Un juicio con sorpresas

Los 'historiones' del juicio contra Ábalos, Koldo y Aldama: libros de trenes, bolsas de dinero, desamor y un gato

Los detalles Las sesiones del caso Koldo están llamando casi más la atención por su intrahistoria que por ser una investigación sobre la presunta corrupción del exministro, su exasesor y el empresario. Concretamente la de la presunta trama de mordidas en la venta de mascarillas durante la pandemia.

Víctor de Aldama llegó al juicio del caso Koldo con pasteles para los medios de comunicación que se concentraban en la puerta. Llevar palomitas sería evidenciar que las sesiones del también llamado caso mascarillas están llamando casi más la atención por su intrahistoria, bueno sus 'historiones', que por ser una investigación de un caso de corrupción, concretamente la de la presunta trama de mordidas en la venta de mascarillas durante la pandemia.

Y eso que la historia en sí está bien completa con sus presuntos enchufes. "A mí en ningún momento José Luis Ábalos me dijo 'oye te he enchufado", afirmaba Claudia Montes esta semana. Eso sí, con responsabilidad. "Dice que se fue usted a leer a la biblioteca de Oviedo...", señalaba el juez. "No, fui a coger libros en horario de trabajo y eran todos referentes a los trenes. Quería saber todo lo referente a los trenes", respondía ella.

Aunque al ir a la biblioteca, los libros técnicos ferroviarios no estaban. Tampoco quería encontrar las palabras el hermano de Koldo, Joseba, que se negó a declarar: "Voy a intentar hacer lo que mi abogada me ha aconsejado y por eso no voy a contestar". Y aunque lo intentó, pero la incontinencia verbal acabó con él: "Sí, sí... es así, si la he visto. Tienes razón".

Enchufes, conocidos, desconocidos...y el dinero. El que según Carmen Pano consistió en "dos pagos de 45.000 euros cada uno" que llevó a la sede del PSOE donde un hombre desconocido lo recogía.

"¿Un gato?"

Aunque en esta historia faltaba por completarla Jessica Rodríguez, la exnovia de Ábalos, a la que su propio abogado preguntaba si su trabajo consistía en la "contraprestación económica a cambio de sexo". "No, soy dentista y estoy colegiada", aclaraba.

Dos no están si uno no quiere y aquí la más comprometida parecía ella: "Me hizo cambiar mi estilo de vida cuando yo era feliz. No cumplió las promesas que él me había hecho. Por él adopté un gato...". "¿Un gato?", susurraba extrañado Ábalos desde su sitio.

Libros de trenes, bolsas de dinero, historias de desamor y con gato o sin gato, que no nos lo den por liebre.

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