Marchar de la tierra
"Era una ciudad a la que preferías añorar que padecer": Miguel Ríos, sobre por qué tuvo que abandonar Granada para perseguir su sueño
Miguel Ríos recuerda en Salvados las limitaciones culturales de la Granada franquista, su llegada a Madrid como joven de provincias y la convicción de que debía alejarse de su tierra para dedicarse profesionalmente al rock.
Miguel Ríos tuvo que abandonar Granada para encontrar el espacio en el que desarrollar su vocación musical. El cantante recuerda en Salvados que su ciudad natal, durante los años del franquismo, ofrecía pocas oportunidades para quienes buscaban una vida alejada de los modelos culturales establecidos.
"Granada era un sitio bastante hostil para la modernidad", explica a Gonzo. El músico no reniega de su origen, pero reconoce que la distancia fue necesaria para poder construir la carrera que deseaba. "Era una ciudad que preferías añorar que padecer", resume sobre aquella etapa.
Miguel se marchó siendo todavía muy joven, con 16 o 17 años, convencido de que la música podía abrirle un camino propio. No tenía una formación académica extensa ni procedía de una familia acomodada. Había comenzado a trabajar a los 14 años y sabía que, si quería dedicarse al rock and roll, debía buscar oportunidades fuera de su entorno.
Madrid fue el escenario de esa transformación, aunque la llegada a la capital también implicó enfrentarse a sus propias inseguridades. El cantante recuerda que la ciudad se le hizo grande y que se sintió un muchacho de provincias. "Un catetillo, era un catetillo", reconoce con humor.
Sin embargo, aquella sensación de desubicación nunca llegó a convertirse en una renuncia. Miguel confiaba en que su situación sería transitoria y en que su capacidad para cantar le permitiría avanzar. "Creía en mí y en la oportunidad que daba que yo, cuando cantaba, gustaba", explica.
El camino tampoco fue una sucesión de éxitos inmediatos. El artista tuvo que asumir las condiciones de una industria musical que no siempre comprendía el potencial del rock. Cuando llegó a Madrid, recuerda, desde su compañía discográfica le dijeron que aquel género había muerto. Su reacción fue la de alguien que todavía no había tenido oportunidad de empezar: "¿Cómo va a haber muerto si yo no he empezado todavía?", se preguntaba momentos antes en la entrevista.
Aunque considera que tuvo que pagar muchos "peajes" para llegar a la cima, admite que tampoco había otra alternativa: "O lo tomas o lo dejas". "Cuando te dan 10.000 pesetas por tocar, del año 63... el giro de mi madre estaba completado, la pensión estaba pagada...", cuenta. Lo importante era la tranquilidad.