Flores y Nairobi

Alba Flores, sobre La Casa de Papel: "No es una serie feminista, por mucho que mi personaje se convirtiera en símbolo"

La actriz, que acaba de ganar un premio Forqué por el documental que ha producido y narrado sobre su padre, reconoce que hay quien la conoce no por ser una Flores, sino por su icónico personaje de La Casa de Papel. Una serie que ella no considera para nada feminista.

Hace apenas unas horas que ha recibido el premio Forqué por Flores para Antonio, pero Alba Flores ya se muestra dispuesta a seguir con la tarea. La actriz recorre el Rastro de Madrid en compañía de Jordi Évole, en el barrio de su menos conocida familia materna, y se encuentra con su madre, Ana Villa. Allí descubre recuerdos y anécdotas de varias generaciones de su familia, desde los primeros sonajeros de su padre -regalado por Estrellita Castro- hasta vinilos y fotografías históricas de los Flores. Alba habla también del impacto personal del documental y de la relación con los suyos: cómo su madre ha cuidado siempre el legado de Antonio Flores, cómo mantuvieron la unión familiar pese a las dificultades y cómo enfrentan juntos el recuerdo de su padre.

A pesar de pertenecer a una larga "familia gremial de artistas" que trabajan "por amor al arte y al público", Alba reconoce que muchos la conocen más por su icónico personaje en La Casa de Papel. "Mira que ser Alba Flores ya es potente, pero claro, es que tú igual eres más famosa por haber atracado el Banco de España". Alba admite que en España se la reconoce más por ser una Flores, pero fuera del país la situación cambia: "Y yo todavía me sigo sorprendiendo cuando viajo. Sigo viajando muy inocente creyendo que a mí cómo me van a conocer en Bruselas y sí, me conocen en Bruselas". Por dar vida (y muerte) a Nairobi.

Ahora, entrevistador y entrevistada se encuentran con Elena Furiase, prima de Alba, y juntas, tras explorar el legado artístico familiar, reivindican su valía como artistas, su derecho personal a ser reconocidas por ellas mismas. "No vivimos de las rentas, trabajamos como cabronas", llega a decir. Ella, al igual que su abuela, Lola Flores, se ha convertido en un icono, aunque sin pretenderlo. Y todo es gracias a Nairobi. "En La Casa de Papel decía una frase que era 'empieza el matriarcado' o algo así", rememora Évole. Incluso hay camisetas con su rostro. También, tatuajes con la frase.

La Casa de Papel no es una serie feminista

"Sí, eso me da impresión, pero sí. Porque hay una parte de la serie que es bastante dark en ese sentido. Berlín, sus movidas con las mujeres...", dice sobre su argumento. A ella, no le parece que sea una serie especialmente feminista. "No lo es", insiste, aunque, como señala Jordi, sus afirmaciones no le sienten nada bien a Netflix.

"No lo es por mucho que mi personaje dijera eso y se convirtiera como en un icono. Los guionistas lo cogieron por ahí y de repente se dio lugar a un momento muy icónico que luego ha servido para reivindicar muchas luchas, por ejemplo la del aborto en Argentina, que fue una de las que más ilusión me hizo", explica. El personaje se había convertido en una bandera. "Si eso les servía, para mí perfecto, pero en origen, el contenido no era tan fuerte, consciente y nutritivo como luego el significado que le ha dado la gente", añade.

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