Anatomía de...

El secuestro de 'Papuchi' por parte de ETA que fue una operación antiterrorista contrarreloj: "O coopera o le pegamos un tiro"

El contexto Dos falsos periodistas, una trampa perfectamente diseñada y 20 días de incertidumbre. Anatomía de... reconstruye el secuestro de Julio Iglesias Puga, padre del famoso cantante, una operación de la banda terrorista que desconcertó a la Policía y desesperó a su familia.

En la España de finales de 1981, cuando ETA seguía marcando el pulso del miedo y los secuestros ocupaban titulares con inquietante frecuencia, un caso paralizó al país entero. No era un empresario ni un político ni un militar, era el padre de la mayor estrella española del momento: Julio Iglesias. El 29 de diciembre de 1981, apenas dos días después de regresar de Miami tras pasar la Navidad con su hijo, el doctor Julio Iglesias Puga, el popular 'Papuchi', desaparecía en Madrid.

Anatomía de... reconstruye uno de los secuestros más sorprendentes de la historia reciente española. Un caso que durante días desconcertó a la Policía, mantuvo en vilo a la familia Iglesias y acabó convirtiéndose en una operación antiterrorista contrarreloj. El secuestro que cambió la vida de Julio Iglesias y, para muchos, también supuso el fin de ETA Político-Militar.

Todo comenzó con una trampa cuidadosamente diseñada. El doctor Iglesias estaba en su consulta de la maternidad de O'Donnell cuando recibió la visita de un supuesto periodista alemán interesado en realizar un documental sobre la infancia de Julio Iglesias. Según relata Julia Higueras, biógrafa del médico, el reportero era un joven "bien vestido y muy educado". Pero aquello no bastó para convencer a un hombre acostumbrado a hacer las cosas a su manera. Mábel Galaz, periodista que siguió el caso para El País, recuerda que Papuchi "hablaba cuando él quería, no cuando le decían que hablara".

Entonces apareció una segunda pieza en el plan. Una periodista "muy guapa y joven", según la descripción de Higueras. La estrategia funcionó. Como resume Mamen Mendizábal, los secuestradores "conocían sus debilidades". Y, según añade Galaz, "sabían que le encantaba gustar y era muy coqueto".

Porque Papuchi era mucho más que el padre de Julio Iglesias. Prestigioso ginecólogo, médico de celebridades, personaje popular y habitual de la prensa del corazón, a sus 66 años seguía cultivando una imagen de conquistador nato. Mábel Galaz lo define con claridad: "Era un donjuán y no le importaba que se viera".

Padre fanático, ginecólogo de prestigio y "donjuán" deslenguado: así era el doctor Julio Iglesias Puga 'Papuchi' antes del secuestro

Mientras tanto, su hijo se había convertido en una figura internacional. En 1981, Julio Iglesias era probablemente el artista español con mayor proyección internacional. Un año antes ya había recibido amenazas de secuestro y había reforzado la seguridad de sus hijos. Julia Higueras recuerda que entonces "había un clima de amenazas en España". Su padre, sin embargo, rechazó cualquier protección. Creía que nadie iba a fijarse en él.

Se equivocaba. El 29 de diciembre, los supuestos periodistas reaparecieron. Habían enviado incluso un televisor de regalo para ganarse su confianza. Le propusieron llevarlo hasta unos estudios donde grabarían la entrevista. Papuchi aceptó y subió al coche.

El secuestro

La emboscada se cerró en plena carretera. Cuando el doctor Iglesias señaló que se estaban desviando del camino correcto, ya era demasiado tarde. Julia Higueras relata que los secuestradores "le apuntaron con una pistola con silenciador en el estómago". Entonces escuchó las palabras que, según la biógrafa, le dirigieron sus captores: "Esto es un secuestro. O coopera con nosotros o le pegamos un tiro".

Después llegaron las pastillas, el esparadrapo, el saco y el maletero. El secuestrado recuerda poco más. Un golpe en la cabeza le hizo perder el conocimiento. Cuando despertó, había desaparecido cualquier rastro de los falsos periodistas. Comenzaba un cautiverio que se prolongaría durante 20 días.

"O coopera usted con nosotros o le pegamos un tiro": así fue el secuestro del doctor Julio Iglesias Puga, 'Papuchi'

Las primeras alarmas saltaron entre su novia Begoña y un amigo con el que había quedado a comer. A las ocho de la tarde se denunció oficialmente la desaparición. Sin embargo, la familia intentó contener la información durante las primeras horas. Finalmente fue Isabel Preysler, ya casada con el marqués de Griñón pero todavía muy unida a su exsuegro, quien comunicó la noticia a Julio Iglesias.

La reacción de Julio Iglesias

La reacción fue devastadora. Fernán Martínez, exmánager y hombre de máxima confianza del cantante durante años, asegura que Julio Iglesias padre era "la persona más importante en la vida de Julio Iglesias. Era socio, amigo, médico, consejero, psiquiatra". Julia Higueras añade que el cantante "se cuadraba" ante él. El respeto era absoluto.

Mientras la familia vivía horas de angustia, la investigación avanzaba a ciegas. Nadie reclamaba el secuestro. Nadie pedía dinero. Nadie reivindicaba la acción. Durante más de una semana, la Policía creyó estar ante una operación de delincuentes comunes.

El 6 de enero de 1982, ocho días después de la desaparición, Carlos Iglesias lanzó un mensaje público a los captores: "Que se pongan en contacto conmigo o con mi hermano". La familia, recuerda Mábel Galaz, hacía "llamamientos constantes" sin obtener respuesta.

