Dos mujeres, un destino

Machado y Delcy Rodríguez se enfrentan al tablero político más confuso: Trump como árbitro de la transición venezolana

Los detalles María Corina Machado y Delcy Rodríguez buscan ganarse a Donald Trump mientras él reparte desplantes y elogios a su antojo. Entre fotos, diplomacia en la sombra y mensajes contradictorios, Venezuela observa pendiente de cada movimiento.

María Corina Machado y Delcy Rodríguez comparten hoy un mismo objetivo: ganarse el favor de Donald Trump. Dos mujeres muy diferentes, un presidente impredecible y un escenario político que parece un reality de alto voltaje.

Machado ha recibido en los últimos días lo que se podría llamar una lluvia de desplantes públicos de Trump. Nunca la reconoció —ni a ella ni a Edmundo González— como ganadora de las elecciones. La ninguneó delante de todos, asegurando que ni sabía quién era. Tras la captura de Maduro, dijo que no tiene ni el respeto ni el apoyo del pueblo y que no inspira confianza. Y para rematar, ensalza a Delcy Rodríguez diciendo que es "una mujer estupenda".

Lo paradójico es que Delcy Rodríguez no puede entrar oficialmente en Estados Unidos. Está sancionada por violaciones de derechos humanos y corrupción, la Unión Europea le mantiene la entrada prohibida desde 2018, y ONG como Human Rights Watch la señalan como parte de la maquinaria de represión en Venezuela. Además, la Corte Penal Internacional la investiga por crímenes de lesa humanidad. Aun así, Trump decidió halagarla públicamente, dejando claro que con él todo es posible… o todo es confuso.

En medio de esto, Machado no se queda quieta. Con un Premio Nobel de la Paz en la mano, apoyo de aliados clave como el secretario de Estado, Marco Rubio y una diplomacia en la sombra que activa a su hermano y a su hombre de confianza, Félix Plasencia, busca reforzar su papel como líder de la transición venezolana. Su objetivo: mostrarse como la persona capaz de guiar el cambio político, sin perder legitimidad internacional y, al mismo tiempo, mantener contentos a los sectores más radicales del chavismo.

Trump, por su parte, mantiene su equilibrio imposible. Se inclina hacia Delcy por miedo a un alzamiento militar y por conexiones estratégicas, pero sigue dejando la puerta abierta a Machado, asegurándose de que ninguna de las dos pierda totalmente su oportunidad. Su estrategia es clara: todas las opciones abiertas y todas las cartas sobre la mesa, jugando con ambas como si fueran fichas de un tablero que él controla.

El resultado es un escenario cargado de ironía y tensión. Machado busca protagonismo y legitimidad internacional, Delcy mantiene su influencia pese a sanciones y prohibiciones, y Trump observa, camaleónico, decidiendo quién gana, quién queda relegado y quién sigue en el juego.

En este tablero, cualquier movimiento puede cambiarlo todo, y Venezuela sigue mirando desde lejos cómo se decide su futuro político desde la Casa Blanca.

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