Anatomía de: El secuestro de Papuchi
"¿No conocéis a Julio Iglesias? ¡Lo tenemos nosotros!": la confesión que destapó el secuestro de 'Papuchi'
Ocho días después del secuestro, la familia Iglesias seguía sin saber quién retenía al doctor Julio Iglesias Puga ni cuáles eran sus exigencias. Mientras multiplicaban los "llamamientos" públicos, una investigación sobre otro secuestro de ETA empezó a destapar una pista inesperada.
6 de enero de 1982. Ocho días secuestrado. Una semana después del secuestro, Carlos Iglesias, hermano de Julio, envió un mensaje por televisión a los responsables de la captura de su padre: "Aprovecho esta ocasión para decir a los señores que tengan a mi padre que se pongan en contacto conmigo o con mi hermano".
La periodista Mábel Galaz asegura que los familiares hacían "llamamientos constantes" para que los responsables explicaran "quiénes eran y qué buscaban". Durante los primeros días, la familia solo daba "palos de ciego", sin conocer qué estaba ocurriendo.
Joaquín de Domingo Martorell, el entonces director del mando único de la lucha antiterrorista que dirigió el operativo policial que acabó con la liberación del doctor Iglesias, encabezó una investigación en la que ningún grupo terrorista había reivindicado todavía el secuestro. Por ello, las pesquisas se mantuvieron abiertas durante al menos una semana.
En ese momento, la unidad de lucha antiterrorista también seguía otro caso en Euskadi: el secuestro del industrial vasco José Lipperheide, capturado por la banda terrorista ETA.
7 de enero de 1982. Nueve días secuestrado
La investigación sobre el secuestro de Lipperheide llevó a la policía hasta varios detenidos. Entre ellos destacó especialmente Jesús Urrutia. En su vivienda encontraron "un par de pistolas y tres metralletas". Además, en su coche, un Renault 12, había "un sistema preparado para secuestros": el altavoz tenía camuflado un respiradero en el maletero.
Las autoridades concluyeron que podía estar relacionado con el secuestro de Lipperheide. Detuvieron a Urrutia y a su esposa y Joaquín de Domingo Martorell le ofreció la libertad de ella a cambio de "información sobre el paradero del industrial", pero "él negó haber participado en ese secuestro".
Sin embargo, aseguró que "tenía un dato que podía ser importante" para salvarla. "Y entonces me dijo; ¿a usted le interesa el padre Iglesias? Yo interpreté que el padre Iglesias debía de ser responsable de algún comando y lo comento con el jefe del grupo mío de Vizcaya. Entramos otra vez a preguntar quién era el padre Iglesias. Y nos dijo; ¿no conocéis a Julio Iglesias?", recuerda Joaquín. "Y ahí nos quedamos sorprendidos, nos dijo; ¡lo tenemos nosotros!", desvela.
Ese "nosotros" hacía referencia a ETA político-militar. "Nadie podía pensar en ese momento que ETApm está secuestrando al padre de Julio Iglesias, porque no era el perfil de persona que se convierte en objetivo de la banda terrorista", reconoce Mábel Galaz.
Sin embargo, poco antes Hacienda había publicado una lista con los mayores contribuyentes españoles y en ese ranking aparecían Luis Suñer, secuestrado por ETA, y Julio Iglesias.
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