Se fugó de varios centros

Paca Blanco recuerda cómo fue su primera fuga del Patronato franquista: "Aproveché la visita de la fundadora para escaparme"

La superviviente estuvo en varios centros del Patronato de la Protección de la Mujer. En una ocasión, consiguió convencer a veinte internas para que huyeran junto a ella.

Francisca Blanco Díaz, o ‘Paca la Brava’, es una de las supervivientes del Patronato de Protección a la Mujer. Paca fue un auténtico vendaval desde muy joven. "Mi padre era rojo había estado en un campo de concentración, le habían conmutado la pena de muerte", cuenta. Ella, como señala, tenía sus ideas políticas "muy bien forjadas".

Pero cuando el padre de Paca falleció, fueron las propias mujeres de su familia las que hicieron que ingresara en el primer Patronato. "Tenía 16 o 17 años y me habían prohibido ir a las fiestas del barrio", recuerda. Cuando su madre se quedó dormida fue y volvió a las tres de la mañana. "Ya me estaban esperando un coche con familiares que me llevaron a Collado Villalba", expone.

Paca señala que su madre y sus tías fueron engañadas, ya que les contaron que ella iba a salir del centro con una formación y que iban a hacer de ella "una mujer como dios manda". "Lo que estaban haciendo conmigo es explotarme, castigarme, pegarme y maltratarme", añade.

Blanco pasó por distintas sedes del Patronato, pero escapó de la mayoría de ellas. La primera vez logró huir porque en una visita de la fundadora la empujó para poder marcharse. "Para mí era una momia que estaba entre mi libertad y la puerta", expone.

Su error fue volver a su casa, ya que sus familiares llamaron a la policía del Patronato que fueron a recogerla. Entonces la metieron en una celda. "Llegué a sentir que de ahí no salía", recuerda.

Para su siguiente huida consiguió convencer a una veintena de chicas. En esa ocasión, aprendiendo de su error, no volvió a casa. Llegó hasta Torremolinos donde consiguió trabajo como bailarina en la discoteca Tifanys. Estuvo allí varios meses, pero una redada la devolvió al Patronato.

Blanco recuerda que su siguiente huida fue "como en las películas". Convenció a otra compañera para huir con ella y ambas se descolgaron desde un tercer piso atando varias sábanas. "Nos fuimos en un camión para Madrid", explica, "el camionero intentando meternos mano y yo le decía a mí amiga 'aguanta un poco hasta que salgamos de aquí'".

"La propia fuga era una aventura terrible", expone Guillermo Rendueles. En muchas ocasiones los hombres que las recogían abusaban de ellas y, después de dejarlas en una gasolinera, avisaba a la Guardia Civil. "Volvían con la Guardia Civil, algunas con alguna enfermedad sexual o con ladillas", añade el psiquiatra del Manicomio de Ciempozuelos en los años 70, "era un ciclo terrorífico".

En su última fuga Paca no volvió con una enfermedad de transmisión sexual, sino embarazada de un chico que la ayudó a esconderse durante un tiempo. "Me fui a ver a un medio novio que tenía en el barrio que estaba haciendo la mili en Alcalá de Henares", explica, "y nos acostamos". En esa ocasión la mandaron a Peña Grande, la sede del Patronato destinada a las jóvenes que estaban embarazadas.

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