La cata: Club Social Navahonda

Chicote prueba las patatas bravas del CS Navahonda: "Ojalá la receta sea secreta y no se la cuenten a nadie"

El chef se desplaza hasta Navahondilla, en Ávila, para intentar reflotar un restaurante al borde del colapso, pero la primera cata del menú no empieza con buen pie.

Pesadilla en la cocina viaja hasta Navahondilla, un pequeño pueblo de Ávila, para conocer el Club Social Navahonda, un restaurante situado en una zona de urbanizaciones donde la tranquilidad del entorno contrasta con la situación que atraviesa su propietaria.

Pilar, dueña y cocinera del establecimiento, está desesperada porque el negocio no consigue salir adelante. Junto a ella trabajan Piluqui, cocinera; Melisa, ayudante de cocina que en su país ejercía como auxiliar de enfermería; y los camareros Jony y Víctor, un equipo de hostelería que cuenta con poca experiencia.

A las dificultades del restaurante se suma otro problema: la luz se va en los peores momentos durante el servicio. Para Pilar, la llegada de Alberto Chicote supone su última oportunidad para intentar sacar adelante el negocio.

Un restaurante que no convence a Chicote

Nada más llegar, el chef se fija en el entorno. El paraje le parece espectacular, pero la llamada zona de 'chill out' del restaurante no termina de convencerle. "Lo que menos me apetece es sentarme ahí", reconoce.

"Llámalo terraza, llámalo descampado", apunta Chicote, que tampoco mejora su impresión al entrar en el restaurante: "Parece un almacén de sillas y mesas".

A la hora de sentarse, el chef tampoco encuentra demasiado donde elegir. "Me siento donde me digas, son todas igual de horrorosas", sentencia antes de comenzar con la cata del menú.

La cata del chef

Croquetas, cachopo, soldaditos de pollo y patatas bravas son algunos de los platos que Chicote prueba. Estas últimas son, según explican en el restaurante, uno de los platos que "más les piden gracias a su salsa casera".

Pero la reacción del chef al probarlas no es precisamente la esperada. "Ojalá la receta sea secreta y no se la cuenten a nadie", comenta Chicote después de probar el que está considerado uno de los platos estrella del restaurante.

Y las bravas no son el único problema, los soldaditos de pollo, directamente, "no se pueden comer" y las croqueta son "bombas de guerra". "¡Me cago en la puta! Saben a harina cruda y rebotan", exclama el chef.

Sin embargo, no todo está perdido. Para sorpresa de todos, hay un plato que sí consigue pasar el examen: el cachopo.

*Puedes volver a ver el episodio de Pesadilla en la cocina: Club Social Navahonda en atresplayer. com

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