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La esclavitud que sufren los migrantes utilizados por las mafias para realizar ciberestafas: "Si no llegan a las cuotas, les torturan"
Los detalles No solo somos nosotros las víctimas de las estafas que cada vez más llegan a nuestros móviles. Detrás de estas prácticas delictivas hay grupos delictivos que utilizan a personas para llevarlas a cabo.
Resumen IA supervisado
Detrás de las estafas amorosas y mensajes sospechosos de inversión hay redes criminales que captan personas, sometiéndolas a torturas y privación de libertad. Montse Ferrer, de Amnistía Internacional, describe cómo estas redes operan en el sudeste asiático, donde miles de personas, a menudo migrantes, son forzadas a cometer fraudes en condiciones de esclavitud. Vídeos muestran abusos brutales en estos centros. Las víctimas, engañadas con promesas de trabajo legítimo, llegan a Camboya solo para encontrar una realidad opresiva. A pesar de redadas, las mafias continúan operando, con apoyo estatal, dejando a muchos sin recursos para volver a casa.
* Resumen supervisado por periodistas.
Tras las estafas del amor o los mensajes que nos llegan a nuestros móviles pidiéndonos sospechosas inversiones hay una red criminal que capta a personas, engañándolas y sometiéndolas luego a torturas, violaciones y privándolas de libertad.
"En la grandísima mayoría de los casos no reciben nada, ni un euro, y tienes cuotas. Si no llegas a estas cuotas, que son, por ejemplo, estafar a 10 personas, te vamos a torturar. Y además, si tú te quieres ir, nos vas a tener que pagar", señala Montse Ferrer, directora regional para Asia y Pacífico de Amnistía Internacional.
En el vídeo principal que acompaña a la noticia se puede ver cómo ponen a un grupo en fila, de rodillas y con un bate van golpeándolos uno a uno. A otros, los tumban boca abajo y entre varios hombres les propinan una paliza. Son imágenes grabadas en el interior de edificios en el sudeste asiático, desde donde se realizan ciberestafas a gran escala. Cientos de miles de personas, a menudo migrantes, trabajan en estos centros en condiciones de esclavitud, obligados a cometer todo tipo de fraudes.
"Hablé con, por ejemplo, una mujer de Latinoamérica que se pensaba que iba a ser enfermera. Hablé con una persona de África que se pensaba que iba a ser profesor de inglés. Entonces, esta gente llega a Camboya y se les confisca el pasaporte y se les dice, ahora lo que tú pensabas que venías a hacer, pues no es", explica Montse Ferrer.
Camboya lleva meses realizando redadas en los centros, pero luego las mafias siguen operando y abriendo otros nuevos. En este sentido, la directora regional para Asia y Pacífico de Amnistía Internacional, subraya que "unas bandas criminales no podrían operar al nivel que están operando si no hubiera un apoyo del Estado" .
Tras las redadas, muchos trabajadores esclavos han salido huyendo en masa de los centros sin pasaporte, sin comida, sin dinero y sin ayuda para regresar a sus hogares.