Escena rocambolesca en Barcelona

Tropezones, ruidos y un intento fallido por esconderse en un congelador: la torpeza de dos ladrones da pie a un robo surrealista en una pastelería de Terrassa

Los detalles Una ladrona tropezó dos veces con el mismo cable y, al intentar huir de la policía, dejó un reguero de sangre que permitió a los agentes dar con su paradero en cuestión de segundos.

Uno de los robos más surrealistas que se recuerdan. Es lo que se vivió la semana pasada en una pastelería de Terrassa (Barcelona) que fue asaltada por la noche por un hombre y una mujer que trataron de llevarse el dinero de la caja registradora en el local. Eran las 3:13 horas de la madrugada cuando las cámaras de seguridad comenzaron a captar la escena. El ladrón arrancó la caja registradora, pero no se dio cuenta del cable que colgaba de la misma, por lo que tropezó, pegándose un brutal costalazo en la barra. Acto seguido, intentó sacarla por la ventana, pero no se dio cuenta de que, para eso, era necesario que él estuviese fuera primero.

Al intentar salir, se quedó atascado entre los barrotes mientras intentaba sujetar la caja y pedía ayuda a su acompañante. Pocos segundos después, logró colarse entre las rejas y salir, pero no tardó en darse cuenta del siguiente problema: la caja registradora era más grande que la distancia entre los barrotes. "¡No cabe, no cabe!", gritó el ladrón.

En ese momento, apareció la Policía. A él no tardaron en capturarle, pero ella intentó resistirse. "¡Al suelo!", gritaron los agentes apuntándole con su arma, pero ella trató de escaparse por el mismo camino que había recorrido antes, pero se olvidó del cable con el que había tropezado previamente, por lo que volvió a pisarlo y, de nuevo, a caerse en el mismo sitio.

Pese a ello, trató de escaparse a gatas, llegando hasta un congelador en el que se intentó ocultar. Sin embargo, los agentes no tardaron en dar con ella, ya que en una de sus múltiples caídas se había cortado con un cristal, por lo que los restos de sangre indicaron a los policías el camino hacia su escondite.

Finalmente, los dos ladrones fueron arrestados y la pastelería tuvo que cerrar durante dos días para limpiar y desinfectar todo. El pasado domingo volvieron a abrir, y la clientela se volcó con ellos. En tan solo cuatro horas, el mostrador quedó completamente vacío.

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