Salvados: el encuentro
Garrido, hijo y hermano de una familia asesinada por ETA, sobre por qué abandonó una asociación de víctimas del terrorismo: "La vi politizada"
Fernando perteneció a una asociación de víctimas, pero después, la abandonó, cuenta en Salvados. "No quiero herir sensibilidades, muestro mi máximo respeto. Me salí porque la vi politizada, utilizada por la derecha, que usaba las manifestaciones. Cuando vi eso, me salí".
A finales de la primera década de los 2000, ETA atravesaba una etapa de debilitamiento y empezaba a extenderse la idea de que la organización podía poner fin a su actividad. Fernando Garrido, hijo y hermano de una familia asesinada por ETA en 1986, recuerda aquellos años desde el optimismo con el que recibió la decisión de la banda de abandonar las armas. "Hay veces que intentan decir que se llegó a un acuerdo, pero a ETA se la derrotó", afirma en Salvados.
Garrido también ha explicado en el programa por qué decidió abandonar una asociación de víctimas del terrorismo a la que pertenecía. "No quiero herir sensibilidades, muestro mi máximo respeto. La mayoría de mis hermanos siguen en la asociación, pero yo me salí porque la vi politizada, es un poco el resumen. Estaba utilizada por la derecha, que usaba las manifestaciones. Cuando vi eso, me salí", señala.
Su posición le llevó también a rechazar otros intentos de instrumentalización de su figura. "Cuando ETA dejó las armas, el mundo abertzale intentó utilizar mi imagen y también me negué", explica. Para Garrido, el tratamiento de las víctimas y de las consecuencias del terrorismo debía mantenerse alejado de la disputa política: "Todo esto tiene que estar lo menos politizado posible".
Precisamente, esa posición le llevó a participar en distintas experiencias de convivencia cuando ETA ya había dejado de desarrollar su actividad. El programa muestra imágenes de archivo de encuentros entre víctimas de ETA y de los GAL celebrados durante años en una localidad irlandesa. En ellos, los participantes reclamaban una mirada autocrítica sobre el pasado y el reconocimiento del daño causado a quienes habían sufrido la violencia.
El Gobierno vasco pidió a Garrido que participara en uno de esos programas, en el que víctimas de ETA convivieron durante varios días con personas a las que él denomina "víctimas del otro lado", aunque matiza: "esta expresión no me gusta mucho, pero para que entienda la gente". Entre ellas había incluso hermanas de miembros de ETA que habían muerto a manos de la Policía.
La experiencia le permitió conocer de cerca el dolor de esas personas. "Son personas que han perdido un ser querido. Punto", resume Garrido, que considera que su participación pudo estar relacionada con su "pensamiento más abierto sobre estos temas".
El proceso, explica, le situó ante dos formas de afrontar la situación de quienes habían formado parte de ETA. "Hay dos formas de pensar: una; machacarles y que sufran igual que nos han hecho sufrir a nosotros, posiblemente la forma mayoritaria en el colectivo, y otra -yo no digo que se le suelte a todo el mundo y aquí no ha pasado nada. No, que cumplan con su condena- pero después de eso, habrá que intentar reinsertar, hacer algo para que ayudar a la convivencia en País Vasco, Navarra o donde sea".
Garrido insiste en que esa postura no implica cuestionar el cumplimiento de las condenas. "No digo que suelten a los etarras sin más, pero, cuando cumplan su condena, hay que hacer algo para ayudar a la convivencia", sostiene.
Para él, aquellos encuentros fueron difíciles, pero también tuvieron un efecto transformador. "Fue una gran superación", recuerda.
La experiencia adquiere una dimensión especial en 'El encuentro', el capítulo de Salvados que aborda las heridas que permanecen abiertas años después del final de ETA. El programa reúne en un mismo espacio a Fernando Garrido y Josemi Latasa, uno de los ejecutores del atentado en el que fueron asesinados los padres y un hermano de Garrido en 1986.
Latasa pasó por prisión y, años después, fue uno de los primeros miembros de ETA en abandonar la organización, además de criticar sus métodos y pedir perdón a las víctimas. En ese proceso, escribió una carta a Garrido que terminó abriendo la posibilidad de que ambos pudieran encontrarse.
Con el equipo de Salvados como facilitador, víctima y terrorista comparten sus experiencias y las consecuencias que el terrorismo ha tenido en sus respectivas vidas. El programa aborda así el encuentro desde las dos posiciones, sin desligarlo del recorrido previo de ambos y de las decisiones que han tomado después de la violencia que marcó sus vidas.