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La Justicia argentina halla restos de 12 víctimas de la dictadura y revela sus identidades a casi 50 años del golpe

¿Por qué es importante? La Justicia federal de Córdoba confirmó que los restos hallados pertenecen a víctimas del terrorismo de Estado enterradas en 'La Perla', uno de los mayores centros clandestinos del país.

Manifestantes marchan bajo una pancarta con retratos de personas desaparecidasEP

Ramiro Sergio Bustillo, José Nicolás Brizuela, Raúl Oscar Ceballos Cantón, Adriana María Carranza —o Cecilia María Carranza—, Carlos Alberto D’Ambra, Alejandro Jorge Monjeau, Mario Alberto Nívoli, Elsa Mónica O’Kelly Pardo, Oscar Omar Reyes, Eduardo Jorge Valverde y Sergio Julio Tissera, junto a una persona cuya identidad no fue difundida a pedido de su familia. Esos son los nombres de las personas secuestradas durante la última dictadura cívico-militar argentina, cuyo paradero se desconocía hasta hace pocos días, cuando se anunció la identificación de restos óseos en el predio donde funcionó el ex Centro Clandestino de Detención, Tortura y Exterminio 'La Perla', en la ciudad de Córdoba.

Durante años fueron nombres dichos y repetidos hasta el cansancio en marchas, en expedientes, en actos. Nombres sostenidos por sus familias como una forma de resistencia, de memoria obstinada frente al olvido. Nombres que no dejaron de pronunciarse nunca. Porque detrás de cada uno quedó una ausencia con forma: siluetas en las casas, lugares intactos, rutinas quebradas. Habitaciones que conservaron el eco, mesas con una silla vacía, preguntas que nadie supo dónde apoyar. Historias interrumpidas en seco, pero no borradas. Historias que siguieron latiendo en quienes las nombraron, una y otra vez, hasta ahora.

Este miércoles, a pocos días de que se cumplan 50 años del inicio de la última dictadura en Argentina, la Justicia federal de Córdoba confirmó lo que durante décadas fue una sospecha sostenida por la memoria: los restos de doce personas desaparecidas entre 1976 y 1983 fueron identificados en el predio de "La Perla", uno de los mayores centros clandestinos de detención del país, por donde se estima que pasaron entre 2.200 y 2.500 personas, la mayoría aún desaparecidas.

La confirmación se dio en una conferencia marcada por la emoción, en la que se entremezclaron el alivio, el dolor, los aplausos y las lágrimas. La información fue dada a conocer por el Juzgado Federal N°3 de Córdoba, a cargo de Miguel Hugo Vaca Narvaja, junto al Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF). Los restos habían sido recuperados en 2025 y, tras meses de análisis antropológicos y estudios genéticos, se logró establecer la identidad de las víctimas. En la conferencia participaron familiares, querellantes y especialistas, entre ellos Carlos Vullo, responsable del laboratorio de genética forense, y Silvana Turner, a cargo de los trabajos en el sitio.

La búsqueda no termina. En los próximos meses comenzará una nueva etapa en un sector de tres hectáreas conocido como Loma del Torito, dentro del mismo predio. El objetivo es continuar con la recuperación de restos y avanzar en nuevas identificaciones.

Uno de los testimonios clave fue el de José Solanille, un peón rural cuyas declaraciones resultaron fundamentales para ubicar zonas de enterramientos clandestinos. Sus relatos, junto con fotografías aéreas de 1979 y el trabajo del geólogo Guillermo Sagripanti, permitieron delimitar con precisión el área de excavación.

"El alivio de la certeza"

Los familiares de las víctimas expresaron su emoción y agradecimiento por la incansable lucha de los organismos de derechos humanos, los equipos especializados, y el acompañamiento de la sociedad durante 50 años.

