Lo que marca la diferencia

Por qué las denuncias contra Julio Iglesias van mucho más allá del abuso de poder visto en los casos de Plácido Domingo y Epstein

Los detalles Las mujeres que acusan a Julio Iglesias no hablan solo de abuso de poder o de comportamientos inapropiados, sino de agresiones sexuales violentas, maltrato físico y psicológico, control absoluto de sus vidas y de un sistema de cómplices que, según sus testimonios, permitió que esos abusos se repitieran durante años.

No es lo mismo, y compararlo sin matices no solo es injusto, sino también peligroso. El recuerdo de los casi nueve minutos de aplausos a Plácido Domingo —con Isabel Díaz Ayuso presente— ha vuelto a salir a la luz. De ese episodio se ha agarrado Santiago Abascal para salir este martes en defensa de Julio Iglesias. Pero hay casos en los que la comparación no aclara nada. Al contrario: empequeñece lo que estamos conociendo.

Hay un punto de partida común, y conviene decirlo claro desde el principio: abuso de poder. Hombres poderosos, influyentes, con capacidad para decidir sobre la vida laboral —y personal— de mujeres que dependían de ellos. Eso es igual de intolerable en todos los casos. Pero a partir de ahí, las diferencias son abismales.

Domingo e Iglesias: mismo eje, realidades distintas

En el caso de Plácido Domingo, 20 mujeres denunciaron públicamente tocamientos, llamadas insistentes y presiones para mantener relaciones sexuales dentro de una industria profundamente jerárquica como la ópera. El tenor reconoció comportamientos inapropiados y pidió disculpas. No hubo denuncias judiciales, el caso no llegó a los tribunales y se encuadra, según los propios relatos, en un acoso estructural sostenido por el poder.

Lo que hoy relatan varias mujeres sobre Julio Iglesias va mucho más allá. Y no es una forma de hablar.

Aquí ya no se habla solo de insinuaciones o presiones: se habla de presunta violencia sexual directa, de presuntas agresiones físicas, de humillaciones constantes, de control absoluto. Hay denuncias formales, procedimientos en marcha y testimonios que describen un infierno prolongado en el tiempo, con consecuencias psicológicas profundas.

La "casita del terror"

Así llaman las propias mujeres a la mansión en la que trabajaban. Un nombre que, según los relatos publicados por 'elDiario.es' y 'Univisión', no es retórico.

El control empezaba antes incluso de ser contratadas: para la entrevista debían enviar fotos de su cara y de su cuerpo. Una vez dentro, la situación —siempre según los testimonios— era de reclusión y vigilancia permanente.

Jornadas de hasta 16 horas, aislamiento durante la pandemia, revisión del móvil y de los mensajes de WhatsApp, prohibición de tener pareja, de hacer fotos de la casa o de llevar una vida normal fuera de la mansión. Todo estaba supervisado.

Incluso el cuerpo. Las denunciantes relatan que se controlaba su alimentación, que el propio Iglesias decidía lo que podían comer porque le obsesionaba que estuvieran delgadas. Algunas aseguran que fueron obligadas a exhibir sus pechos durante la comida, delante del resto de trabajadoras. Y para saber quién estaba "disponible", debían comunicar cuándo tenían la regla.

Violencia, no solo abuso

Pero lo más grave no acaba ahí. Varias mujeres describen presuntas agresiones sexuales violentas: bofetadas, insultos, humillaciones, dolor físico. Relatan episodios en los que pidieron hasta cinco veces que parara. Hablan de ser forzadas a pasar horas realizando actos sexuales, de miedo y de sometimiento.

No se trata solo de abusos sexuales. Se trata de maltrato, de una relación completamente desequilibrada, de una dinámica de dominación que, según las denunciantes, estaba normalizada dentro de la casa.

Un sistema con cómplices

Las informaciones publicadas apuntan a algo clave: Julio Iglesias no actuaba solo. Existía una jerarquía interna de empleadas, con encargadas que —según los testimonios— seleccionaban a las trabajadoras, las presionaban para mantener relaciones sexuales con él y participaban activamente en ese sistema.

"Mientras estaba la jefa, hacía lo que quería con nosotras", han contado a 'eldiario.es' y 'Univisión'. Un engranaje que recuerda a otros casos extremos de abuso sostenido en el tiempo.

¿Es comparable a otros grandes escándalos?

El caso Epstein. Salvando todas las distancias —y dejando claro que allí se trataba de tráfico y abuso de menores—, hay un elemento común: abusos reiterados durante años y la existencia de intermediarios que facilitaban el acceso a las víctimas y el silencio posterior.

Aún no sabemos todo lo que puede salir. Se habla de mensajes de WhatsApp, informes y documentos que podrían ampliar el alcance del caso. Por eso, equipararlo sin más a otros episodios del 'Me Too' no solo es incorrecto: desdibuja la magnitud de lo que se está investigando.

016, teléfono contra la violencia machista

El 016 atiende a todas las víctimas de violencia machista y sus entornos las 24 horas del día y en 52 idiomas diferentes, al igual que el correo 016-online@igualdad.gob.es; también se presta atención mediante WhatsApp a través del número 600000016, y los menores pueden dirigirse al teléfono de la Fundación ANAR 900 20 20 10.

En una situación de emergencia, se puede llamar al 112 o a los teléfonos de la Policía Nacional (091) y de la Guardia Civil (062) y en caso de no poder llamar se puede recurrir a la aplicación ALERTCOPS, desde la que se envía una señal de alerta a la Policía con geolocalización.

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