Entre el 7 y 13 de enero se extrajeron 9 órganos sólidos en los hospitales madrileños

Filomena no pudo parar los trasplantes de órganos: así se salvaron 23 vidas durante la nevada en Madrid

El ritmo no se paralizó, a pesar de que la mitad de la plantilla de centros como el Ramón y Cajal no pudo llegar a su lugar de trabajo por la acumulación de nieve. El destino de los trasplantes lo decide la ONT y los órganos pueden viajar en tren, carretera o avión.

Si suena el aviso de un trasplante, el mundo se detiene por un pequeño instante. Inmediatamente después, la vorágine y la lucha contra el reloj, además del cumplimiento estricto del protocolo, se hacen con todo. No hay nada que pare una alerta de un órgano disponible. Poco hay tan importante.

Ni siquiera el mayor fenómeno meteorológico que haya vivido gran parte de España en medio siglo. Ni Filomena, ni el hielo. Da igual que la capital de España, y epicentro de la nevada, esté colapsada. Que las carreteras estén impracticables. Que los propios termómetros se congelen. Si hay un trasplante, nada puede parar.

Así sucedió durante el temporal en la Comunidad de Madrid. Entre los días 7 y 13 de enero se realizó la extracción de nueve órganos sólidos en los hospitales universitarios La Paz, Ramón y Cajal, y Clínico San Carlos. Y de todas ellas, que compitieron tanto a órganos sólidos como a tejidos, se beneficiaron más de 23 pacientes a lo largo de todo el país.

Hígado, riñones y córneas extraídos en la misma noche

La borrasca fue un auténtico reto para estos equipos de sanitarios, especializados hasta decir basta. “Este temporal no lo hemos vivido antes”, sonríe Adolfo Martínez Pérez, coordinador de trasplantes del Hospital Universitario Ramón y Cajal, en la capital madrileña, en conversación con laSexta.

Ni ellos… ni nadie. Filomena dejó a la ciudad, y a otras tantas localidades a lo largo y ancho del país, bloqueadas y sin recursos suficientes para hacerle frente, a pesar de los avisos reiterados de las instituciones meteorológicas. Pero, con todo y con ello, todo funcionó: en el Ramón y Cajal, por ejemplo, en la madrugada del viernes 8 de enero, cuando Madrid ya estaba cubierta por una generosa capa de nieve nunca antes vista -y que se multiplicaría con el paso de las horas- se hizo una extracción de hígado, de riñones y de córneas.

Cinco pacientes se beneficiaron de las extracciones de órganos que hizo el Ramón y Cajal el viernes 8

Los beneficiarios fueron cinco pacientes. Uno de ellos, el que recibió el trasplante hepático y que residía en Andalucía, “estaba a punto de fallecer”. Mientras, ese mismo día, ese mismo hospital recibió un hígado desde otro complejo sanitario de la Comunidad de Madrid, y se implantó con éxito.

No es casualidad: estas partes del cuerpo son las especialidades del Ramón y Cajal. Es un hospital de referencia para trasplante hepático y renal. “El trasplante de riñones empezó a hacerse con la apertura del hospital, en el año 78. El de hígado [cabe recordar que es un órgano de riesgo vital], desde los primeros años de los 80”, comenta el doctor Martínez.

Seis órganos implantados en Madrid durante la nevada

Similar actividad se vivió en los otros complejos sanitarios de la comunidad autónoma. En la madrugada del jueves al viernes se extrajeron en el Hospital Clínico los riñones y el hígado, además de las córneas de una donante. El mismo día 8, en el Hospital La Paz, fueron extraídos el hígado, los riñones, córneas y tejido osteotendinoso de los que se han podido beneficiar más de diez pacientes.

Además de la actividad de extracción, en la Comunidad de Madrid se implantaron, aun con la nevada persistente, seis órganos que han permitido salir de la diálisis o salvar la vida a otros pacientes. Uno de ellos, como se detalla anteriormente, fue en el mismo Ramón y Cajal.

"Estábamos preparados para trasplantar incluso en esas condiciones"

Adolfo Martínez, coordinador de trasplantes del Hospital Universitario Ramón y Cajal

Dentro de las paredes de este centro, la gran nevada fue lo último en lo que se pensó. Afortunadamente, todavía se pudieron hacer todas las extracciones “sin complicaciones logísticas”, confirma el coordinador del Ramón y Cajal. Pero, cuando la Oficina Regional de Coordinación de Trasplantes -ORCT- volvió a mandar un aviso de que un hospital de Madrid podía tener otro órgano disponible, la nieve ya alcanzaba prácticamente el medio metro de altura en la calle. “Estábamos preparados para trabajar incluso en esas condiciones, se habría trasladado como se hubiera podido, aunque, finalmente, no pudo ser válido el órgano del posible donante”, suspira.