Rodolfo, hijo de Oscar Reyes, expresó: "Un agradecimiento con el corazón, porque lograron darnos lo que nos quitaron. Tener la certeza de lo que pasó con nuestro padre, aunque sea con mínimos restos, para nosotros es un alivio".

Por su parte, la hija de Ramiro Sergio Bustillo habló de "una nueva etapa". "Estoy muy contenta de que mi papá pueda volver a su familia, de la que nunca debió ser arrancado. Deja un lugar de violencia extrema en el que nunca debió estar y vuelve a un lugar donde lo recibimos con amor". Recalcó que cada pedacito de hueso que se recupera "es un pedacito de verdad".

Asimismo, expresó que ahora su padre será "recibido con amor" y celebró que la familia pueda dejar atrás "el lugar de violencia en el que nos pusieron a cada uno".

Otros familiares coincidieron en ese sentimiento ambiguo: la alegría de poder nombrar, ubicar, despedir; y la tristeza inevitable por todo lo perdido. "Queríamos darle una identidad", dijo Elizabeth, hija de Raúl Oscar Ceballos Cantón. "Saber que está acá y que podemos darle la paz que merece".

Durante años, muchos sostuvieron la memoria con gestos persistentes. El hijo de José Brizuela, con la voz quebrada, recordó la cantidad de años que fue a la Plaza San Martín a dar vueltas con una pancarta. "Ahora siento que volvió mi papá, es un alivio saber que ya está con nosotros", dijo.

Por su parte, Anahí Ginarte, por años integrante del EAAF y ahora miembro del Instituto de Medicina Forense de la Justicia de Córdoba, al ser consultada sobre las reacciones que observó en los distintos lugares del mundo donde trabajó en la recuperación de restos de personas desaparecidas, respondió lo siguiente: "Un fiscal de Colombia de apellido Zalazar una vez me señaló cuánto se tiene que sufrir a causa de una desaparición, para que el hallazgo de unos restos que son la confirmación de una muerte generen una sensación de alegría; eso mismo es lo que pienso cuando escucho a los familiares".

20 años de búsqueda

La causa judicial que hizo posible este avance comenzó en 2006, impulsada por el compromiso del premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel y la abogada María Elba Martínez. Desde entonces, el proceso ha atravesado años de investigación, obstáculos y persistencia, hasta llegar a este resultado. Los restos recientemente identificados corresponden a la duodécima campaña de trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense en el predio de La Perla, un sitio emblemático del terrorismo de Estado.

Las tareas en el lugar están lejos de concluir. Las excavaciones se retomarán en abril, una vez finalizado el período de lluvias, dando inicio a una nueva etapa de exploración en el terreno. Paralelamente, continúan los análisis en el Laboratorio de Genética, donde los restos ya recuperados siguen siendo estudiados con el objetivo de lograr nuevas identificaciones.

Este hallazgo constituye el tercer avance significativo de este tipo en la provincia de Córdoba. Anteriormente, en los hornos de cal de La Calera se recuperaron restos de estudiantes secuestrados en 1975, y en la fosa común del cementerio San Vicente se hallaron más de cien cuerpos. Sin embargo, en ambos casos aún quedan decenas de víctimas sin identificar, lo que evidencia la magnitud de la tarea pendiente.

Desde el ámbito judicial y el propio EAAF se reitera la importancia de la participación de los familiares de personas desaparecidas, especialmente mediante la realización de análisis genéticos. La identificación de los restos depende fundamentalmente de la comparación de ADN con familiares directos, un paso clave para avanzar en la restitución de identidades.

En este sentido, la especialista Silvana Turner destacó que estos avances permiten comenzar a revertir una deuda histórica en la provincia, donde el número de identificaciones aún es bajo en relación con la cantidad estimada de desaparecidos, que ronda las 800 personas. Por su parte, Carlos Vullo subrayó que el trabajo continúa sin plazos definidos de finalización, aunque remarcó que cada identificación representa un paso fundamental en el camino de la memoria, la verdad y la justicia.

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