La tragedia continúa

Inundaciones, ataques y cierres fronterizos: la vida diaria de los gazatíes sigue sin paz ni alivio pese a los anuncios de alto el fuego

Los detalles Miles de familias sobreviven cada día entre el hambre, el frío y la falta de medicinas, mientras los niños sufren la lluvia y la miseria, y la ayuda humanitaria llega tarde o ni llega, dejando a Gaza atrapada en una crisis sin fin.

Mientras aquí quitábamos el árbol de Navidad, pensábamos en las rebajas o comentábamos lo duro que estaba siendo el temporal de lluvia y nieve, enGaza la realidad seguía siendo esta.

Las precarias tiendas de campaña en las que sobreviven miles de familias se han inundado. No tenían nada con lo que calentarse. Y han seguido pasando hambre. Todo ello después de que el último rehén haya sido entregado. Y, aun así, en Gaza no ha cambiado nada.

Han pasado dos años y 114 días de genocidio, esperando que este momento —el del alto el fuego, el de la liberación del último rehén— supusiera un punto de inflexión. Pero en un escenario donde los crímenes quedan impunes y donde la paz se diseña sin los palestinos, el desenlace era previsible.

La ONU denuncia que Israel continúa atacando Gaza pese al alto el fuego. Desde Naciones Unidas, el coordinador especial adjunto Ramiz Alakbarov advierte de que el ejército israelí sigue realizando operaciones militares con ataques aéreos, bombardeos y disparos en toda la Franja, incluso después del acuerdo.

La violencia no se ha detenido. Tampoco el sufrimiento. Yusef lo sabe. Hace solo unos días, su hijo, de 15 años, salió a buscar leña para poder calentarse. El ejército israelí le disparó a bocajarro. Tras el ataque, 11 países han condenado además la demolición de la sede de la UNRWA en Jerusalén, en un nuevo golpe a la ayuda humanitaria.

Con el cuerpo de su hijo aun entre las manos, Yusef es incapaz de aceptar lo ocurrido. Repite, una y otra vez, que está durmiendo, que ya despertará, que solo le está limpiando la cara, que tiene sueño.

Ni el alto el fuego, ni la llamada Junta de la Paz, ni la entrega del último rehén han frenado el genocidio. La junta está formada por 27 miembros. Ninguno de ellos es palestino.

El cruce de Rafah continúa cerrado. Allí esperan 20.000 pacientes que necesitan atención médica urgente, sin que haya indicios claros de una apertura real. El propio Benjamin Netanyahu ha reconocido que, de producirse, sería una apertura limitada.

Mientras tanto, 22 niños han muerto por la lluvia y el frío. Pero el argumento de acabar con Hamás sigue funcionando como una coartada que neutraliza cualquier responsabilidad política.

Una fachada que, por mucho que se vista de paz, no borra lo esencial: en Gaza, la tragedia continúa. Y no hay alto el fuego que la oculte.

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