Escuchar, acompañar, empatizar

Mucho más que cuidar: las enfermeras oncológicas de La Paz que acompañan al paciente desde el diagnóstico

El contexto En el Hospital de Día de Hemato-oncología de La Paz, esa forma de cuidar tiene nombre propio: María Antonia Rebollo, que tiene 40 años de experiencia: "Los pacientes no son números, sino personas".

Hay momentos en los que una mirada dice más que cualquier historia clínica. Un gesto, una postura, un silencio o una mano que busca otra mano pueden contar cómo se encuentra una persona cuando las palabras no alcanzan, algo que las enfermeras oncológicas saben bien. Son quienes permanecen al lado de los pacientes desde los primeros momentos de su enfermedad y quienes, además de administrar tratamientos y prestar cuidados específicos, aprenden a reconocer aquello que no siempre aparece escrito en un informe.

En el Hospital de Día de Hemato-oncología de La Paz, esa forma de cuidar tiene nombre propio: María Antonia Rebollo. Lleva más de 40 años trabajando como enfermera oncológica y, durante todo este tiempo, ha aprendido a mirar más allá de los números: "Los pacientes no son números ni son números de historia. Los pacientes son personas".

María Antonia conoce bien cada rincón de esta sala. La recorre una y otra vez, observando a quienes esperan, reciben su tratamiento o simplemente pasan allí parte de su día porque, explica, muchas veces lo importante no se dice: "Hay muchas veces que el paciente no habla, no te dice, pero tú le estás mirando, en la posición que está sentado, de qué manera no se mueve, qué cara tiene".

Y cuando no se puede cambiar lo que le está ocurriendo a una persona, todavía queda algo fundamental por hacer: estar. "Acompañarla. Acompañarla siempre. Acompañarla con la mirada, con los gestos, con la cercanía, demostrando la empatía, demostrando que estás con ella". También hay momentos en los que el mejor cuidado no consiste en hacer más, sino simplemente en permanecer al lado.

¿Cómo saben cuándo un paciente necesita hablar y cuándo solo necesita compañía? María Antonia asegura que las enfermeras desarrollan con el tiempo una sensibilidad especial para reconocerlo: "Las enfermeras tenemos un sentido muy agudizado en conocer a los pacientes y conocer a las personas con la mirada solamente".

"A veces basta con cogerles de la mano"

"Yo tengo perfectamente claro cuando un paciente solo quiere que te sientes a su lado y le dejes hablar si puede y si no, simplemente que tenga la sensación de que le vas a escuchar". A veces son necesarios minutos de conversación. Otras veces basta con sentarse junto a ellos. Y en ocasiones, simplemente, cogerles de la mano.

Porque incluso cuando parece que el paciente no escucha, María Antonia insiste en que esos gestos llegan: "Es que parece que no me oye, es que sí te oyen, sí te escuchan, sí notan que les estás apoyando y que estás agarrando la mano". Trabajar con pacientes oncológicos exige conocimientos y cuidados específicos, pero para María Antonia, hay algo que no se aprende únicamente con los libros.

Después de más de cuatro décadas junto a personas que atraviesan situaciones de enfermedad, asegura que este trabajo también cambia la manera de mirar la vida: "Esto es una escuela de vida". "Muchas veces cuando tenemos tantos problemas y queremos sacar tantos problemas de todo, deberíamos ver dónde realmente están los problemas... y donde está comprometida la vida, las situaciones familiares y todo lo demás".

Por eso, quienes trabajan en este ámbito reclaman que la especialidad de la enfermería oncológica tenga el reconocimiento que merece. Porque, como recuerda María Antonia, las enfermeras no pueden serlo todo: "Las enfermeras no servimos para todo, eso es una antigua historia que nos persigue la vida".

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