Extensa red de estructuras secretas

Así son los "programas de envenenamiento" del Gobierno ruso en el que trabajan cerca de 3.500 personas para hacer tóxicos letales

Los detalles No existe la certeza de que Putin envenene a sus amigos, pero lo que sí se sabe es que el presidente ruso invierte mucho en una red de laboratorios para investigar estos tóxicos, haciéndolos más indetectables.

El afán del Kremlin por construir su propio "imperio del veneno" no cesa. Cerca de 3.500 personas trabajan en laboratorios del Gobierno ruso dentro de lo que se conoce como "programas de envenenamiento". Así lo revela un medio de investigación ruso, que señala que miles de científicos están a disposición de Putin para perfeccionar armas químicas.

Lo hacen en grandes instalaciones con una extensa red de estructuras secretas. Allí, sintetizan toxinas letales que prueban en animales y en humanos, concretamente en militares supuestamente "voluntarios".

Su veneno estrella es el Novichok, una potente neurotoxina creada en la Unión Soviética en los años 80 que Putin quiere seguir mejorando para incapacitar e incluso destruir al enemigo. Puede presentarse como polvo ultrafino, líquido o en aerosol y es difícilmente detectable. Además, actúa en pocos minutos, provocando convulsiones, vómitos y el paro respiratorio derivando, finalmente, en la muerte.

Los rusos ya han demostrado que no les tiembla el pulso a la hora de utilizar sus propios venenos. Ya utilizaron el Novichok contra el exespía ruso Sergei Skripal y su hija en 2018 y dos años más tarde contra el adversario político de Putin, Alexei Navalny.

De confirmarse, este "imperio del veneno" se convertiría en uno de los programas de experimentación humana más extensos de la era moderna, recordando a épocas oscuras del pasado.

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