió lo logrado en 2022 después de derrotar al tenista italiano en una final a la que llegó sin perder un solo set. En la lucha por el título, 6-2, 3-6, 6-1 y 6-4.

Australia, el que faltaba

Cerró el pasado año como número 1 del mundo. Y ha abierto 2026 de la mejor forma posible. Ganando. Poniendo en práctica el verbo que mejor y más sabe conjugar. Ganando donde le faltaba ganar. Ganando y además batiendo récords. El primero, en ser el más joven en llegar a la final de los cuatro Grand Slam; el segundo, porque conformarse es de cobardes, siendo el más joven en ganar los cuatro Grand Slam.

Y eso que Djokovic comenzó ganando. Y eso que entró frío al partido ante un serbio crecido después de cargarse a Sinner. Pero no. No iba a ser el día de Nole. No iba a pasar lo que pasó en la final de los Juegos Olímpicos de París. Alcaraz, experimentado con apenas 22 años, se repuso para remontar el envite y dejar claro quién es el número 1 del tenis.

La segunda manga fue para él. La tercera, también. Ambas, sin casi oposición de Nole. La cuarta, la más igualada, también se la llevó. Lo hizo con cabeza. Lo hizo gestionando. Lo hizo haciendo lo que debe hacerse en el momento en el que debe hacerse. Así es Alcaraz. Así es el de El Palmar.

Alcaraz, sin límite

Así es un tenista que ya ha hecho historia. Que es el más joven en conquistar los cuatro Grand Slam. Que le da igual pista dura, tierra batida o hierba. Que no tiene problema en ganar donde haya que ganar a quien haya que ganar. Seis años han pasado desde su debut en el circuito ATP. Seis años en los que ha superado cualquier límite posible para tener ya en sus vitrinas dos Wimbledon, dos Roland Garros, dos US Open... y su ya primer Open de Australia. Y sí, con solo 22 años.

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