Estado del bienestar

Horas en carretera, humedades y un coche para las urgencias con 25 años: la odisea diaria de la sanidad rural en Teruel

¿Por qué es importante? El verdadero despacho de Sergio, el médico titular de Báguena, es su propio vehículo particular. "El freno de mano tampoco funciona, por cierto", apunta Claudia, la enfermera que le acompaña

Son apenas las nueve de la mañana y Sergio ya ha terminado de pasar consulta en el primer pueblo de su ruta. Bienvenidos a la sanidad rural de Teruel. Un trabajo donde si no conduces, no ejerces.

El verdadero despacho de Sergio, el médico titular de Báguena, es su propio vehículo particular. El centro de salud de cabecera dispone de un coche oficial reservado para las urgencias, pero la realidad de ese vehículo parece una broma de mal gusto: tiene goteras y su "tecnología punta" se reduce a un reproductor de casette.

El coche acumula más de 25 años a sus espaldas -más edad que muchos de los residentes que empiezan ahora-. "El freno de mano tampoco funciona, por cierto", apunta Claudia, la enfermera que muchas veces acompaña a Sergio en las rutas. Nos cuenta con ironía que este es el coche "nuevo"; el anterior sencillamente se rindió en mitad de una carretera, cuando iban hacia una urgencia.

Lo mejor de la sanidad rural son sus profesionales. El trato es sumamente cercano; los sanitarios conocen al detalle la vida de cada paciente y los vecinos, por su parte, saben perfectamente lo que hay y valoran cada visita. Pero el volumen de trabajo no deja de crecer y las competencias asignadas a veces les desbordan .

En esta zona concreta de Teruel, Sergio y Claudia asumen cargas extraordinarias que complican enormemente su día a día:

  • Atención al centro de refugiados: Dan servicio médico y de enfermería a un centro de acogida de la zona. Una tarea compleja porque muchos refugiados no hablan español, vienen con enfermedades poco frecuentes aquí y no permiten, por ejemplo, las extracciones de sangre, porque van contra sus creencias.
  • Soporte a residencias privadas: Coche arriba, coche abajo, su ruta incluye también la visita a una residencia de ancianos de la zona. Un centro privado que alberga a casi 100 personas pero que, de manera sorprendente, no cuenta con médico ni enfermera propios en su plantilla, delegando toda la asistencia en los saturados profesionales del sector público rural.

El espejismo de las ratios y la bomba de relojería del verano

Desde los despachos de las grandes ciudades suele argumentarse que las ratios de las tarjetas sanitarias en los pueblos son más pequeñas, situándose habitualmente por debajo de los mil pacientes por profesional. Sin embargo, este cálculo ignora la dispersión geográfica -las horas perdidas en carretera para ir de un municipio a otro- y un fenómeno estacional crítico: el verano.

Con la llegada del buen tiempo y las vacaciones, la población de los pueblos de Teruel se multiplica exponencialmente al regresar las familias y los veraneantes. Sin embargo, los puestos de trabajo y los contratos de refuerzo no aumentan en la misma proporción.

Las bajas, las jubilaciones y las vacaciones de los titulares del verano directamente no se cubren.

¿Y quién termina pagando las consecuencias de este déficit estructural? Los pacientes. Ciudadanos que comprueban, año tras año, cómo por el simple hecho de elegir vivir en un pueblo, sus impuestos rentan menos .

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