A la francesa
Más medidas policiales que soluciones al clamor ciudadano: así se paran las revoluciones en Francia
El contexto El Gobierno de Macron ya ha anunciado un despliegue de 70.000 ante la previsión de altercados este fin de semana y el servicio de inteligencia francés prevé "ataques a edificios públicos". No es nuevo: los franceses suelen atajar el problema por los disturbios y no por las medidas.
Resumen IA supervisado
Francia ha sido escenario de múltiples revoluciones, siendo conocida por sus manifestaciones que a menudo terminan en disturbios. Recientemente, el gobierno de Macron ha desplegado 70.000 policías para contener posibles actos violentos, pese a las restricciones y toques de queda. La historia reciente muestra disturbios como los de 2005, tras la muerte de dos adolescentes en París, y en 2023, tras la muerte de un joven en Nanterres. En ambos casos, el gobierno respondió con medidas de emergencia y un fuerte despliegue policial. Sin embargo, en ocasiones, ha atendido las demandas ciudadanas, como con los chalecos amarillos y los agricultores, implementando medidas económicas para calmar las protestas.
* Resumen supervisado por periodistas.
Las revoluciones francesas ya son muchas. Pese a que ya queda lejos el conflicto social y político que dejó alrededor de 250.000 muertos en el siglo XVIII, Francia se ha convertido en el país donde las manifestaciones ciudadanes siempre acaban en fuego. Mientras el pasado fin de semana ardían los disturbios, también el Ayuntamiento de Limoges, este viernes el Gobierno de Emmanuel Macron se blindaba de pleno ante la previsión de nuevas movilizaciones violentas este fin de semana.
Hasta 70.000 policías patrullarán las calles del país en un despligue sin precedentes que quiere contener el clamor francés y, sobre todo, la violencia. Pese a que hay toques de queda y ya están prohibidas todas las protestas con excepción de las organizadas por sindicatos, el servicio de inteligencia francés prevé "ataques contra edificios públicos" y más saqueos. El miedo es un hecho. Pero, ¿cómo se han parado las revoluciones francesas en los últimos años?
En octubre de 2005 dos adolescentes de los suburbios de París mueren en Clichy-sous-Bois mientras huían de la Policía tras refugiarse en un transformador eléctrico. Este suceso levantó a la periferia. La indignación por las circunstancias de las muertes y la desconfianza hacia la Policía provocaron enfrentamientos, incendios de vehículos y daños en edificios públicos.
Los disturbios se alargaron durante 20 días. Hasta 9.000 coches quemados fueron muestra de la intensidad de unas protestas que solo culminó cuando el Gobierno francés con Jacques Chirac al frente decretó el estado de emergencia. Con el mismo, toque de queda; prohibición o limitación de reuniones; registros sin orden judicial, cancelación de espectáculos…
La protesta se extinguió, ya sea por las medidas o por el cansancio, aunque lo que no se atajó fue la causa de la misma. En 2023, ya con Macron, las calles volvían a arder por motivos similares. La Policía mata a un adolescente de 17 años de un tiro durante una persecución en Nanterres, cerca de París. De finales de junio a principios de julio Francia se levanta.
Aunque las protestas duraron menos tiempo que en 2005 fueron más intensas. Hasta 12.000 coches acabaron calcinados. El Gobierno, por su parte, desplegó 45.000 policías, suspendió el transporte público nocturno, canceló espectáculos e implantó la responsabilidad parental en el vandalismo de menores.
¿Más Policía que medidas?
Parece que el Gobierno francés siempre tira de la Policía para apaciguar sus violentas protestas, aunque no siempre. En algunas ocasiones ha tomado en cuenta las reclamaciones de los manifestantes para atajar de pleno las protestas. Como el caso de los chalecos amarillos protestando por el precio de la gasolina y, por extensión, de la vida, o los agricultores protestando por las dificultades de su negocio. El Gobierno, además de alguna medida policial por ciertos desórdenes, tomó medidas económicas para contentar y apaciguar.
En el caso de los chalecos amarillos se congelaron los precios de la energía, se aumentó el salario mínimo, hubo mejoras fiscales para las horas extras y menos impuestos para pensionistas. En el caso de los agricultores, se simplificó la burocracia; se redujeron controles administrativos; se produjo una compensación por gasto en combustible y se creó un fondo para problemas sanitarios.
Eso sí, para parar las revueltas por la reforma de las pensiones no se hizo nada. Las pensiones se reformaron.
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