Más desahucios

Cualquiera puede ser Maricarmen: las historias de Teresa, Tomasa y Rosario, mujeres de más de 60 desahuciadas u obligadas a compartir piso

Los detalles Las tres, a su edad, sufren ese gran problema que supone la vivienda. Teresa fue desahuciada el pasado mes de junio. Tomasa se ha visto obligada a compartir piso porque su pensión no le da para más. Y a Rosario están a punto de desahuciarla.

Cualquiera puede ser Maricarmen, la anciana de 87 años que fue desahuciada de su casa en la que había vivido durante más de 70 años. Mientras unos tratan de menospreciar a las personas desahuciadas diciendo que son un número, uno más, nosotros les queremos poner cara y nombre: Teresa, de 72 años; Tomasa, de 71 años, y Rosario, de 62.

Las tres, a su edad, sufren ese gran problema que supone la vivienda. María Teresa fue desahuciada el pasado mes de junio. Tomasa se ha visto obligada a compartir piso porque su pensión no le da para más. Y a Rosario están a punto de desahuciarla.

En Málaga, María Teresa se ha convertido en un referente de la lucha por una vivienda digna. Fue desahuciada en junio del piso en el que llevaba viviendo y pagando durante años.

Por su parte, Rosario lleva 40 años en el barrio, 20 de ellos en esa casa. Al principio pagaba 500 euros de alquiler, ahora 1.000. Aun así ha seguido pagando religiosamente todas sus mensualidades, pero una vez más eso no ha sido suficiente. Ya solo queda ella en el edificio. "Había vecinos con niños, había gente mayor... había de todo", cuenta Rosario.

El edifico se utiliza ahora como residencia para estudiantes extranjeros. El edifico es ahora propiedad de un fondo que ha transformado los pisos en 'colivings' de cinco habitaciones y así se sacan, según rosario, unos 4.000 euros por inmueble. Le ofrecen un contrato de siete años en otro edifico, pero ella se niega por ética. A mí me parece inmoral que te ofrezcan irte a un piso donde anteriormente había un inquilino como yo y que lo habían echado", indica Rosario.

En Madrid está Tomasa. A sus 71 años comparte piso en Madrid con otras tres personas. "Con la pensión mía, como me faltan años por trabajar, no me daba", indica. Cobra 680 euros de pensión y paga 250 euros por la habitación. S le quedan 400 euros para vivir y sus compañeros son ahora su familia.

"Tenemos el salón. Nos juntamos de vez en cuando para ver una película. Les quiero un montón y ellos me quieren un montón", cuenta. Además, asegura que si algún día tiene su propia casa le abrirá las puertas a cualquier abuelo que lo necesite.

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