Media plantilla no pudo llegar al hospital

Con la pandemia, primero, y con Filomena, después, todo el protocolo cambió un poco. Se hace lo mismo, “pero se avisa antes a ver si es posible”, ríe el doctor Martínez. Especialmente con la gran nevada, el reto estuvo en poder disponer de personal. “Nos llaman para ver cuál es el hospital menos aislado, para ver si éramos capaces, si había enfermeros suficientes. Parte de la plantilla de trasplante no pudo venir a trabajar”, lamenta.

Los trabajadores que acudieron al hospital lo hicieron porque se desplazaron en metro, vivían al lado o ampliaron sus turnos

Los que sí acudieron fue gracias al metro o, directamente, andando “porque residían muy cerca del hospital”. Además, los que ya estaban en pleno turno los ampliaron ante la imposibilidad de ser sustituidos.

En condiciones normales, el equipo de trasplante (compuesto por médicos, enfermeras, anestesistas y toda la cadena sanitaria) lo compone más de una centena de profesionales. “Y ese día llegaron más o menos la mitad”, comenta el coordinador.

Así se hace un trasplante

Sin embargo, y a pesar de estar al 50% de trabajadores, todas las partes se saben el procedimiento a seguir al dedillo y la rueda siguió funcionando. En primer lugar, según explican fuentes sanitarias a esta cadena, lo que se hace para garantizar la efectividad de la donación y que efectivamente llegue el órgano listo para ser trasplantado es ofrecerlo “en estéreo”. Esto quiere decir que se coordinan los posibles hospitales receptores para localizar a los pacientes y ver si es posible su movilización, porque algunos de ellos se encuentran en sus domicilios, no necesariamente ingresados.

Suele ser en uno, dos, tres hospitales diferentes. Una vez recolectada toda la información, es la Organización Nacional de Trasplantes la que decide, respecto a una serie de parámetros -que no son públicos para salvaguardar la privacidad de los pacientes, como sucede con otros datos como la edad, el género o la provincia de residencia, así como la patología-, dónde va ese órgano.

Los órganos pueden viajar por carretera, tren o avión

Una vez listo el destino, se prepara la extracción y se organiza el desplazamiento. “Hay de todas las posibilidades: puede viajar el órgano por carretera, tren y avión. Si son trasplantes programados, suele tener un procedimiento estandarizado de Renfe. Normalmente, el órgano va en una nevera y el responsable, sentado en el asiento contiguo”, explica el coordinador Martínez.

Los riñones, por ejemplo, “siempre vienen por carretera”. El hígado, depende de la distancia. “Puede ser por ambulancia, o por una empresa privada de transporte de carretera. Si es más lejos, si viene de Andalucía o Galicia, directamente en avión”, detalla.

No todos los cirujanos saben cómo trasplantar

Una vez llega a la estación de destino, el órgano lo lleva habitualmente el transporte sanitario regional (el SUMMA, en el caso de Madrid). “A veces van con el equipo sanitario. Antes no era raro que nuestros cirujanos fueran al lugar de la donación para extraerlo. Pero, desde la pandemia, se intenta que los equipos no se desplacen, y van equipos de otros hospitales cercanos”, ahonda Martínez.

Puede resultar llamativo, pero el motivo no es baladí. No todos los cirujanos saben cómo realizar las extracciones de órganos. Hay algunas más sencillas y otras, más sofisticadas y requieren alta cualificación para poder llevarlas a cabo de manera satisfactoria.

La extracción de órganos como el hígado requiere de especialistas que no abundan

En el caso de los riñones, por ejemplo, es muy raro que se requiera un urólogo para poder extraerlo, puesto que se trata de un procedimiento más frecuente. El hígado, en cambio, es más peculiar, y no hay muchos cirujanos que puedan hacerlo, por lo que se suele movilizar a un equipo.

Con Filomena no iba a ser fácil. Sin embargo, contra nieve y marea, todo salió a la perfección. “Nosotros todo lo que hacemos es por los pacientes y es gracias a ellos mismos”, afirma con rotundidad Adolfo Martínez. “Todo funciona porque los donantes y sus familias son gente muy generosa que en cualquier circunstancia”.

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