¿CONCURSO O TORTURA?
Un cuarto, diez aspirantes, constantes ruidos y sin apagar la luz: así es Gran Hermano Brasil, más propio de una tortura que de un concurso
El contexto La prueba se llama El Cuarto Blanco y en él hay diez aspirantes que deben convivir hasta rendirse. No pueden dormir, y apenas comen y beben. Tampoco pueden descansar por la ausencia de camas y el constante ruido.
Resumen IA supervisado
La prueba clasificatoria para Gran Hermano Brasil ha causado controversia debido al "Cuarto Blanco", una sala sin muebles, con paredes acolchadas y luces ininterrumpidas que impiden distinguir el día de la noche. Los aspirantes, vestidos con chándales blancos, soportan sonidos estridentes y la falta de comodidad para dormir. Además, las necesidades básicas están limitadas a latas de agua y galletas saladas. La presión psicológica es alta, con roces entre los diez participantes. Solo dos personas podrán entrar a la casa de Gran Hermano, tras presionar un pulsador rojo, mientras que otros ocho deben abandonar.
* Resumen supervisado por periodistas.
La prueba clasificatoria para acceder a la próxima edición de Gran Hermano de Brasil ha despertado una enorme polémica. Los aspirantes tienen que superar el denominado Cuarto Blanco, más propio de una sala de torturas que de un concurso televisivo. Se trata de una habitación del citado color, sin muebles, con paredes acolchadas y permanentemente ambientada por sonidos estridentes.
Todos van vestidos con un chándal blanco, no hay muebles y no saben si es de día o de noche porque la luz no se apaga. Asimismo, no pueden dormir cómodamente porque no hay camas, pero tampoco pueden hacerlo porque constantemente suenan ruidos como el llanto de un bebé o el chirrido al rallar una pizarra, lo que ha provocado que un candidato se haya retorcido de dolor ante la mirada de los espectadores. Intentarlo tampoco es tarea sencilla, unos se han apoyado en los pies de los demás y otros hasta en zapatos.
Por otra parte, necesidades básicas como comer y beber tampoco están bien cubiertas, puesto que solo disponen de latas de agua y galletas saladas y no precisamente en abundancia. "Una para mí, dos para ti", se le ha oído decir a una de las chicas. Sin duda, toda una tortura para entrar en un reality.
Además, la relajación o tener un momento de intimidad tampoco es posible, porque están los diez juntos y como en cualquier convivencia, los roces existen y hacen que la presión psicológica se eleve al máximo. Según se ha podido ver, ya han saltado chipas entre distintos compañeros, sobre todo a la hora de descansar.
Lo único que tiene esta habitación es un pulsador rojo en el centro que deberán apretar ocho personas para terminar con el sufrimiento, ya que solo dos pueden entrar a la verdadera casa de Gran Hermano y disfrutar de sus comodidades. Entraron el pasado lunes y solo ha habido dos abandonos.
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