Poco contraste

La vivienda cara ya no es solo un problema del centro: los alquileres se disparan también en los barrios periféricos

El contexto Al preguntar cuánto pagarían por el piso de Salamanca, las respuestas rondan los 1.800 euros al mes. Para el de Usera, las estimaciones bajan hasta los 1.000, pero la realidad sorprende: el de Usera cuesta 1.250 euros al mes, mientras que el de Salamanca se anuncia por 1.299.

Cuando pensamos en alquileres disparados, es fácil pensar que el problema se concentra en el centro de las grandes ciudades. Sin embargo, la escalada de precios también ha llegado a los barrios periféricos e incluso a zonas que no están declaradas como tensionadas. "No queremos vivir en el centro de Madrid por capricho, porque en las afueras tampoco se puede", denuncia Patricia, una manifestante, durante la protesta en Madrid por el acceso a la vivienda.

Y una prueba basta para comprobarlo. En Valencia, los pisos más económicos que pueden encontrarse en plataformas, aplicando filtros básicos, parten de los 1.000 y 1.100 euros al mes. Pero, al trasladar exactamente los mismos criterios al extrarradio, el precio apenas baja.

A esto se suma otro problema, una parte importante de los anuncios corresponde a alquileres temporales, lo que reduce todavía más las opciones para quienes buscan una vivienda habitual. La sensación es que la esperanza de encontrar un piso digno a un precio asumible se rompe cada vez más. En Madrid, la situación se repite incluso entre barrios que históricamente han tenido diferencias importantes de precios. El ejemplo es claro: dos viviendas de 65 metros cuadrados y dos habitaciones, una situada en el barrio de Salamanca y otra en Usera.

Al preguntar cuánto pagarían por el piso de Salamanca, las respuestas rondan los 1.600 o 1.800 euros al mes. Para el de Usera, las estimaciones bajan hasta los 1.000 o 1.300 euros, pero la realidad sorprende: el piso de Usera cuesta 1.250 euros al mes, mientras que el de Salamanca se anuncia por 1.299 euros.

Miguel Ángel explica que detrás de esta situación está la enorme presión que existe actualmente sobre el mercado del alquiler: "La necesidad que hay es tan brutal que la gente lo paga porque no tiene más remedio". Una situación que, además, está provocando cambios en el perfil de los barrios. Según explica, las personas con menor capacidad económica se están viendo obligadas a marcharse cada vez más lejos del centro de Madrid.

"Cada vez dejarán de ser menos obreros", apunta. A su juicio, los vecinos con menos recursos están saliendo de estos barrios y están siendo sustituidos progresivamente por personas con una capacidad económica mayor. La consecuencia es una transformación de la ciudad que va mucho más allá del precio de un alquiler: barrios tradicionalmente obreros están cambiando de perfil porque sus vecinos ya no pueden permitirse seguir viviendo en ellos.

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