tragedia humanitaria

Trasladan el campamento de niñas en Ceuta ante el agotamiento de los vecinos: piden a las instituciones que las atienda y auxilie

Los detalles Llevan más de una semana acampadas en una pista deportiva de una zona residencial, lo que ha ocasionado problemas de ruidos y convivencia.

En el barrio ceutí de El Príncipe, centenares de chicas siguen abandonadas a su suerte, ante lo que los vecinos han tenido que elaborar un campamento improvisado para que pasen las noches tras una de las mayores crisis migratorias en la ciudad autónoma. Sin embargo, la tarde de este martes han tenido que movilizarse a una zona más alejada ante el agotamiento vecinal.

Dina es una de las tantas niñas que se han encontrado solas en las calles de Ceuta. Un vecino la ha traído al campamento de mujeres y niñas improvisado por los propios ceutís.

"Queremos darles las mejores condiciones. Son vulnerables y estaban durmiendo en la calle, con lo que ello conlleva que puedan ser violadas, vejadas...", ha explicado Ahmed Enfed-Dal, presidente de la Asociación de Vecinos del barrio de El Príncipe.

En el barrio de El Príncipe, los vecinos se han organizado para atender a las niñas que están solas en las calles. En este lugar ya hay más de 300 mujeres y niñas, durmiendo sobre alfombras y colchones compradas por los propios vecinos y algunas ONG.

"Hay sitio para ellas pero no hay colchones", ha contado una mujer. Junto a asociaciones como Save the Children y Andalucía Acoge tratan de darles el apoyo que les falta por parte de las instituciones. "Intentar calmarles, decirles que estén tranquilas, que hay unas leyes que las protegen", ha agregado Ahmed.

Los voluntarios de Cruz Roja también están en este asentamiento para darles apoyo psicológico o atender a las que tienen heridas desde que llegaron a nado.

Mientras, los médicos de Ceuta advierten de que han llegado a una situación de colapso del sistema sanitario. "La situación para nosotros es de auténtico abandono. No hay protocolos no hay instrucciones", ha contado en Al Rojo Vivo Enrique Roviralta, presidente del Sindicato Médico de Ceuta.

Unas 300 niñas y mujeres

La tarde de este martes estas niñas y adolescentes han tenido que movilizarse hacia una pista deportiva ante la presión vecinal porque estaban muy cerca de las viviendas.

En total son unas 300, entre menores y mujeres, que llevan más de una semana acampadas en una pista deportiva de una zona residencial, lo que ha ocasionado problemas de ruidos y convivencia.

Por ello, por el bienestar de las niñas y de los vecinos, este martes se ha decidido su traslado a otro campamento situado algo más alejado de las viviendas. Antes de ese trasladado han podido realizar la operación que llevaban días esperando: el registro de identidades ante el grupo de menores de la Policía Nacional.

Y es pese a que muchos vecinos de Ceuta se han movilizado para ayudar a los migrantes que entraron, han pasado ya 12 días y ya no pueden más. Piden que se atienda y se auxilie a las miles de personas que aún no tienen dónde ir.

Una a una les han tomado las huellas y han guardado sus fichas. Tras esto, será el momento de irse, pero a apenas 300 metros. "Los vecinos dicen que están hartos no quieren que esta gente esté aquí", ha contado el presidente de la Asociación de Vecinos

Son las dos caras de una misma moneda. Porque aunque hay vecinos como Ahmed que atienden a las mujeres y las niñas que se alojan en ese primer campamento provisional, cada día la tensión social aumenta y, para evitar altercados, las trasladan a otro polideportivo sin vecinos alrededor.

Una tarea que tendrían que hacer las administraciones, pero la realidad es que son los vecinos los que prestan sus manos. Como Sabah y sus amigas, que cada día preparan comida para cientos de personas migrantes. Pero tras casi dos semanas las fuerzas flaquean.

A ello se le une el colapso sanitario y un riesgo creciente: las consecuencias del hacinamiento y las condiciones de insalubridad. "Puede aparecer tuberculosis, puede aparecer cólera, puede aparecer disentería...", ha agregado Roviralta. Peligros que no desaparecen por desplazar el problema a 300 metros.

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