Primero, Donald

Las absurdas cruzadas de Trump: de su "melena maravillosa" y la presión del agua al 'no' a los molinos de viento "que matan pájaros"

Los detalles El presidente quiere portaaviones como los de la II Guerra Mundial porque le gustan más a nivel estético mientras niega que las pajitas de plástico hagan sufrir a los tiburones: "Se abren paso a mordiscos en el océano".

Suprimir el "absurdo cambio de hora". Es la nueva misión que se ha marcado Donald Trump. Es el nuevo objetivo del presidente de EEUU, que ha exigido al Senado que apruebe la ley para dejar de toquetear tanto el reloj. Vinculando las horas de luz solar con delincuencia, para ver si así les convence mejor. Así se lo ha propuesto el republicano, en una nueva cruzada que se une a las muchas del mismo estilo que tiene o ha tenido desde su regreso a la Casa Blanca.

Porque esta es una ocurrencia más. Una como lo fue el deseo de utilizar portaaviones que se parezcan a los que se usaban en la II Guerra Mundial. Retrocediendo 85 años. Eso quiere el presidente, una flota retro en el que se vuelva al antiguo sistema de lanzamiento de cazas.

El motivo, más que simple. No se basa en que sean mejores. No se basa en que sean más prácticas. Se basa, simplemente, es que al neoyorquino le gustan más a nivel estético.

Así es él. Alguien a quien el planeta le importa menos que su propia comodidad. Que quiere poner en un brete al medio ambiente a golpe de grifo. Quiere que su pelo esté perfecto y, para eso, la presión del agua tiene que ser la adecuada. "Tengo una melena maravillosa y cae muy despacio. Lleva diez minutos lavarla", dice.

Y de las renovables, ni hablar. No le gustan. "Mi objetivo es impedir la construcción de molinos de viento. Son una pérdida de dinero", dice.

Por si no fuera suficiente motivo, Trump añade otros tres para decir 'no' a las eólicas: "Destruyen el paisaje, matan pájaros y son de fabricación china".

Tampoco le gustan las bombillas LED. Culpa a tal cosa de su aspecto anaranjado y que por eso se le ve así: "La luz no es buena, siempre parezco naranja".

Y de las pajitas biodegradables tampoco. Porque él quiere las de plástico. Dice que las primeras se "rompen y explotan", mientras que con las segundas niega el impacto que puedan tener en la naturaleza. "No creo que afecten mucho a los tiburones, que se abren paso a mordiscos por el océano", explica.

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