"¡Que es España, coño!"

La "chapuza" de Armada por querer poner a Carrillo de ministro y otras conversaciones de Antonio Tejero en el 23F

¿Por qué es importante? Los documentos revelados respaldan la versión oficial que se tenía hasta ahora del 23F: que a Tejero lo engañaron, como afirma su mujer, Carmen Díez, en una llamada: "Que han dejado tirado a mi marido como una colilla. Que le han dejado tirado, es un desgraciado".

El ex teniente coronel de la Guardia Civil y autor del golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, Antonio Tejero, ha muerto este miércoles a los 93 años en su casa de Valencia, el mismo día que se han desclasificado los documentos del 23F. Algunos capítulos de la vida del gran protagonista de esos papeles no pueden caer en el olvido.

Eso sí, si esperaban referencias concretas a que el rey alentara el golpe, o dejara hacer, o jugara con la idea del autogolpe para luego él reforzarse ante los españoles, de eso no hay nada. Sólo se ha encontrado una frase contra el relato oficial. Pertenece a Kika Tejero, hija de Tejero, quien le contó a su suegra que Juan Carlos I estaba al tanto del golpe. "Y ya se rajaron todos los demás capitanes generales, pero tenía detrás a Milans del Bosch, a Armada, al rey y al del Goloso, como se llame, y todavía lo han dejado en la estacada", dijo.

Excepto estas declaraciones, los documentos revelados respaldan la versión oficial que se tenía hasta ahora del 23F: que a Tejero lo engañaron, como afirma su mujer, Carmen Díez, en una llamada. "Que han dejado tirado a mi marido como una colilla. Que le han dejado tirado, es un desgraciado", llegó a decir.

También es muy significativo el momento en el que Tejero se queja al falangista Juan García Carrés de que Alfonso Armada quería meter en un nuevo Gobierno de concentración al comunista Santiago Carrillo. No cuesta imaginar cómo se sintió Tejero, que se creía que iba al Congreso con su arma y su tricornio a restablecer el orden y la ley.

La conversación entre Juan García Carrés, quien fue dirigente del Sindicato Vertical franquista, y el propio Tejero, aún en el interior del Congreso, comenzó con un "dígame. Un momentito por favor" del falangista, a lo que Tejero contestó: "Coño. Me cago en la leche...". En esa llamada telefónica, el primero le reclamó: "¿Cómo ha ido esa conversación? ¿Alfonso también?". "Sí, quería hacer una chapuza el tío, quería...(ininteligible) Carrillo y el ministro no se qué", replicaba entonces el exmilitar.

Tejero y el resto de guardias civiles tomaron el Congreso de los Diputados a golpe de disparos y ese ya famoso grito de "¡quito todo el mundo!". A partir de ese momento, empezaron sus horas en vilo dentro del hemiciclo. Desde allí Tejero mantuvo comunicación con el exterior, uno de ellos, el líder del Sindicato Vertical. "¿Qué hay, Juanillo?", se puede leer en los documentos desclasificados este miércoles. A lo que García Carrés respondió: "Oye, ¡marchas militares en Radio Nacional!".

García Carrés era una de sus comunicaciones frecuentes que, como han escuchado en las imágenes sobre estas líneas, le animaba en la espera con un rotundo: "¡Que es España, coño!". Pero los ánimos se convertirían más tarde en oídos sordos ante la idea de retirada, cuando fracasa el golpe, para lo que intentaron persuadir a su mujer. "Por qué no vas tú a verle y tratas de que resuelva esto", trató de convencerla una persona sin identificar. "Quiero que tú me acompañes", le contestaba ella.

Pero Tejero no llegó a contactar con su mujer, lo único que supo es a través de García Carrés, quien le comunicó: "Está muy bien tu familia, ¿eh? He hablado con ellos". Su mujer intentaba desesperadamente comunicarse con él, sin ninguna intención, y García Carrés en un momento trató de conectarles. "Estoy hablando con Antonio por el otro teléfono", le dijo el falangista a Carmen Díez, a lo que ella reaccionaba con un "vale, gracias a dios". "Está fenomenal", la tranquilizaba Carrés, pero ella pedía hablar con él: "¿No puedo oírle?". "Hombre, pues voy a ver si puedes, un momento. Habla bien fuerte para que ella te oiga", pedía Carrés.

"¡Papá!", exclamó ella entonces, pero Tejero se quejaba: "No me oye". "Sí te oigo", contestaba su mujer. Pero sin poder comunicarse claramente, Díez acabó pidiendo a García Carrés: "Dile, por dios, que no haya sangre ninguna". "No, hombre, no va a haber sangre, hija mía", le aseguraba el falangista. "Y que salga lo mejor que pueda, y que lo queremos muchísimo todos", se despedía, finalmente, la mujer de Tejero.

Cuando ya fue consolidándose aquel día como un mero intento, porque el Ejército no estaba de su parte, intentó buscar otras formas de contacto. "Estoy intentando varias veces que Antonio me llame a mí (...) El director general de Seguridad quería que grabasen mi voz y con un megáfono decírselo, pero conozco a Antonio y Antonio piensa que me han forzado. Yo lo que quiero es hablar con él por teléfono", pidió.

La intentaron persuadir para que fuese y ella se lo planteó, porque quería intentar convencerle. "El tonto desgraciado, lo han dejado solo para no variar", expresó. Sintió que a su marido le habían engañado, igual que su hija. "Nada, mi madre va a hablar con mi padre, porque a mi padre le han dejado atrás entero, solamente lo ha apoyado Milans del Bosch y, al ver que no apoyaba nadie más, ni Armada, ni rey, ni nada, estaba todo el mundo detrás, a ver… Milans del Bosch lo ha dejado y mi madre va a ir ahora allí a ver si puede pasarle una cinta, porque mi padre no se cree…, no puede creerse que lo han dejado en la estacada… y voy a ir con ella a ver… qué pasa", dijo aquel 23F.

Incluso el propio Tejero se dio cuenta. Sabía del engaño de Alfonso Armada, que quería presidir un gobierno, incluso, con los comunistas. "Sí, pero dile a Pedro que le diga a Milans que no se fie nada de Armada, que lo que quiere es ser presidente como sea al precio que sea", afirmó. Cuando finalizó el intento, a su mujer no le recomendaron ir a verle y habló con su hijo preocupado por la pena de muerte: "Bueno, y ahora ¿qué va a pasar con padre?". "Pues no lo sé, nada más le pido a dios que salga sano. Que esté en prisión toda su vida", aseveró entonces Carmen Díez. El resto es historia, ahora desclasificada.

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