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Guerra en Gaza

Sin efectos prácticos: el alto el fuego en Gaza cumple un año mientras los ataques de Israel ya suman 1.500 muertos

Entre líneas Donald Trump aún se vanagloria de haber parado la guerra entre Hamás e Israel, pero la ofensiva se sigue sucediendo y su Junta de Paz está estancada.

Imagen de un edificio destruido en GazaReuters

Hace un año, Donald Trump anunciaba por todo lo alto un acuerdo de alto el fuego en la Franja de Gaza con el que aseguraba que se ponía fin a los por entonces dos años de ofensiva militar israelí contra Hamás. No obstante, esa no parece ser la realidad 365 días después con alrededor de 1.500 palestinos muertos y más de 5.100 heridos registrados por ataques de Israel desde entonces.

De hecho, prácticamente desde el día uno el Ministerio de Sanidad gazatí, controlado por Hamás, ha denunciado ataques diarios que dejan una cifra de cerca de cuatro personas muertas por día desde el anuncio de paz, además de las numerosas denuncias de las trabas israelíes para la entrada al enclave palestino de ayuda humanitaria, otro de los aspectos pactados.

Un centenar de organizaciones no gubernamentales y de defensa de los Derechos Humanos han denunciado este viernes que el alto el fuego es "únicamente nominal", dado que "las fuerzas israelíes siguen matando e hiriendo a palestinos a diario", mientras que "las restricciones a la ayuda, el equipamiento y los materiales de reconstrucción siguen impidiendo que las familias se recuperen".

El presidente estadounidense anunció un plan de paz compuesto por 20 puntos y conllevó la creación de la denominada Junta de Paz, pero ni uno ni otro han puesto solución a los millones de palestinos desplazados ni han acercado posturas entre dos bandos que siguen sin mantener contacto directo.

Tampoco la denominada 'línea amarilla' donde se debían replegar las tropas israelíes se ha respetado. En un inicio sí lo hicieron, pero poco después la ampliaron para pasar a cubrir más del 60% de Gaza, algo que Benjamin Netanyahu ha asegurado que se mantendrá hasta el desarme completo de Hamás.

Netanyahu ha incidido en numerosas ocasiones en la relevancia del primer punto del plan, que contempla que "Gaza será una zona desradicalizada y libre de terrorismo que no suponga una amenaza para sus vecinos" y ha afirmado que el Ejército israelí se limita a responder con sus ataques a "amenazas inminentes" a sus fuerzas, al tiempo que ha esgrimido que no se puede avanzar en ningún proceso mientras Hamás no sea "erradicado".

Por contra, otros puntos del acuerdo, como la liberación de los secuestrados y la entrega de cadáveres de rehenes tras los ataques del 7-O, y el trabajo para la creación y despliegue de una Fuerza Internacional de Estabilización, sí han sido completados o registrado avances, si bien esto no ha dado paso a un proceso exhaustivo para avanzar en los principales objetivos a nivel político, humanitario o de estabilización.

A este respecto, la Junta de Paz solo está emitiendo comunicados sobre la situación mientras que el comité tecnócrata que debía asumir competencia de gobernanza en Gaza de manos de Hamás no ha llegado a entrar siquiera en el enclave costero, lo que no ha permitido una transición.

¿Segunda fase?

La situación ha impedido el paso a la segunda fase del plan de paz de Trump, que iba a estar centrado en la transición de un alto el fuego hacia la paz duradera, sin que por ahora haya un camino claro para avanzar, lo que cuestiona la viabilidad de la totalidad de la propuesta.

En esta etapa debería cumplir un papel clave el conocido como Comité Nacional para la Administración de Gaza (CNAG), encabezado por el tecnócrata Alí Shaaz, que se ha declarado dispuesto a asumir competencias que Hamás ya ha dicho que quiere entregar, sin avance alguno a tal fin.

Esta segunda fase debería derivar además en un mayor repliegue de tropas israelíes de Gaza, una consolidación del alto el fuego, el despliegue de la citada fuerzas internacional y el desarme de Hamás, todos ellos pasos de cara a iniciar la reconstrucción, si bien ninguno de estos puntos parecen cerca de materializarse, incluida la abierta oposición de Israel a varios de ellos, a lo que se suman declaraciones de altos cargos israelíes rechazando la solución de dos Estados e incluso apelando a una "migración forzosa" de palestinos.

Por todo ello, el acuerdo cumple un año sumido en la incertidumbre y entre crecientes denuncias sobre la falta de progresos, limitados por los críticos a una reducción del número de víctimas en Gaza, mientras que unos dos millones de palestinos ven cómo se aproxima un cuarto invierno sumidos en una profunda crisis humanitaria y sin perspectivas reales para avanzar hacia una paz y el establecimiento de un Estado palestino, en línea con la solución de dos Estados apoyada por la inmensa mayoría de la comunidad internacional.

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