Al volante

Una mujer taxista, sobre sus experiencias más surrealistas al volante: "He visto amoríos indebidos, de tener que pedir que esperen a llegar"

Laura Gallego, mujer taxista en Madrid, desvela en La Noche de Aimar algunas de las situaciones más incómodas que ha tenido que presenciar mientras conducía.

A Laura Gallego, una taxista que trabaja en Madrid, le han pedido, como en las películas, que siga a un coche, en numerosas ocasiones. La mayoría de las veces -asegura en La Noche de Aimar en el que está siendo entrevistada por Aimar Bretos, Thais Villas, Elvira Lindo y David Vico- lo hacen más por la broma y la única intención de quien se lo pide es no separarse del grupo que tiene que irse en otro vehículo.

Pero sí que ha tenido que llevar a un marido que sospechaba que su mujer, que iba en el coche de delante, lo estaba engañando. "Un señor iba siguiendo a su esposa. Le dije que fuera tranquilo porque me iba a poner a mí nerviosa. Me dijo: 'usted se puede imaginar'", cuenta en el programa de laSexta. Ella no quiso saber más detalles, aunque sí sus entrevistadores.

La conductora afirma que ha presenciado más "amoríos indebidos" que "rupturas" en los asientos traseros. "A algunos les he tenido que pedir que por favor esperasen a llegar a su destino", cuenta refiriéndose a quienes están dispuestos a "llegar a mayores", como dice Elvira Lindo, en el taxi. "¿Se calientan mucho?", pregunta Aimar. "Sí", responde ella, para después responder a Thais Villas que prefiere no mirar al retrovisor en estos casos.

Hace muchos años que Laura solo hace el turno de día y evita el de noche, a pesar de que muchas compañeras dicen que se conduce mejor. Pero "la nocturnidad atrae muchas cosas que durante el día no pasan". También toma sus medidas de seguridad con direcciones vetadas por ser demasiado conflictivas.

En su taxi se han llegado a montar personas con unas borracheras importantes y en el coche han llegado a perder la dignidad o incluso, los pantalones. Algunos han llegado a vomitar y a fastidiarle la jornada laboral.

Laura desvela el truco de los taxistas para saber si los pasajeros están ebrios: "No paramos justo donde está, sino unos metros más allá para ver cómo andan". "A veces he acelerado y me he ido", reconoce.

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