Incendio de sexta generación
El incendio de Madrid está "fuera de capacidad de extinción": el experto forestal Paco Castañares explica por qué las próximas horas serán críticas
¿Qué ha dicho? Aunque insiste en que hay que mantener la calma y aprovechar cualquier oportunidad para combatir las llamas, el experto reconoce que la situación actual deja muy poco margen de actuación: "No se puede atacar prácticamente desde ningún lado del frente".
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El experto forestal Paco Castañares advierte sobre la gravedad del incendio en la Comunidad de Madrid, describiéndolo como un fuego de sexta generación, fuera de capacidad de extinción. A pesar de la necesidad de mantener la calma, Castañares destaca que el cambio de viento ha complicado la situación, creando un efecto Foehn que seca la vegetación y facilita la propagación del fuego. Aunque el incendio avanza cuesta abajo, lo que ralentiza su expansión, el viento podría anular esta ventaja. Castañares enfatiza que aumentar los medios aéreos no cambiaría el resultado y aboga por esperar una "ventana de oportunidad" para actuar. Critica la falta de gestión preventiva de la vegetación, sugiriendo reducirla y usarla como recurso energético.
* Resumen supervisado por periodistas.
Es difícil ser optimista. Esa es la advertencia del experto forestal Paco Castañares sobre el gran incendio que afecta a la Comunidad de Madrid, un fuego que, según explica, está completamente fuera de capacidad de extinción y cuyo comportamiento responde al de los llamados incendios de sexta generación.
Aunque insiste en que hay que mantener la calma y aprovechar cualquier oportunidad para combatir las llamas, Castañares reconoce que la situación actual deja muy poco margen de actuación: "No se puede atacar prácticamente desde ningún lado del frente", afirma.
Uno de los factores que más ha complicado la evolución del fuego ha sido el cambio del viento. Según explica el experto, el viento del norte ha provocado un efecto Foehn, un fenómeno meteorológico que seca todavía más la vegetación y convierte el monte en un combustible mucho más inflamable. Este proceso ya se ha visto en otros grandes incendios, como los de California, impulsados por los conocidos vientos de Santa Ana. El aire pierde la humedad al atravesar la montaña y desciende extremadamente seco, alimentando el avance de las llamas.
Aun así, Castañares señala un único aspecto favorable: el incendio avanza cuesta abajo en parte de su recorrido, lo que ralentiza ligeramente su propagación porque las copas de los árboles no quedan directamente expuestas a las llamas. Sin embargo, advierte de que esta ventaja puede quedar anulada por la fuerza del viento.
El experto insiste en que, cuando un incendio está fuera de capacidad de extinción, la prioridad absoluta debe ser la seguridad de los equipos de emergencia y de la población. Explica que un cambio repentino en la dirección del viento puede convertir un flanco relativamente seguro en la cabeza del incendio en cuestión de minutos, atrapando a los bomberos o generando focos secundarios mediante pavesas que prendan fuego a su espalda.
"Da lo mismo que haya 60 aviones o 60.000"
Castañares lanza un mensaje contundente sobre la utilidad de los medios de extinción en una situación como la actual. Según explica, cuando un incendio alcanza estas dimensiones y está fuera de capacidad de extinción, aumentar el número de aviones o helicópteros no cambia el resultado. "Da lo mismo que tengamos 60 aviones, 60.000 o millones de ellos cargados de agua; no harían absolutamente nada", asegura.
Por eso defiende reservar el esfuerzo humano y material para cuando llegue una "ventana de oportunidad", es decir, un cambio en las condiciones meteorológicas que vuelva vulnerable al incendio y permita atacarlo con mayores garantías. Para Castañares, el incendio de Madrid responde al patrón de los denominados megaincendios o incendios de sexta generación, fuegos capaces de interactuar con la atmósfera y generar un comportamiento extremadamente agresivo.
Más allá de la meteorología, el experto apunta a un problema estructural: la acumulación de vegetación en los montes. Asegura que cada año aumenta de forma considerable la cantidad de combustible forestal disponible y lamenta que, pese a los grandes incendios registrados en los últimos años, no se haya apostado por una gestión preventiva.
"Hemos gastado cantidades ingentes de dinero intentando apagar incendios, pero no hemos dedicado ni un solo euro a gestionar el combustible forestal", critica. Para Castañares, la solución pasa por reducir la carga de vegetación antes de que se produzcan los incendios, aprovechando además esa biomasa como recurso energético.