La revelación

La clave apareció donde menos se esperaba. La Policía investigaba simultáneamente el secuestro del empresario vasco José Lipperheide cuando detuvo a Jesús Urrutia. En su vivienda encontraron armas. En su coche, un sofisticado sistema preparado para ocultar secuestrados.

Durante los interrogatorios surgió una frase inesperada a cambio de la libertad de su mujer. Joaquín de Domingo Martorell, responsable del operativo policial, recuerda en el programa de laSexta que el detenido le preguntó: "¿A usted le interesa el padre Iglesias?".

El comisario pensó inicialmente que hablaban de algún miembro de ETA. Entonces llegó la revelación. "¿No conocéis a Julio Iglesias?", les preguntó el detenido. Y después, la confesión: "¡Lo tenemos nosotros!".

Aquella respuesta cambió por completo el rumbo de la investigación. El secuestro era obra de ETA político-militar, una organización que nadie imaginaba detrás de una operación de estas características.

El zulo

Mientras tanto, Papuchi sobrevivía encerrado en un zulo. Apenas una cama dura, un armario sin fondo, una palangana con agua y un cubo para hacer sus necesidades. El médico llegó a sentirse atrapado en "un corredor de la muerte".

Según cuenta la biógrafa, incluso "pensó en quitarse la vida". Los secuestradores apenas hablaban con él. "Eran fríos, le tiraban la comida y se la recogían por la noche", relata Higueras.

La investigación volvió a acelerarse gracias a una llamada telefónica. Los terroristas contactaron con Jesús Urrutia sin saber que estaba bajo control policial. La conversación permitió organizar una entrega clandestina. Aquella noche apareció una prueba de vida. Joaquín de Domingo Martorell recuerda que los miembros de ETA "llevaban una carta y la corbata del doctor".

Los investigadores sabían que estaban cada vez más cerca. La pista definitiva surgió de un detalle aparentemente insignificante: un permiso de conducir falso. La dirección conducía hasta Trasmoz, un pequeño pueblo zaragozano a los pies del Moncayo. Allí, en una vivienda ocupada por una familia vasca, podía estar escondido el rehén.

El asalto

La madrugada del 17 de enero de 1982 comenzó el asalto. El GEO recibió la orden. El pueblo celebraba las fiestas de San Antón. Había hogueras, vecinos bailando y grupos cantando en las calles. Los agentes tuvieron que retirarse y esperar. A las tres de la mañana regresaron. Todavía quedaban algunos jóvenes cantando "Asturias patria querida". Al descubrir la presencia policial comenzaron a gritar. Hidalgo explica que tuvieron que "neutralizar" a aquellos chicos para evitar que la operación se viniera abajo.

El jefe de Policía que liberó a Papuchi desvela la reacción del padre de Julio Iglesias: "Me dijo, 'tú cómo vas a ser policía con la pinta que tienes"

Entonces llegó el momento decisivo. Explosivos en la puerta. Granadas aturdidoras. Nueve hombres irrumpiendo simultáneamente en la vivienda. Arturo Hidalgo avanzó por la escalera. Detectó una sombra y realizó dos disparos intimidatorios. Había terroristas armados en la casa. En una habitación encontró a uno de los vigilantes junto a una pistola.

Solo quedaba una puerta. La del rehén. Los policías irrumpieron de golpe. Dentro encontraron al doctor Iglesias intentando encender la luz. Arturo Hidalgo recuerda que el jefe del equipo le dijo: "Doctor Iglesias, ¡enhorabuena! Está usted libre".

La respuesta del secuestrado fue inesperada: "Coño, parecéis astronautas". Joaquín de Domingo Martorell recuerda otra frase pronunciada apenas unos segundos después, cuando entró en la habitación junto al comandante Carlos Holgado: "Joder, lo que habéis tardado". Todo había terminado en apenas unos instantes.

Bajo el fregadero de la cocina apareció un zulo con 40.000 cartuchos, armas y pruebas que relacionaban la vivienda con otros secuestros. Los detenidos formaban parte del primer comando familiar de ETA.

Sin embargo, Papuchi seguía desconfiando de quienes acababan de salvarle la vida. Joaquín de Domingo Martorell recuerda que no se fiaba de ellos porque iban, a su juicio "mal vestidos". "¿Cómo vas a ser policía, con la pinta que tienes?", llegó a decirle. Tampoco dejaba de preguntar "por qué su hijo no ha pagado antes". La respuesta era sencilla: nadie había pedido rescate.

La noticia de la liberación llegó hasta Miami. Según el programa de laSexta, fue el entonces presidente del Gobierno, Leopoldo Calvo-Sotelo, quien llamó personalmente a Julio Iglesias para comunicarle que su padre estaba a salvo.

Qué pasó después

Días después, la familia organizó una multitudinaria comparecencia ante la prensa. Todo estaba cuidadosamente preparado. Fernán Martínez recuerda cómo se planificaron hasta el último detalle las imágenes de la llegada de Papuchi a Miami. "Esta es una foto de prensa, ya está todo hecho, celebrado", explica. Y resume la filosofía que guiaba aquella estrategia mediática: "¿Por qué hacer una foto mala si se puede hacer una buena?".

Pero las consecuencias fueron profundas. Mábel Galaz sostiene que el secuestro cambió para siempre a la familia Iglesias-Preysler. Los hijos de Julio se trasladaron a Miami. La seguridad se reforzó. El cantante se aisló todavía más. Papuchi, sin embargo, acabó regresando a España. Julia Higueras recuerda que echaba de menos su vida anterior. Con el tiempo se recuperó, volvió a ser el de siempre y retomó las ganas de disfrutar.

Nunca llegó a saber por qué lo secuestraron. Quizá esa sea la última paradoja de una historia que durante veinte días mantuvo a un país entero conteniendo la respiración.

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