La previsión, pesimista

Venezuela, en situación crítica: la lluvia y las altas temperaturas dificultan aún más las tareas de rescate tras los terremotos

Los detalles Muchos afectados prefieren quedarse en la calle pese a tener que convivir con suciedad y escombros antes que regresar a sus viviendas y correr el riesgo de verse envueltos en un nuevo derrumbe.

Una situación límite. Es lo que están viviendo los equipos de rescate que trabajan en las zonas afectadas por el doble terremoto que el pasado miércoles sacudió Venezuela. Las altas temperaturas y las lluvias están complicando, y mucho, las tareas de los servicios de emergencias.

Durante el día se están alcanzando temperaturas de hasta 32 grados en La Guaira, donde se acumulan decenas de cuerpos amontonados, sin recoger y, en algunos casos, cubiertos de cal. Al lado, la gente vive en la calle, en campamentos improvisados, sobre colchones o en tiendas de campaña, ya que ni siquiera los edificios que han quedado en pie son seguros para regresar.

"Dormimos aquí, los niños rodeados de mosquitos e insectos, y no tenemos dónde cocinar. Miren el estado de todo esto", relata una vecina cuya vivienda ha quedado completamente derrumbada.

Pero en las últimas horas ha llegado un nuevo adversario: la lluvia. Las fuertes precipitaciones que están cayendo en el norte de Venezuela hacen que las posibilidades de que se produzcan riadas ante la acumulación de escombros se multipliquen, convirtiendo estos campamentos improvisados en un peligro para la seguridad de quienes no tienen otra opción para pasar los días posteriores a la catástrofe.

Muchos no tienen una casa a la que volver, pero quienes han corrido la suerte de que su vivienda no se haya visto afectada tampoco quieren regresar por miedo a un nuevo seísmo, ya que hay una alta probabilidad de que se produzcan réplicas. "Es normal que las réplicas duren días, semanas, incluso años y que puedan tener bastante magnitud, cercana a seis", explica el geólogo y divulgador científico Nahúm Méndez.

No obstante, el experto señala que "no hay una manera de saber cuándo va a ocurrir el siguiente terremoto, ni si será devastador". Por eso, miles de venezolanos prefieren seguir en las calles, por muy extremas que sean las condiciones climáticas y de higiene, antes que regresar a sus hogares y correr el riesgo de verse envueltos en nuevos derrumbes.

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