El GIL (Grupo Independiente Liberal)

"Como empresario era de derechas, pero ideología, solo tenía la suya": Antonio Rubio, periodista de El Mundo, sobre el populismo de Jesús Gil

"Hacía lo que le daba la gana con las licencias y luego regalaba una casa a un pobre para disimular", cuenta Cristina Almeida acerca del populismo de Jesús Gil. Varios periodista de El Mundo analizan también en Anatomía de... cómo Jesús Gil consiguió arrasar en las primeras elecciones.

Las campañas electorales de Jesús Gil para conquistar el apoyo masivo en Marbella destacaban por un estilo "muy novedoso", según explica José Carlos Villanueva en este reportaje de Anatomía de... centrado en la figura del constructor convertido en uno de los rostros más mediáticos de los años noventa y capaz de tensionar incluso ámbitos relacionados con la seguridad nacional.

El entonces corresponsal de El Mundo en la localidad malagueña sostiene que la estrategia de Gil recordaba a las campañas "americanas", con "muchas azafatas, dinero y camiones tipo tráiler para lanzar sus vídeos". Además, recuerda una acción especialmente llamativa: "Hizo un buzoneo con vídeos VHS por toda Marbella".

El despliegue propagandístico iba todavía más lejos. "Un año empezó a regalar jamones, por lo menos a mil personas", rememora Josele Sánchez, fotógrafo de Diario Sur desde 1991. También entregaba viviendas sociales a dedo, según cuentan quienes lo vieron. En uno de esos archivos de hemeroteca puede verse a Gil defendiendo sus proyectos: "Y todavía dicen que os hemos puesto una piscina. ¡Pues claro! ¿Es que no se pueden bañar?".

Entre quienes combatieron políticamente al dirigente marbellí estuvo Cristina Almeida, que observaba con indignación las prácticas desarrolladas durante su mandato. "De las licencias de 25 pisos ilegales regalaba uno a un pobre para que así saliera en la prensa", denuncia. Josele Sánchez también recuerda una escena que presenció personalmente: una vecina pidió una vivienda para su hija, que iba a casarse, y Gil respondió de forma teatral. "Y le tiró las llaves, así", relata.

La confianza del político en su tirón electoral era absoluta. "A mí me va a votar todo el mundo. De 47.000 me tienen que dar 40.000 votos. Si no, es que están ciegos", aseguraba en una entrevista de la época.

Y llevaba razón. Su ascenso coincidió con un contexto económico complicado. Celia Villalobos, rival política de Gil durante aquellos años, recuerda que "en el año 1991 empezó una crisis económica, que fue la que se llevó por delante a Felipe González y al PSOE". Según explica, fue precisamente en ese escenario cuando emergieron figuras como Gil con un mensaje muy directo: "Yo tengo aquí intereses económicos y yo quiero salvar mi economía. Con la mía, salvo la de todos ustedes". Y eso, afirma la popular, "cuela de maravilla, y se lo comen".

Para Antonio Rubio, también periodista de El Mundo en los primeros años de la década, el empresario representaba un modelo que hoy nos resulta más que familiar. "Gil era un populista. Como empresario, era de derechas, pero tenía una ideología que era el GIL y su dinero. El elemento político le sirvió para desarrollarse económica, política y socialmente", reflexiona.

De manera pública, el discurso insistía en recuperar el esplendor de Marbella. Sin embargo, Villanueva sostiene que existía otra intención menos visible: "El mensaje interior era robar todo lo que pueda, saquear el ayuntamiento".

El resultado electoral fue contundente. Gil obtuvo la mayoría absoluta en Marbella con el 53 % de los votos y desplazó del panorama político local tanto al PP como a Izquierda Unida. Villalobos explica que buena parte de su éxito se apoyó en promesas de seguridad y mano dura: "Garantizaba seguridad, iba a acabar con la prostitución, los robos, creó una policía al margen de la norma, como Trump ahora con el ICE". A su juicio, el dirigente sabía conectar con quienes atravesaban dificultades económicas: "Sabía cómo satisfacer a gente con problemas económicos y darles una salida temporal". Y resume su método de gobierno con una frase rotunda: "La ley para él no existía y, al mismo tiempo, pan y circo".

Cristina Almeida también recuerda cómo Marbella empezó a llenarse de figuras influyentes y celebridades internacionales durante aquellos años. "Parecía un centro político cuando lo que era era un centro de corrupción", afirma. En su opinión, el respaldo popular a Gil respondía en parte a la fascinación que generaba ese tipo de liderazgo: "Él gana porque mucha gente aprecia a ese tipo de gente".

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