A pedradas
Intento de asesinato a la concejala Iara Pimentel por parte de seguidores de Flávio Bolsonaro en Minas Gerais, Brasil
Los detalles La política tuvo que ser trasladada rápidamente al hospital después de que los 'bolsonaristas' le lanzaran piedras y una de ellas alcanzase su cabeza.
Resumen IA supervisado
La concejala del PT, Iara Pimentel, sufrió un intento de asesinato por seguidores de Flávio Bolsonaro en Minas Gerais, reflejando la alta tensión política en Brasil. Este incidente ocurre en vísperas de unas elecciones cruciales entre el presidente Luiz Inácio Lula da Silva y Flávio Bolsonaro. La polarización política es evidente, con ambos candidatos generando amplia repulsa, lo que refleja una fractura social que afecta la campaña y la futura gobernabilidad. Lula enfrenta el reto de remontar su derrota en la primera vuelta, mientras que Bolsonaro propone un enfoque de reducción del gasto público y privatizaciones, además de buscar el perdón presidencial para su padre, Jair Bolsonaro.
* Resumen supervisado por periodistas.
La concejala del PT Iara Pimentel ha sufrido un intento de asesinato por parte de los seguidores de Flávio Bolsonaro en Minas Gerais unas horas antes de que Brasil decida entre el continuismo de Lula y la vuelta del 'bolsonarismo' en una cita muy ajustada.
Al darse cuenta de que Pimentel se encontraba en un vehículo en Minas Gerais durante un acto de campaña, los 'bolsonaristas' comenzaron a lanzar piedras y ladrillos contra la concejala y una de ellas alcanzó su cabeza, tras lo que la mujer tuvo que ser trasladada rápidamente al hospital.
Más de 156 millones de brasileños tienen este domingo una cita con las urnas para elegir entre dos líderes y modelos que dan parte de la historia reciente del país; el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, sindicalista con larga lucha durante la dictadura y Flávio Bolsonaro, hijo del militar y expresidente Jair Bolsonaro, heredero de un movimiento nostálgico de aquel régimen autoritario.
Lula llega a la segunda vuelta espoleado por las predicciones de las últimas encuestas, después del varapalo electoral que supuso su derrota en la primera ronda. El presidente brasileño parte con el desafío de remontar aquel resultado, algo que ningún candidato ha logrado en la que es la democracia más grande de la región.
La encuesta de 'Datafolha' publicada el jueves refleja un empate técnico, con el 50% de los votos cada uno, mientras que el sondeo de la consultora 'Quaest' sitúa a Bolsonaro con el 45% frente al 44% de Lula quien, no obstante, según la misma fuente, su alto nivel de rechazo --algo que caracteriza a ambos-- ha caído cinco puntos, hasta el 47%.
Los dos candidatos suscitan amplia repulsa
La amplia repulsa que suscitan los dos contendientes es reflejo de esa gran polarización política, que va más allá de estas elecciones. Y es que supone una fractura identitaria y social que condiciona de forma directa el comportamiento del electorado, el desarrollo de la campaña y la futura gobernabilidad de Brasil.
Con casi la mitad del país declarando su animadversión a uno de los candidatos, el margen para sumar nuevos apoyos es prácticamente inexistente. La posibilidad de una tercera vía ha sido devorada antes de arrancar las elecciones, por lo que los indecisos, en caso de movilizarse, lo harán por quien represente el mal menor.
Dos formas antagónicas de entender Brasil
Lula y Bolsonaro no solo representan claramente dos formas antagónica de entender Brasil, si no que además se tendrán que enfrentar a desafíos dispares dependiendo de si salen vencedores.
Con un Congreso más escorado a la derecha, se prevé una hostilidad mucho menor para Flávio Bolsonaro que la que tuvo que sortear Lula, cuyo Gobierno se ha visto en complejas negociaciones para sacar adelante sus propuestas. En cambio, todo hace pensar que un mandato del candidato ultraderechista encontrará mayor resistencia de la calle con posible contestación de movimientos sociales, medioambientales y por los derechos civiles.
A pesar de que las políticas de sus anteriores gobiernos sacaron de la pobreza a millones de personas poniendo en marcha programas sociales ampliamente reconocidos internacionalmente como Bolsa Familia, el proyecto de Lula ha mostrado cierto desgaste durante esta cita como reflejó su derrota inesperada en primera vuelta.
El modelo de Lula viene marcado por una clara falta de relevo generacional en la izquierda brasileña, el ensimismamiento en tiempos mejores y el desgaste derivado de los pasados casos de corrupción. A ello se suma la dificultad para articular propuestas convincentes para contener la inflación, pese a subir los salarios.
Por su parte, Bolsonaro recoge el legado de su padre y propone una reducción del gasto público y de la presencia del Estado, con una agenda de privatizaciones, bajadas generalizadas de impuestos, recortes en las administraciones, explotación de recursos naturales a gran escala y una política de seguridad inspirada en el modelo de Nayib Bukele en El Salvador, incluido el endurecimiento de penas y una reducción de la edad penal.
Del mismo modo, su eventual llegada al Palacio del Planalto viene acompañada del más que probable perdón presidencial a su padre, Jair Bolsonaro, actualmente en arresto domiciliario por motivos de salud tras ser condenado a más de 27 años de cárcel por su papel como ideólogo principal en el intento de golpe de Estado tras su derrota electoral de 2022.
Su victoria resultaría determinante para las pretensiones de libertad del expresidente, ya fuera a través de la tramitación de una ley de amnistía en un Congreso afín, o bien mediante indulto. Su padre es una de las 1.400 personas que fueron condenadas por el ataque a las instituciones en enero de 2023, en Brasilia.