De Urbano II a Inocencio III
Mikel Herrán recuerda a los papas 'anti León XIV': reaccionarios, sanguinarios, genocidas y fanáticos
Nos estamos acostumbrando a tener papas 'progres', pero son una excepción. El historiador Mikel Herrán explica cómo, a lo largo de los siglos, el papado afianzaba su poder "a base de sembrar discordia e intolerancia".
Tanto Francisco I como León XIV nos han acostumbrado a papas que hablan en favor de los derechos humanos y luchan contra la intolerancia, pero hubo un tiempo en el que los pontífices, más que siervos de Dios, parecían mercenarios de Sauron. Mikel Herrán los recuerda en una nueva entrega de 'Está todo inventado'.
El historiador señala que los últimos papas "han sido una excepción", ya que "a lo largo de los años ha habido papas reaccionarios, sanguinarios, asesinos y fanáticos", como Urbano II, el pontífice que proclamó la Primera Cruzada.
"En vez de decir que hay que acoger a los inmigrantes que vienen aquí, decía que hay que viajar armados hasta los dientes miles de kilómetros y obligar a la gente de allí a pensar y vivir como nosotros", comenta Mikel, que explica que este papa ofrecía una indulgencia plenaria que absolvía de todos los pecados: "Siendo que iban a robar, saquear y matar, supongo que les venía a mano", comenta.
Otras cruzadas "se proclamaban cerquita para purgar la tierra de herejes". Es el caso de la Cruzada Albigenses, proclamada en 1209 por el papa Inocencio III contra los cátaros en el sur de Francia, que según Mikel "ha sido considerada un genocidio por algunos historiadores y académicos, incluyendo el que acuñó el término de genocidio".
En unos 35 años se calcula que unos 200.000 cátaros fueron masacrados con esa orden papal. "Quemaban sus ciudades y al cátaro que capturaban o le marcaban con un hierro ardiendo, le ejecutaban o le torturaban", explica Mikel.
Luchas de poder, discordia e intolerancia
Aunque hoy los papas defienden los derechos humanos, durante siglos "han afianzado su poder a base de sembrar la discordia y la intolerancia", apunta Mikel, que explica que durante la Edad Media el papa "tenía sus dominios como cualquier señor".
Por ello, no era raro que entrase en peleas con los reyes de la cristiandad. En estos reinos, los judíos o los musulmanes eran súbditos directos del rey, al que pagaban impuestos que no iban a la Iglesia. De este modo, en estas peleas entre el trono y la Iglesia, el papado fomentó el antisemitismo y el odio para ganar poder, dividiendo el mundo entre los cristianos y los no cristianos.
De hecho, el mismo Inocencio convocó el Cuarto Concilio de Letrán en 1215, donde se decidió, entre otras cosas, que los musulmanes y los judíos tenían que llevar marcas en el vestido para señalarles.
La excomunión, "una putada"
Si un rey no hacía lo suficiente para purgar y erradicar la energía y evitar la contaminación del cristianismo, el papa podía excomulgarlo. Como ejemplo, Gregorio IX obligó al rey de Hungría, André II, a expulsar a los judíos y los musulmanes que tuviera trabajando en la administración. Cuando no cumplió con la orden, fue excomulgado.
En aquella época, ser excomulgado era "una putada bien gorda, porque significaba que tus nobles no tenían obligación de obedecerte y podían rebelarse", afirma Mikel, que señala que André II al final cumplió con el papa, como lo hicieron sus sucesores, y poco a poco la situación de los judíos en Hungría fue empeorando hasta acabar con su expulsión.
Desde los púlpitos de toda Europa se animaba a "desconfiar del que rezaba diferente", a lo que seguían revueltas populares, progromos y "politiqueos entre nobles que acababan pagando estas minorías".
Por todo ello, Mikel celebra que los papas hayan cambiado su política con respecto a la inmigración, "a ver si para dentro de otro par de siglos más se animan en lo de condenar las terapias de conversión".