Más de 50.000 niños

La infancia lejos de casa: cómo fueron acogidos los niños de la Guerra Civil en Europa y América

Los detalles Desde campamentos en Gales hasta colonias en México, miles de niños republicanos tuvieron que adaptarse a nuevas rutinas, compartir espacios con otros menores, estudiar, comer y dormir en lugares desconocidos, mientras escribían cartas a sus familias para tranquilizarlas y mantener la esperanza de volver a casa.

Más de 50.000 niños salieron de la España republicana durante la Guerra Civil para escapar de la violencia, la muerte y el sufrimiento. Algunos aseguran que fueron muchos más. Su destino fue Reino Unido, Francia, Bélgica, Rusia, Suiza, México o Dinamarca, gracias a la colaboración de organizaciones de ayuda, gobiernos extranjeros y la propia República.

Los niños no se iban a escondidas. Partían con permiso de sus padres y con documentación, a veces más formal, otras más improvisada, pero siempre identificados, algunos con un hexágono con un número y un destino. Zarparon desde puertos del norte, como Gijón o Santurce, cargando con besos, abrazos, miedo y valentía. Nunca viajaban solos: siempre iban acompañados de tutores o monitores españoles que cuidaban de ellos durante el viaje.

Ya en el extranjero, su vida se organizaba como en colonias o campamentos. Comían bien, recibían ropa y cama, pero también tenían que adaptarse a nuevas rutinas. Las cartas que enviaban a sus familias muestran cómo intentaban tranquilizar a los suyos: explicaban que estaban bien, que comían tres veces al día y que incluso les daban chocolate en el almuerzo. Contaban cómo eran las camas, de hierro, como en un hospital, o cómo les hacían reconocimientos médicos y duchas obligatorias. Incluso detallaban la ropa: calcetines, pantalón largo, interior delgado y hasta un calzoncillo morado que parecía un pantalón. Siempre terminaban asegurando que estaban "muy bien y muy contentos".

En general, fueron bien recibidos, aunque algunos locales desconfiaban de los niños republicanos, temiendo que trajeran ideas comunistas. Sin embargo, la mayoría se integró y encontró en el fútbol un vínculo y una forma de mantener su identidad, jugando entre ellos y con otros niños locales, según Óscar Álvarez, de la Universidad del País Vasco.

Cuando la guerra terminó, el regreso a España no fue inmediato, ya que dependía de solicitudes de padres, familiares o delGobierno español. Muchos volvieron, pero otros tardaron años: quienes habían sido acogidos en México o la Unión Soviética no regresaron hasta más de una década después, porque esos países no reconocían al régimen franquista, señala el profesor Jesús Javier Alonso Carballés.

Hoy, aquel recuerdo sigue vivo en detalles como la camiseta rojiblanca con la bandera del País Vasco del Newport County, un pequeño equipo galés de la Cuarta División. No es un uniforme cualquiera: es un homenaje a los niños que vivieron allí, un símbolo de supervivencia, de identidad y de esperanza.

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