En Salvados

Urías critica duramente el sistema de elección "a dedo" de los jueces del Supremo: "No son los que tienen más méritos ni los que más saben"

Urías cuestiona en Salvados cómo se elige a los magistrados del Tribunal Supremo y critica los criterios de selección en la cúpula judicial. Analiza además la situación de Acayro, el juez que ha sido inhabilitado durante diez años.

El caso del juez Luis Acayro Sánchez, condenado a diez años de inhabilitación, sirve al catedrático de Derecho Constitucional Joaquín Urías para cuestionar el funcionamiento de la cúpula judicial española y, en particular, el sistema de nombramiento de los magistrados del Tribunal Supremo. En Salvados, el experto no ha dudado en señalar que lo que ha ocurrido en este caso es "inquietante".

Urías ha explicado durante el programa que las circunstancias conocidas le llevan a preguntarse si la condena pudo estar relacionada con las investigaciones de corrupción que Acayro dirigió en Castro Urdiales o con el enfrentamiento que mantuvo con "uno de los jueces más poderosos de Santander". "Es inquietante porque uno, cuando más datos lee y conoce, más se queda con la duda de qué hay detrás", resume.

"El asunto de Acayro llama la atención, pero yo lo llamaría más bien un asunto ejemplar en el sentido de que muestra cómo funciona el Tribunal Supremo", afirma.

El catedrático considera que el Supremo puede adoptar decisiones que resultarían inaceptables si las tomara un juzgado de instancia. "Como nadie me va a corregir, yo puedo decir lo que quiera porque nadie me va a corregir", resume de manera crítica.

Su análisis se centra también en el modo en que se accede al Tribunal Supremo. El jurista aclara que sus magistrados no llegan al cargo mediante una oposición que permita ascender de manera automática a lo largo de la carrera judicial. "Los jueces están elegidos a dedo, directamente, a dedo por un órgano elegido por los partidos políticos", afirma.

Urías sostiene que los aspirantes deben desarrollar "relaciones en Madrid" y tratar de ""convencer a quienes intervienen en el proceso de nombramiento. Su conclusión es contundente: "Entonces, los jueces del Tribunal Supremo no son ni los más antiguos, ni los que tienen más méritos, ni los que lo han hecho mejor, ni los que más saben".

El propio Acayro comparte parte de esa crítica y asegura que ha llegado a la conclusión de que, para acceder a determinados cargos judiciales, resulta importante contar con apoyos. "Tienes que tener padrino y buenas relaciones con los partidos", afirma. "Y, posiblemente, ahí está el origen de todos los males del Poder Judicial", sostiene.

"El problema no es la cantidad de poder que tienen los jueces, el problema es cómo utilizan ese poder", matiza Urías. "Cuando a mí se me da un poder absoluto sobre la vida de los demás, que tengo que utilizarlo aplicando la ley, estoy obligado a aplicarlo con neutralidad y aplicar la ley, no aplicar mi manera de entender el mundo", recalca.

"Los jueces españoles no saben ser imparciales, no saben dejar fuera de la sala, su manera de pensar, su ideología, su sesgo político", sentencia el catedrático. "Cada vez que un juez interviene políticamente, cada vez que un juez condena al Fiscal General del Estado y los demás salen en redes sociales aplaudiendo, insultando al presidente del Gobierno, cada vez que un juez sale en las redes sociales insultando a las mujeres feministas... que la sociedad tenga la percepción de que no son imparciales se lo han ganado a pulso", añade.

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