En la Sierra de Gredos
El calor pone en jaque al "mejor higo del mundo": la producción cae a la mitad en El Raso, Ávila
Los detalles El calor afecta a la cantidad, pero los agricultores intentan mantener intacta la calidad de un producto que es una auténtica seña de identidad de la zona.
Resumen IA supervisado
En El Raso, en la Sierra de Gredos, la producción de higos, considerada de las mejores del mundo, enfrenta un desafío significativo debido al calor extremo. Familias que han cultivado higos durante generaciones ven cómo las altas temperaturas reducen la cosecha a la mitad. Agricultores como Cesáreo, con 30 años de experiencia, luchan por mantener la calidad del producto, a pesar de que la higuera se desprende de los frutos para protegerse del calor. En esta localidad, cerca de 80 familias dependen de este cultivo, iniciando sus jornadas antes del amanecer para asegurar la calidad y sustento de sus hogares.
* Resumen supervisado por periodistas.
El olor y el sabor del higo son dos de los grandes símbolos del verano. En la falda de la Sierra de Gredos, en la localidad de El Raso (Ávila), su cultivo forma parte de la vida de decenas de famlias que llevan generaciones dedicadas a un fruto que este año se enfrenta a un enemigo especialmente duro: el calor extremo.
Por su parte, Cesáreo lleva 30 años cuidando de sus higueras. Nació en esta finca y creció entre los árboles junto a sus padres. Ahora, cada verano, vuelve a repetir una tarea que conoce a la perfección y que exige paciencia, esfuerzo y una técnica muy concreta.
"La savia de la higuera es muy irritante", explica mientras se protege con una camisa de manga larga y guantes de látex. Para alcanzar las ramas más altas utiliza un gancho y recoge los frutos uno a uno. En una buena temporada ha llegado a recolectar hasta 10.000 higos a mano: "Es el mejor higo del mundo".
El proceso cambia dependiendo de si el higo se destina al consumo fresco o al secado. Los primeros se recogen directamente del árbol, mientras que los destinados a convertirse en higos secos se dejan caer y se recogen posteriormente del suelo. Después pasan a los tableros, donde el sol hace su trabajo: el fruto verde pierde humedad y adquiere su característica apariencia de higo seco. "Hay azúcar a tope. Es un manjar", explica Césareo mientras muestra uno de los frutos recién recogidos y comprueba su calidad. Pero conseguir ese producto de prestigio es cada vez más complicado. Este año, las temperaturas extremas están poniendo en jaque la producción.
Con temperaturas tan altas como las de este verano, la propia higuera se protege y termina desprendiéndose de parte de sus frutos. El resultado es una campaña con una producción que puede quedarse en la mitad o incluso por debajo de lo habitual.
El calor afecta a la cantidad, pero los agricultores intentan mantener intacta la calidad de un producto que es una auténtica seña de identidad de la zona. En El Raso son cerca de 80 las familias que viven del cultivo del higo. Para ellas, cada campaña supone una parte importante de sus ingresos y requiere jornadas que empiezan cuando todavía no ha amanecido.
"Todos los días, además, a las 5:00 horas ya estamos recogiendo", explica uno de los trabajadores. "Los socios llegan de sus higueras, los sacan, los colocan aquí y yo los miro, los reviso, los peso, veo que está todo bien, se coloca su pegatina y luego ya se coloca el palé y al mercado", explican desde el centro.