Crisis humanitaria
"Soy menor, tengo miedo de los hombres solteros": el temor de cientos de mujeres atrapadas sin techo ni comida en Ceuta
La otra cara Mientras miles de migrantes están ya en los centros habilitados por el Gobierno, la realidad de muchas de ellas es bien diferente. Esperando en las puertas, donde están más seguras y prefieren estar a pesar de no tener ni duchas ni baños.
Resumen IA supervisado
Las mujeres que llegaron a Ceuta desde Marruecos enfrentan una situación desesperada mientras esperan obtener una plaza en los centros habilitados por el Gobierno. Con sus hijos, han pasado más de 30 días en la calle, anhelando un lugar seguro entre las 320 plazas disponibles, como en un centro ecuestre. Sin moverse del lugar, enfrentan la falta de servicios básicos y dependen de voluntarios para alimentarse. A pesar de las condiciones extremas, prefieren quedarse allí antes que regresar a sus países de origen, sintiéndose más seguras en el campamento improvisado que enfrentando los riesgos externos.
* Resumen supervisado por periodistas.
Es su gran objetivo. Es algo que más que ser un deseo es, para ellas, una necesidad. Que para las mujeres que llegaron a Ceuta cruzando la frontera con Marruecos es casi ya una urgencia. Porque muchas de ellas están con sus hijos e hijas. Con sus niños y niñas. En familia, esperando a obtener una plaza en uno de los centros habilitados para el Gobierno.
Llevan más de 30 días en la calle. Más de un mes con la esperanza de tener cobijo. De haber sido una de esas personas en obtener una de las 320 plazas disponibles en, por ejemplo, un centro ecuestre en el que esperan fuera. Lo hacen porque allí están más seguras.
Y no se mueven. No se mueven para absolutamente nada. Saben lo que espera si lo hacen. Saben que, además, no llegan ni las ONG ni los Gobiernos. Que, además, no tienen ni baños ni duchas. Que si comen es gracias a un pequeño grupo de voluntarios.
Pero prefieren eso. Prefieren no bajar siquiera a asearse. Prefieren hacer todo en los bosques y no ir ni a los baños que están a menos de cinco minutos a pie. "Nos tratan como animales", cuentan sobre la situación extrema que viven. Con algo que tampoco las ha hecho plantearse regresar a sus países de origen.
So dos realidades. La realidad de la hípica con la que hay fuera. Las que lograron plaza y las que viven en un campamento improvisado donde dicen se sienten más seguras. "Tengo miedo de los hombres solteros. Soy menor", dice una joven.
"Aquí no hay tanto peligro. Fuera hay mucho riesgo", expresa otra mujer que allí se encuentra a la espera de una plaza en un centro habilitado por el Gobierno.