crisis en ceuta
Marta G. Aller, tras hablar con un exagente del CNI: "Lo que no es normal es exponer públicamente las presuntas debilidades del CNI"
La directora de 'La Brújula' cuestiona la gestión del Gobierno en la crisis de Ceuta, critica la falta de responsabilidades y alerta de las consecuencias de exponer públicamente las supuestas vulnerabilidades del CNI.
La directora de 'La Brújula', Marta García Aller, ha valorado la segunda dimisión o cese relacionado con la gestión de la crisis de Ceuta, después de que primero dejara su puesto una funcionaria civil del Departamento de Seguridad Nacional y, posteriormente, el jefe de Gabinete del delegado del Gobierno.
A su juicio, las responsabilidades asumidas hasta ahora no parecen estar a la altura de la gravedad de lo ocurrido:"No parece muy proporcional a la magnitud del fiasco y a la magnitud de la responsabilidad que tienen estas personas que sean ellas quienes pongan su cargo por delante, por pura dignidad".
García Aller considera especialmente relevante que la versión mantenida hasta ahora por el Gobierno haya quedado cuestionada por la propia documentación que ha desclasificado.
"Nos han estado diciendo que no había avisos, que el Gobierno no tenía información suficiente, y eso se ha demostrado falso por los propios documentos que ha desclasificado el Gobierno", señala.
La periodista recuerda además que la Delegación del Gobierno forma parte de la propia estructura gubernamental: "Porque Delegación del Gobierno, como su propio nombre indica, también es Gobierno".
El malestar dentro del CNI
García Aller también ha explicado la conversación mantenida en 'La Brújula' con un exagente del CNI, después de que desde el Gobierno se haya puesto el foco sobre la actuación del Centro Nacional de Inteligencia.
El exagente consultado defendió, en primer lugar, que el uso de WhatsApp para transmitir una alerta no tiene nada de excepcional.
"La comunicación vía WhatsApp es perfectamente normal. Que se comunique algo al jefe de Gabinete de la Delegación del Gobierno, o a quien corresponda, también lo es, porque las personas sobre el terreno tienen unos contactos u otros y hablan con aquel con quien tienen más confianza", explica García Aller.
En una situación urgente, añade, "no van a mandar un sobre lacrado con un corcel negro. Mandan un WhatsApp porque estamos en 2026".
El problema, según el exagente, estaría en otro lugar: en que se hagan públicas las supuestas debilidades del CNI.
"Lo que no es normal es que se expongan públicamente presuntas debilidades del Centro Nacional de Inteligencia, porque estamos por demostrar que realmente lo sean", relata García Aller.
A su juicio, que el presidente del Gobierno exponga públicamente esas supuestas vulnerabilidades puede terminar perjudicando al propio servicio de inteligencia: "Nos hace más vulnerables".
La periodista también preguntó al exagente por el posible malestar entre los miembros del CNI que continúan en activo. Aunque fue muy prudente y evitó revelar conversaciones privadas —precisamente porque esa era una de las cuestiones que estaba denunciando—, sí reconoció que, si todavía formara parte del servicio, estaría "muy molesto" por el descrédito que, a su juicio, se está proyectando sobre el CNI.
García Aller destaca además una cuestión que considera especialmente relevante: "¿Por qué todo el mensaje del Gobierno carga contra el CNI y no contra otros cuerpos de seguridad?".
En este sentido, apunta a que el foco parece haberse situado especialmente sobre el organismo dependiente del Ministerio de Defensa y de Margarita Robles, mientras quedan en segundo plano otros organismos y cuerpos que dependen del Ministerio del Interior.
El riesgo de desvelar comunicaciones del CNI
La periodista destaca otra advertencia realizada por el exagente: la publicación de conversaciones y comunicaciones privadas de agentes del CNI puede tener consecuencias a largo plazo.
"El hecho de que se estén desvelando conversaciones y comunicaciones privadas de agentes del CNI que alertan de determinadas situaciones puede condicionar la manera en la que se comuniquen en el futuro", explica.
Pero el problema podría ir todavía más lejos y afectar a las propias fuentes de los servicios de inteligencia.
"¿Quién te va a dar información si sabe que, en algún momento, el Gobierno, por un interés táctico, puede desclasificar comunicaciones que estaban hechas para ser privadas y secretas?", plantea.
Para García Aller, resulta especialmente desconcertante que el Gobierno haya decidido desclasificar documentos que, según su interpretación, pueden terminar perjudicándole políticamente.
"No sé qué interés tenía el Gobierno en desclasificar lo que le perjudica", afirma.
Y advierte de las posibles consecuencias: "Si se van a desclasificar cosas que están hechas para ser privadas y secretas, algo tan sensible como informes del CNI, esto puede condicionar a los informantes en el futuro".
Más de 40 días después, la presión continúa
García Aller también pone el foco en que han transcurrido más de 40 días desde el inicio de la crisis y la presión política y social continúa siendo enorme.
"La presión sigue siendo impresionante. Seguimos con un desastre humanitario, seguimos con un desastre humano para la población de Ceuta".
La periodista recuerda que los asentamientos continúan creciendo y que persisten los problemas de gestión y coordinación.
"Hay un caos en la gestión y también un caos en la comunicación del Gobierno", sostiene.
Según García Aller, el Ejecutivo está intentando centrar ahora el debate en que lo que no se comunicó fue la magnitud del desastre. Sin embargo, considera que las cuestiones relacionadas con la magnitud del problema afectan a muchos más aspectos.
"Aquí los problemas de magnitudes están en muchas partes: en la magnitud de no haber previsto lo que iba a pasar, en no haber previsto lo rápido que se debería haber reaccionado y ahora también en la magnitud del desastre y en la comunicación que está haciendo el Gobierno".
A su juicio, esa estrategia comunicativa está provocando incluso desconcierto dentro de las propias filas socialistas.
"Muchísimo desconcierto. No se entiende bien por qué se ha desclasificado esto, que dice exactamente lo que el Gobierno decía que no decía".
Para García Aller, el problema ya no afecta únicamente a la gestión de la crisis, sino también a la forma en la que el Ejecutivo está intentando explicarla públicamente.
"Deja mucho que desear, ya no solo la propia gestión, sino también la gestión comunicativa que se está haciendo de esto, porque ni siquiera a los más afines al Gobierno les están dejando fácil defenderlo".