El fin de la Ruta
Así fueron los fuertes controles policiales en la Ruta del Bakalao después del crimen de Alcàsser y la huida de Anglés: "Como etarras"
Alcohol, drogas, accidentes de tráfico y el crimen de las niñas de Alcàsser. Los medios de comunicación pusieron su mirada en la Ruta del Bakalao en los 90 y su fin no estuvo exento de polémica.
El crimen de las niñas de Alcàsser cambió para siempre la historia de la Ruta del Bakalao. Anatomía de..., el programa de laSexta presentado por Mamen Mendizábal, que reconstruye cómo la desaparición de Miriam, Toñi y Desirée en noviembre de 1992, su asesinato y la posterior fuga de Antonio Anglés desencadenaron una alarma social que acabó situando a las discotecas valencianas en el punto de mira de las autoridades y ocasionando el fin de la Ruta.
El periodista de La Vanguardia Salvador Enguix recuerda que, tras el hallazgo de los cuerpos en enero de 1993 y la huida del principal sospechoso, comenzó a extenderse la sensación de que el Estado había perdido el control. "La fuga de Antonio Anglés genera alarma social" y sorprende que "un chico de veintipocos años pueda escaparse de todo un operativo policial". Según explica, fue después del verano de 1993 cuando empezaron a desplegarse grandes dispositivos de la Guardia Civil en la Ruta, intensificándose especialmente a partir de noviembre.
Aquellos operativos alteraron por completo la experiencia de miles de jóvenes que cada fin de semana recorrían las discotecas valencianas. Enguix recuerda que cada pocos kilómetros había controles donde los agentes detenían los vehículos, registraban los coches y hacían bajar a todos sus ocupantes. La acumulación de inspecciones provocaba retrasos de hasta dos horas para llegar a una sala.
Nuria Roca también sitúa el caso Alcàsser como el origen de ese cambio. La periodista recuerda que, tras el crimen, comenzó a ver controles policiales de forma constante. "Empezaron a proliferar los controles. Y además muchos", explica durante el programa, reflejando cómo el ambiente de libertad que caracterizaba a la Ruta dio paso a una vigilancia permanente.
Uno de los testimonios más gráficos es el de Emilio Climent, habitual de la Ruta durante aquellos años. "A lo exagerado, a lo etarra", resume al recordar la dureza de los dispositivos. Según describe, ya no eran simples controles de tráfico: había perros, agentes armados con subfusiles y registros exhaustivos que convertían cada desplazamiento en una operación policial de gran envergadura. Una presión que, según varios de los entrevistados en este reportaje de Anatomía de..., llegó a motivar la intervención de Amnistía Internacional. Incluso se producían "registros vaginales en las aceras de las carreteras", denuncia el promotor de varias discotecas de la Ruta, Vicente Pizcueta.
El documental también recuerda que ese endurecimiento coincidió con la aplicación de la conocida como Ley Corcuera o "ley de la patada en la puerta". El expolicía municipal Daniel Asensi considera que aquella normativa "en parte ayudó" porque facilitó las identificaciones y reforzó los controles, aunque reconoce que el declive de la Ruta respondió a varios factores.
Para Enguix, la ofensiva policial respondió también a una decisión política. El periodista sostiene que, tras el caso Alcàsser, "se había generado un clima de que Valencia era un territorio comanche" y asegura que no tiene "ninguna duda" de que existió una orden para acabar con la Ruta del Bakalao. Una tesis que comparte Pizcueta, quien cree que un despliegue de semejante magnitud solo podía responder a un plan coordinado desde las más altas instancias del Ministerio del Interior.
El programa concluye que el crimen de Alcàsser no solo conmocionó a toda España, sino que también modificó para siempre la imagen pública de la Ruta del Bakalao. Aunque el fenómeno continuó varios años más, muchos de sus protagonistas consideran que aquel fue el principio de su final.
*Ya disponible Anatomía de... el fin de la Ruta en atresplayer.com