Entrevista de Andrea Ropero
"Me has puteado. Renuncia o habla con mi abogado": así respondieron a Beatriz, trabajadora del hogar, cuando dijo que tenía cáncer
Beatriz y Claudia, trabajadoras del hogar, hablan con Andrea Ropero sobre las peores situaciones que han vivido en las casas donde han trabajado. Explotación laboral, sin contrato ni cotizar a la Seguridad Social y con jornadas abusivas.
Andrea Ropero ahonda en la precarización del sector de las trabajadoras del hogar con Claudia y Beatriz, dos mujeres que representan la situación de muchas compañeras, en su mayoría migrantes, que trabajan sin contrato, cobrando menos del salario mínimo, sin cotizar a la Seguridad Social y con jornadas abusivas.
"Nosotras nos convertimos en todo, en enfermeras, en niñeras, en todo", afirma Beatriz, que reclama "más justicia; que nos reconozcan como personas profesionales". Un trabajo que, afirma, es "desagradecido" a pesar de su gran compromiso, que les lleva incluso a llorar cuando se despiden de unos niños o se muere un anciano a su cuidado: "Los queremos como si fueran familia".
Beatriz destaca el trabajo de la asociación que le ayuda a reclamar sus derechos: "Me acompañan, me asesoran, me defienden ante las injusticias que hemos vivido", comenta la profesional, que cuenta algunas de las numerosas experiencias en las que no le han pagado y que ella, por miedo a ser deportada, no reclamó.
Claudia, por su parte, sufrió explotación laboral. A punto de cumplir un año trabajando como interna pidió sus vacaciones. La respuesta que recibió fue tajante: "No tienes derecho porque no tienes papeles". Su jornada laboral duraba 13 horas diarias, de 8:00 a 23:30 de la noche por el salario mínimo.
Tras pedir las vacaciones, el viernes que salió para librar, le dijeron que no volviera más. Automáticamente, llamó al abogado, que le dijo que no firmara y puso la denuncia que, indica, "fue satisfactoria".
En el caso de Beatriz le detectaron un cáncer y la familia para la que trabajaba le dijo que se fuera. "Cuando le llevé la baja al hijo me dijo a gritos: 'Me has puteado. Renuncia o habla con mi abogado'", recuerda
Beatriz, en shock, pidió ayuda en la asociación, que explica que la recibió con "los brazos abiertos": "El abogado se centró totalmente en mí", afirma. Después, enviaron un burofax porque sus empleadores la acosaban y ya no volvieron a hablar con ella.
Ahora se encuentra "muy recuperada, aunque con secuelas del tratamiento" y, a sus 67 años, 27 de ellos en España, solo tiene cinco cotizados: "Trabajé en negro todo este tiempo. Fue un error tremendo", admite.
Un futuro esperanzador
Ahora el abogado de la asociación le está ayudando a tramitar la ayuda a la que tiene derecho. Claudia, por su parte, acaba de culminar su proceso de regularización y afronta un futuro esperanzador. "Quiero terminar de estudiar", afirma esta mujer cuyo principal objetivo es sacar adelante a su hijo y traerlo a España: "Es lo más importante para mí". Gracias a la regularización, ha conseguido "un buen empleo. Maravilloso".