Infancia
Wyoming recuerda cómo vivió la depresión de su madre: "En aquella época existía el estigma de los locos"
Wyoming recuerda con Aimar Bretos cómo se enfrentó a la depresión de su madre en una época de fuerte estigma hacia la salud mental, relatando la dureza de los tratamientos psiquiátricos que "la dejaron tarumba" y la presión económica y familiar que rodeó aquella etapa: "Era un ser clandestino".
El Gran Wyoming repasa en La Noche de Aimar algunos de los episodios más íntimos de su infancia, marcada por la grave depresión que sufrió su madre en una época en la que la salud mental seguía rodeada de silencio y estigma.
Sobre su capacidad para hablar sin pausa y su rapidez mental, el presentador se define como un auténtico "verborreico" y parte de ello tiene que ver con su carácter desde niño: "Vengo de un mundo donde los niños eran libres. Recibían hostias, pero eran libres".
Wyoming reconoce también que, visto con los ojos de hoy, probablemente habría recibido algún diagnóstico. "Fui muy buen hijo porque no me veían el pelo. El tema es que yo no estaba diagnosticado de esta cosa que tengo; ahora lo llaman déficit de atención, hiperactividad...Todo eso soy yo. Puedo estar hablando 24 horas seguidas".
Además, Aimar Bretos le pregunta qué le marcó más en su infancia: la presencia de su padre o la ausencia emocional de su madre. "Las dos cosas", responde Wyoming. "La figura de la madre en la crianza es fundamental, sobre todo en el afecto físico. Mi padre no me daba abrazos, no estaba en nuestra naturaleza. Los roles estaban muy determinados entonces. El padre era el que llegaba con el sobre a casa y la madre se encargaba de la crianza".
El comunicador explica que su madre sufrió una depresión "muy fuerte" en una época en la que apenas se hablaba de salud mental y en la que las enfermedades psiquiátricas arrastraban un enorme estigma social. "¿Era protección a ella, a vosotros o vergüenza?", le pregunta Bretos, a lo que Wyoming responde: "Era todo". "Entonces existía el estigma de los locos. Alguien que está loco pierde automáticamente la consideración social".
Wyoming recuerda además la dureza de los tratamientos psiquiátricos de la época. "A mi madre le dieron muchos electroshocks, la 'cascaron' mucho. Ella lo contaba y lo pasaba mal. La dejaron medio tarumba".
A esa situación se sumaba, además, la presión económica familiar. Su madre era farmacéutica y la titular del negocio del que dependían gran parte de los ingresos de la familia. "Si incapacitaban a mi madre, perdíamos la farmacia. Se mezclaba todo: lo social y lo económico".
Pese a todo, Wyoming recuerda a su madre con enorme admiración y cariño. "Mi madre era un ser extraordinario. Una madre nunca deja de serlo. Yo sabía de su bondad, pero al mismo tiempo era casi un ser clandestino".