Su misión, perseguir migrantes

Trump dispara el presupuesto de un ICE que actúa sin piedad y que la sociedad trata de parar

¿Por qué es importante? Su partida presupuestaria es de 37.000 millones de dólares, más que el gasto en Defensa de 185 países. En una de sus últimas actuaciones han hostigado a una repartidora de comida que se ha librado de ser detenida por la bondad de los dueños de una casa donde iba a entregar un paquete.

El Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) la policía migratoria del presidente Trump encargada de hostigar a las personas extranjeras en suelo estadounidense, está sobrefinanciado. En este sentido, desde su fundación en 2003, su presupuesto se ha ido incrementando progresivamente, pero en el segundo mandato de Trump, la partida ha ascendido hasta los 37.000 millones de dólares, más que el gasto en Defensa de 185 países del mundo.

Con tal cantidad de dinero a su disposición está contratando a todo tipo de personas, muchas de ellas sin formación, que se dedican a detener y molestar a la población migrante indiscriminadamente. Tal es la situación que en distintas ciudades se han convocado grandes manifestaciones para echarles de allí. Un ejemplo es Minnesota, donde la semana pasada mataron a Renee Nicole Good, una mujer estadounidense de 37 años, madre de tres hijos que se negó a bajar del coche cuando le dieron el alto. Desde entonces se han convocado numerosas y multitudinarias concentraciones y el alcalde, Jacob Frey, ha mandado a los oficiales: "A tomar por culo".

No obstante, en las últimas horas de la tarde de este martes se ha conocido otro caso, el de una repartidora de comida. Los agentes la cercaron cuando iba a entregar un paquete y la dueña de la casa le dejó entrar viendo el pánico que tenía. Esta señora llamó a la policía porque no sabía qué hacer y estos le dijeron que "pueden tirar la puerta abajo", pero ella defendió a la migrante y afirmó que "no abrirán la puerta si no tienen una orden". "No vais a disparar a nadie", les advirtió a los agentes desde la ventana de su casa.

Por su parte, la repartidora, en medio de un llanto incontrolable, le suplica a los oficiales que la dejen salir. "Tengo a mis niñas solas, me van a deportar. Vosotros separáis familias", les esgrimió. Al mismo tiempo, los propietarios de la casa, impotentes, también les reprendieron: "Sois unos nazis modernos"; "Fuera hasta que no tengáis una orden".

Finalmente, fueron obligados a abandonar y no detuvieron a la mujer, pero no se marcharon con las manos vacías, puesto que arrestaron a su marido que esperaba a la repartidora dentro de su coche frente a la casa.

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