Trump, en Davos

El primer ministro de Canadá se convierte en símbolo de la resistencia contra Trump en Davos: una batalla que viene de antes de llegar al poder

El contexto Mark Carney le debe su victoria a Trump, ya que él no era el favorito en las elecciones canadienses y solo cuando empezaron a llegar las amenazas de convertir Canadá en el estado número 51 fue cuando creció su popularidad.

Era de esperar que al presidente de Estados Unidos (EEUU), Donald Trump, no le gustara el discurso del primer ministro canadiense, Mark Carney, ya que su mala relación viene de lejos. Carney le debe su victoria a Trump, él no era el favorito en las elecciones canadienses y solo cuando empezaron a llegar las amenazas de convertir Canadá en el estado número 51 fue cuando la figura de Carney creció.

En el Foro de Davos, en Suiza, Trump no ha dejado ningún flanco abierto y ha respondido a absolutamente todo. "Canadá vive gracias a Estados Unidos. Recuerda eso, Mark, la próxima vez que hables", dijo este miércoles. El mandatario estadounidense contestaba así a las declaraciones del primer ministro canadiense que, sin nombrarlo, se dirigía a él. "Las potencias medias deben actuar juntas. Si no estás en la mesa, estás en el menú", afirmó en la cumbre.

Carney ha sido el símbolo de la resistencia contra Trump en Davos. "Las grandes potencias han empezado a utilizar la integración económica como arma", aseguraba. Y, entre ellos, hay una batalla sin resolver porque lo de plantarle cara a Trump viene de lejos. "No podemos dejar que tenga éxito y no lo haremos", declaraba el canadiense ya en marzo del pasado año.

También lo hizo por los aranceles tras el anuncio en febrero de Trump: "Impondremos un 25% a Canadá. Van a tener que pagar aranceles". A lo que Carney replicó entonces que "Canadá mantendrá sus aranceles hasta que nos muestren respeto".

Y volvía a arremeter Trump contra sus vecinos con sus ansias de anexión al afirmar que Canadá "debería ser el estado 51". "Canadá no está en venta. Canadá nunca será parte de América de ninguna forma", dejaba claro en mayo, lo que no gustó a Trump, que lo ponía en duda: "Nunca digas nunca".

Carney se pronunciaba así antes y después de llegar al poder en Canadá y, de hecho, es lo que le hizo ganar popularidad en la política, porque ya era reconocido en lo económico, dirigó el Banco de Canadá y después el Banco de Inglaterra. Pero el pulso con Trump va más allá de nombres propios. "Las intenciones de Donald Trump constituyen ya un daño irreversible. No hay vuelta atrás", aseguraba en este jueves en Al Rojo Vivo Pedro Rodríguez, profesor de Relaciones Internacionales. Se habla así ya de una fractura del orden mundial.

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