Algo más que un presidente de EEUU

Trump, el señor del mapamundi... y de la IA: así juega a redibujar fronteras y renombrar el mundo como forma de presión

Los detalles A golpe de inteligencia artificial, el republicano ha fantaseado con que su silueta delimite el territorio de Irán mientras rebautiza lagos como el de Ontario o golfos como el de México. Su última ocurrencia, un Ormuz al que quiere llamar "el Estrecho de Trump".

Como si fuera un juego de mesa. Así ve Donald Trump el mapa del mundo. Pintado a lápiz además, para en el caso de que él quiera poder redibujar o renombrar todo lo que hay en él. Le da lo mismo que sean las fronteras de un país o el nombre de un lago. Le da lo mismo que sean ideas cada vez más alocadas con tal de recibir un aplausos de sus más fieles. Le da lo mismo que pueda o que no pueda hacerlo si con solo decirlo puede presionar al resto del planeta.

Porque ya se ha visto con Groenlandia y con Canadá. Porque ya ha rebautizado el lago Ontario como lago América creando un buen cisma, otro más, con el país vecino. Lo hizo presumiendo, afirmando que a la gente de Google Maps le había encantado la idea y que el negocio había aumentado. Lo hizo del mismo modo que hizo en su momento con el Golfo de México y como quiere hacerlo con un estado de Nuevo México al que pretende llamar "Nueva América".

Así es él. Así es un Trump que ahora ha tenido una nueva ocurrencia con Ormuz. Con un lugar alejadísimo de Estados Unidos para el que tiene un nuevo nombre: "El Estrecho de Trump".

Y su público, entusiasta como pocos, aplaude y vitorea cada decisión de su líder por más absurda y delirante que parezca: "Siempre quiere dar una impresión de poder y de dominio. Por una parte satisface a su ego; por otra, a sus seguidores", ha explicado José Enrique de Ayala, analista de política internacional.

En redes, hasta ha fantaseado con americanizar territorios que no le pertenecen. A lo Chaplin, cuando parodiaba a Hitler en 'El gran dictador', se divierte manejando el globo terráqueo hasta que se rompe en un capricho al que también eran muy aficionados Stalin y Mussolini.

Con la inteligencia artificial como aliada, Trump pretende redefinir el mundo a golpe de mazo y de nuevas tecnologías en un imaginario en el que hasta las fronteras de Irán quedan delimitadas por su propia silueta.

"Para cambiar un nombre tiene que haber consenso entre todos los estados ribereños. Él lo ha hecho de forma unilateral, como muestra una vez más de que puede hacer lo que quiera", indica De Ayala.

Son cosas de Trump. Son cosas del presidente de Estados Unidos. De un país que fue el único que votó en contra para que África viera reflejado en un mapa su tamaño real tras 450 años mientras su líder hace y deshace a su antojo toda frontera o nombre que ve y que quiere que sea suyo.

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