violencia machista
"Mi hija vive con miedo constante": las denuncias por violencia machista cercan al congresista republicano Max Miller frente al apoyo de Trump
Los detalles Miller se enfrenta a cargos por, entre otras cosas, apuntar a su expareja con una pistola en la cabeza y quemarle el pecho y el estómago al lanzarle agua caliente.
Resumen IA supervisado
A tres meses de las elecciones de medio mandato en Estados Unidos, los republicanos enfrentan escándalos. Max Miller, congresista de Ohio, está bajo presión para abandonar su candidatura tras ser acusado de violencia contra su exmujer e hija. Miller ha pedido una investigación ética sobre sí mismo mientras Donald Trump lo respalda públicamente, aunque tiene dudas sobre su candidatura. Además, Stephanie Grisham también lo acusó de agresión. Paralelamente, el congresista Chuck Edwards renunció a su reelección tras ser investigado por conducta inapropiada hacia empleadas, incluyendo regalos costosos que sugirieron intenciones inapropiadas.
* Resumen supervisado por periodistas.
A tan solo tres meses de las elecciones de medio mandato de Estados Unidos, a los republicanos se les atragantan los casos relacionados con agresiones machistas. El congresista republicano Max Miller (Ohio) se enfrenta estos días a la presión de su partido para que abandone su candidatura a la reelección en los comicios de principios de noviembre por graves episodios de violencia contra su exmujer y su hija de dos años.
Miller se enfrenta a cargos por apuntar a su expareja, Emily Moreno, con una pistola en la cabeza y por quemarle el pecho y el estómago al lanzarle agua caliente, además de fracturarle la clavícula a su hija.
El senador republicano Bernie Moreno, y padre de la exesposa de Miller, aseguró en declaraciones a los medios que su hija "vive con miedo constante de este hombre". "No se imaginan lo que eso me hace sentir, cuando la principal responsabilidad de un padre es proteger a sus hijos... Si existe algún estándar mínimo para ser un funcionario electo, él no cumple con ese requisito básico. La política no me importa en absoluto", declaró el representante.
Sin embargo, en lugar de dimitir, Miller ha solicitado una investigación ética sobre sí mismo para ganar tiempo y justificar su permanencia en el cargo. Mientras, el presidente estadounidense, Donald Trump, ha rechazado que deba renunciar y se ha limitado a decir que, "hasta ahora, son acusaciones".
Aunque medios estadounidenses apuntan a que Trump tiene dudas sobre la candidatura del republicano por Ohio, públicamente le sigue respaldando. "Conozco a Max, es una buena persona. Siempre lo he considerado una persona excelente", dijo de él.
Y es que el neoyorquino necesita mantener Ohio bajo control republicano en las elecciones de medio mandato, y el revuelo causado por Miller no le viene nada bien. "Espero que pueda solucionar las cosas. Me da mucha pena por él", expresó.
Pero las denuncias de su esposa no son las únicas que enfrenta Miller; Stephanie Grisham, ex secretaria de prensa de Trump, también lo acusó de agresión. Cada vez surgen más voces dentro del partido republicano que exigen su renuncia.
"Conducta persistentemente poco profesional e inapropiada" hacia dos empleadas
El caso de Miller no es el único relacionado con agresión o acoso sexual al que se enfrenta el Congreso de Estados Unidos. El congresista republicano Chuck Edwards anunció este miércoles que abandona su candidatura a la reelección tras las conclusiones del Comité de Ética del Congreso sobre su "conducta persistentemente poco profesional e inapropiada" hacia dos empleadas.
"Tras mucha oración y reflexión he decidido retirarme de mi campaña de reelección. Cumpliré mi mandato actual. Servir al oeste de Carolina del Norte ha sido el honor de mi vida", escribió el congresista en su cuenta de la red social X.
Las denuncias de varias mujeres de su equipo sobre comportamientos inadecuados llevaron al Comité de Ética de la Cámara Baja estadounidense a abrir una investigación que concluyó este pasado lunes que "la excesiva atención hacia las jóvenes había dado lugar a rumores e insinuaciones en la oficina".
El informe asegura que Edwards regalaba a sus empleadas joyas por un valor superior a los 1.000 dólares, bolsos de diseño, armas, zapatos, flores, un ordenador portátil y teléfonos móviles. "Ese comportamiento", afirma el comité, "llevaría a un observador razonable a interpretarlo como acercamiento sexual o romántico".